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Ardiles: “Durante la guerra, yo tenía la mente destruida”

Vio enfrentados a los dos países entre los que transcurría su vida. Era un argentino jugando al fútbol en Inglaterra. Le mataron a un primo en combate.



Casi un año de ejercicio de memoria le llevó deconstruir su vida y moldearla en las 320 páginas de Ossie’s Dream , la autobiografía que presentó en agosto del año pasado. Allí, algunas de las páginas más lúcidas están dedicadas a ese tobogán que experimentó a partir del 2 de abril de 1982 y que lo llevó del Olimpo deportivo a “la peor etapa de mi vida”, como la define hoy Osvaldo Ardiles, a 29 años del inicio de una guerra que lo encontró en una posición demasiado incómoda.

“Fueron meses dificilísimos, porque el conflicto puso frente a frente a los dos países que amaba, el que me había visto nacer y el que me había adoptado”, recuerda el cordobés desde Londres. La guerra lo abofeteó por varios flancos y uno de los golpes más intensos impactó en el seno de su familia: su primo segundo, el teniente José Leónidas Ardiles, de 27 años, murió en combate el 1 de mayo, cuando su avión Dagger C-433 fue derribado por un Sea Harrier de la aviación británica. En ese momento, Ardiles estaba concentrado con la selección de César Luis Menotti, que se preparaba para el Mundial de España. “Me enteré dos o tres días después de que sucedió. Si bien no tenía demasiado contacto con él, me impactó muchísimo la noticia. Yo sentía la guerra como un hecho muy cercano desde el primer día y todas las muertes me dolían, pero esa tuvo un significado especial”, reconoce.

El otro gran cachetazo le llegó tras la frustración mundialista y el final de la guerra: arrasado anímicamente y empujado por el gobierno inglés, que le había negado la visa para volver al país, optó por alejarse un tiempo del Tottenham, el club en cual era ídolo, y buscar refugio en el París Saint Germain. Pero el remedio resultó peor que la enfermedad: “Esos meses la pasé muy mal, mi mente estaba destruida. Para colmo, se publicaron muchas mentiras en la prensa, tanto en la argentina como en la británica. Todo eso me trastocó e hizo que jugara el peor fútbol de mi vida”. Apenas seis meses duró la excursión: la noche del 31 de diciembre de 1982 brindó en Londres y al día siguiente volvió a calzarse la camiseta de los Spurs, con la que brilló hasta 1988.

El paso del tiempo, que le ayudó a reencauzar su vida, también le permite analizar con un foco diferente lo sucedido en Malvinas. Doce días después del desembarco argentino en Puerto Stanley, en una entrevista publicada en la revista Siete Días , había calificado como “bárbara, muy buena” la decisión de recuperar militarmente las islas. Casi tres décadas después, la mirada es distinta: “En ese momento tenía una óptica bastante idealista, hoy pienso muy distinto sobre muchos temas. La guerra fue una locura, producto de una pésima evaluación del gobierno argentino. En retrospectiva, me da mucha bronca cómo se usó a tantos chicos como carne de cañón”.

Para Ardiles, la pesadilla que representó la guerra, de la que Argentina todavía no termina de despertar, ya no es más que un borroso recuerdo en Gran Bretaña: “Esta es una sociedad muy acostumbrada a los conflictos armados. Hoy es Libia, hace unos años fueron Irak y Afganistán. Acá, Malvinas es un capítulo cerrado, casi no se habla del tema y en estos días nada se ha publicado ni se publicará en los diarios. En cambio, en Argentina las heridas no cicatrizaron porque el trato que se le dio a los veteranos fue vergonzoso. En ese sentido, el gobierno actual ha dado pasos importantes para tratar de subsanar ese problema”.

Nota de Luciano González para www.clarín.com

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20 de agosto de 2017 | 11:57
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