Reinas… cuando los fuegos y el hechizo se apagaron

Finalizó la Vendimia, la ciudad se muestra ajena a los rostros de las jóvenes que empapelaron las calles en su procesión a la corona. Dan ganas de rebobinar por última vez para desentrañar este acto dentro del gran Acto y el papel de las señoritas que mantuvieron condimentada la escena con igual dosis de polémica que de belleza provocando efervescencia en los medios.

La coronación de la reina nació entre las fiestas populares de las fincas, tras finalizar la cosecha de la vid, al compás de la cueca y la tonada, se elegía a la más buena moza de entre las cosechadoras y se la ensalzaba con uvas y hojas de parra. Luego, en 1913, José Trianes Díaz propuso el primer desfile de carrozas escoltado por cien vendimiadores a pie. Finalmente en 1936, bajo el mandato de Guillermo Cano, se institucionalizó la Vendimia como fiesta.

Elvira Búccolo, licenciada y profesora en Historia; directora del Archivo Gral. de la Provincia, detalla que, en los “Considerandos” del Decreto 87 (Marzo de 1936), podía leerse textualmente: “música y canto constituyen el medio seguro de penetrar en las raíces del alma popular”; “la fiesta debe contribuir a acrecentar la corriente de turismo con evidente beneficio para el fomento del consumo de uva, vino y otros productos regionales”. De esta manera quedaba establecido el objetivo de la celebración, nacía oficialmente la fiesta; no obstante, nada hacía referencia a la coronación de la reina que surge, una vez más, como hecho espontáneo y genuinamente popular. Aparentemente, la necesidad de tener una soberana, de ser representados y de poder vitorearla hasta el final de los actos, parece ubicarse en el costado de las expresiones que arrancan desde lo más sentido, familiar y propio del pueblo.

Desde Delia Larrive Escudero hasta hoy ha variado la ceremonia, el perfil de las soberanas, su papel y la lectura que de ello hacemos. Nos preguntamos qué fin persigue; se trata de un concurso de belleza o no; coinciden las soberanas con el gusto de los mendocinos; de qué depende la elección, y mucho más. A tratar de responder, llegan opiniones, sentires, e impresiones diversas nutriendo el tema de riqueza, de complejidad y, sobre todo, de debate.

Las reinas… ¿cómo cambió el parámetro en la elección? ¿Coinciden con el gusto de los mendocinos?

Si bien el parámetro de belleza de la reina ha ido variando sujeto a modas y épocas, también cambió el concepto que, durante buena parte de la historia de esta ceremonia, fue representar a la mujer mendocina. Ahora, ¿cómo se ha interpretado a la mujer y, sobre todo, a quienes vivimos en esta provincia a lo largo de las épocas?… es el interrogante… En aquellos años de primeras fiestas, eran merecedoras de una corona las jóvenes que cargaban el tacho al hombro, las soberanas del hogar, las reinas y señoras o, señoritas, de sus familias y de la vida diaria, retratadas como Susana Justel en 1939, planchando en su casa.

También en los comienzos reinaba una extrema juventud entre las soberanas, eran niñas disfrazadas de mujer, a quienes a partir de 1969, se les exigió tener más de 18 años porque se presentaban dificultades al momento de viajar.

Si bien los tiempos cambiaron y hoy las chicas de 18, ni las de 30 planchan, la concepción original de la representante del pueblo quedó olvidada en alguna vieja parra, muy débil para seguir dando frutos.

La actualidad señala en la mayoría, aunque no en todas las jóvenes que se postulan, la misma representación que hacen las revistas, jugar a ser modelo, vedette o artista y más aún, fantasear con ser “su majestad” aunque sea por tiempo determinado. Para Fabián Sevilla periodista y escritor, quien junto a su hermano Ariel han realizado un exhaustivo estudio de la Fiesta y su tradición, “entre la elección distrital y la fiesta en el Frank Romero Day, las chicas de hoy pasan por una transformación en su apariencia que se asemeja a un verdadero tunning. En la carrera por ganar la corona, las comunas apuestas mucho a lo estético y cuando la Provincia se hace cargo de ellas les pone a sus pies peluqueros, maquilladores y diseñadores. De todas formas en nada una reina de la Vendimia se parece a una modelo. Opina Sevilla quien también agrega que, “no se presentan las chicas más lindas, es más, son tantas las dudas que hay sobre cómo se define una elección que muchos departamentos tienen dificultades para “enrolar” aspirantes. De todas formas aunque una reina departamental tal vez no alcance a cubrir lo que demanda ser Reina Nacional, cuando las conocés personalmente, posibilidad que me da mi tarea como periodista, querés que todas sean soberanas”.

Concurso de sensualidad

Para Patricia Rodón, escritora y periodista, sí se trata de un concurso de belleza. “Lo notás en cómo ha ido evolucionando la imagen de las chicas en la cartelería y vía pública. Hoy además, las reinas compiten en sensualidad. Se podría decir que, desde aquellas fotos antiguas que las retrataban con sus tocados de uvas como verdaderas ninfas griegas, la búsqueda de la belleza por la competencia ha llegado al histerismo total, en donde una ex soberana se exhibe mínimamente tapada con hojas de parra y genera gran revuelo”. Comenta la escritora en alusión a la producción de fotos que realizó Gisela Gaviola, reina de Las Heras y modelo, en 2003. Merece contarse que este diálogo con Patricia Rodón se realizó días antes de que fueran públicamente exhibidos los videos hot de la soberana de Las Heras, lo cual desató nuevamente la polémica acerca de cómo deben exhibirse las candidatas y, si es que debe existir algún reglamento al respecto. Viene al caso reproducir lo que menciona textualmente el único reglamento desarrollado para las reinas que, nunca se les ha dado a firmar. Dice que “las soberanas tienen que observar buenas costumbres”.

A reinar bajo reglamentación

Hay muchos aspectos que deberían estar contenidos en un marco legal. Es necesario retomar el planteo de ciertos temas y agiornarlos a los tiempos actuales. Consultada sobre este tema, la profesora Búccolo aclara que “no hay un reglamento oficial, se sabe de hecho pero no de derecho”. Así no solo se han presentado interrogantes sobre la manera de exhibirse de las candidatas, ha habido otro tipo de situaciones como el caso de la candidata de distrito sordo muda; o el de la soberana departamental que no tomaba vino por ser testigo de Jehová. No se sabe cómo se debe proceder al respecto”, comenta Búccolo. Solo está establecido que las candidatas y reinas deben ser solteras sin hijos.

Respetando esta condición, Nora Stocco, reina nacional de la vendimia de 1984, perteneciente al departamento de Tunuyán, debió abdicar para casarse durante su mandato y fue reemplazada por Mónica Tous, virreina y representante de Tupungato. Anecdóticamente Tous debió oficiar de reina por dos años seguidos ya que, en 1985, su mandato continuó al suspenderse la fiesta y la elección por el terremoto que sacudió a Mendoza.

Otras soberanas debieron dejar sus reinados departamentales por embarazo, como la representante de La Paz 2009, quien no quería renunciar y debió hacerlo. Hay que destacar que CO.RE.NA.VE, asociación formada e integrada por varias reinas de mandato cumplido, es una de las entidades promotoras y está elaborando un reglamento para las postulantes al cetro.

Belleza…. buen justificativo para una elección política

A comienzos de febrero, Mundo Clubhouse.com lanzó una encuesta para conocer cómo opina la gente al respecto de la elección. Entre las opiniones de un total de 387 votos, la mitad se inclinó por la idea de que las soberanas son elegidas por el poder de turno, seguidamente, un 39,3% opinó que no se presentan las chicas más lindas. Finalmente sólo el 8% señaló que la reina representa a la mujer mendocina, mientras que el resto no opinó por no tener una opinión formada sobre el tema. Estos números confirman que la mayoría reconoce que no es solo belleza y carisma lo que catapulta a las postulantes al cetro, sino mucho lobby desde los municipios. Sin embargo, debe reconocerse que ha habido muchas representantes del pueblo mendocino con verdadero carisma que, en su momento, fueron las favoritas del público.
Una de ellas es Marcela Gaua, reina nacional de 1988, quien además fue diputada provincial y actualmente está a cargo del Área de Protocolo de la Gobernación de Mendoza.

“Mi lectura es la misma desde que fui elegida”, comenta Gaua, la reina es una embajadora natural con la tarea de promocionar Mendoza en el país y el mundo. A pesar que, a veces y en contados casos, exista la polémica sobre la forma en que se realiza la elección, hay muchos factores que se ponen en juego como la desenvoltura de las candidatas frente al público, su social, la campaña que cada una realiza para captar la atención de la gente y el voto del jurado, al menos eso es lo que a mi particularmente me sucedió”.

Respaldado desde el aspecto histórico de la tradición, Fabián Sevilla apunta que “nunca fue un mero concurso de belleza, ya desde los orígenes de la ceremonia, se partió de una concepción que refería a que “el trabajo no afea ni envejece”, por eso la idea de que algunas reinas fuesen vendimiadoras reales era utilizada como algo político. Pese a laburar en condiciones extremas y durante horas, seguían siendo dignas de ser elegidas reinas. Hoy prima tener un rostro para promoción turística. La belleza, es un

justificativo por si alguien pregunta, desgraciadamente la reina se elige por acuerdo. Eso me consta y me hago responsable de lo que digo”, señala categóricamente el periodista.

Por su lado, Patricia Rodón sostiene que la fiesta está encorsetada en lineamientos y temas de los que no se puede salir, “no digo que esté ni bien ni mal, sólo, es así. De la misma manera, la elección de la reina persigue un objetivo político, la soberana se constituye en la cara visible de una maraña de intereses complejos entre el gobierno provincial y los departamentos. Ejemplo es lo que ocurrió el año pasado con la reina electa quien fue tibiamente aplaudida por el público. Este año seguramente se coronará al departamento más K de la provincia”. Responde rotunda Rodón.

Votación… cerca o lejos de popularizarse

En los comienzos, las reinas eran proclamadas, es decir, un jurado de notables decidía quién iba a ser la soberana. Durante los años 40 se inauguró la votación pero siempre quienes han participado en este acto han sido ilustres o funcionarios lo cual se mantiene hasta hoy.

“No existe mayoría absoluta de un sólo sector sino que se distribuye entre autoridades provinciales y nacionales, cuerpo diplomático, reinas de mandato cumplido, municipios y público y, generalmente, el resultado coincide con el sentir de la gente. Creo que cuando salí reina esta coincidencia existió, y año tras año el fenómeno se repite”, comenta Gaua.

En la elección central de 250 sufragios, sólo el 10% le corresponde al público que comenzó a participar de la elección en 2004 con la coronación de Dana Cecilia Otero, representante de Rivadavia. Posteriormente con escasísimos votos, se incorporó al periodismo a la elección.

Para Fabián Sevilla, “el margen de votos que no está en manos de los funcionarios es muy chico, pero popularizar la elección es algo que aún no parece importarle en serio al Gobierno y aún así, definir el sistema sería algo que habría que pensar muy bien”.

¿Qué queda tras la coronación?

“A lo largo de la historia la reina ha ido ganando espacios. Inicialmente, una vez transcurrida la noche de coronación, no se le daba mayor importancia. Hoy, en cambio, los medios están atentos a ella durante todo el año y aún después de traspasar el mandato. Las fiestas pasan y se olvidan, lo que no se olvida es el rostro o la personalidad de las soberanas de cada año”. Opina Fabián Sevilla.

“Hay un componente psicológico que tiene que ver con el imaginario de los cuentos de princesa. Se especula mucho con la fantasía femenina que, además, responde a mandatos familiares. Gran cantidad de chicas se presentan por ese mandato materno, porque quieren tener una corona y quieren vivir la fantasía de ser “su majestad”, pero el hechizo se apaga y el paso de la mayoría de las jóvenes por la vendimia es efímero, señala Patricia Rodón.

Sin embargo para ellas, es una gran experiencia de vida que las acompaña y de la que algunas han sabido sacar provecho. Josefina Di Pietro, Reina Nacional de 1946 Directora de CO.RE.NA.VE, madre y abuela de tres niñas propone consultarle a la gente qué le queda tras la celebración, “después de la fiesta andá a la calle San Martín y preguntale a la gente si recuerda al director de la fiesta, a algún actor, al guionista… luego preguntale si se acuerda de las reinas…”

Candidatas y reinas… como las Spice Girls

A pesar de que muchos las vean como muñecas de una torta de la que la tranza política se sirve la mejor tajada; queridas o discutidas, cada una constituye el encanto femenino de una celebración que se enfervoriza ante su paso, complaciendo la fantasía colectiva, al ser la chica vecina, la de mi Departamento, a quien conozco y acompaño a la corona, casi con devoción. Fabián Sevilla advierte sobre el curioso efecto que ellas causan. “Los mayores son más honestos al momento de aceptar que les fascinan las reinas; los jóvenes no, pero todas las chicas quisieran ser reinas y a los varones, les encanta verlas de cerca. Ellas generan lo que llamo “efecto Spice Girls”: a nadie le gustaban, pero vendieron millones de discos”.



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