Cuando Andy Warhol volvió a Nueva York

En vida revolucionó la escena de Nueva York y reunió a un excéntrico y brillante círculo de músicos, poetas, artistas, drags y periodistas a su alrededor. Una nueva estatua del icono del pop art celebra su legado cultural y artístico en el barrio y la ciudad que contribuyó a definir.

En vida revolucionó la escena de Nueva York y reunió a un excéntrico y brillante círculo de músicos, poetas, artistas, drags, y periodistas a su alrededor, gente como Edie Segwick, Lou Reed, Candy, Viva, Allen Ginsberg, Leo Castelli o Paul Morrisey, entre muchos otros. Ahora, al cumplirse 25 años de su muerte, el icono del arte pop, Andy Warhol, se ha unido a un heterogéneo grupo -quizá mucho más variopinto de cuantos frecuentó en vida- integrado por Mahatma Gandhi, Abraham Lincoln y el Marqués Lafayette. Todos ellos cuentan con estatuas en una de las plazas con más historia de la ciudad: Union Square. Y desde esta semana Andy vuelve a ser el "new kid on the block".

El pasado miércoles noche unas doscientas personas aguardaban en la esquina este de Broadway con la calle 17 la presentación del Andy Monument. Entre el público había variopintos modelos de gafas y algún look excéntrico, también paseantes despistados que se toparon con el acto por sorpresa. En la mejor tradición warholiana, hubo empujones y muchos falshes cuando se descubrió la escultura cromada montada sobre un pedestal de cemento que muestra al artista vestido con sus características gafas, vaqueros y blazer, una cámara polaroid colgada del cuello y una bolsa de Bloomingdale's. La obra, realizada por el artista Rob Pruitt, es una de las tres piezas artísticas patrocinadas por Public Art Fund, la misma organización, dedicada al arte en espacios públicos, que hace unos años comisionó las cataratas de Eliasson en el East River.

El nuevo monumento permanecerá expuesto hasta el 2 de octubre en esta esquina, apenas a unos metros de distancia una de las Factory que el artista montó en los ochenta y cuyo local comercial lo ocupa hoy una tienda de comida para animales. "Esta es la otra Estatua de la Libertad da la bienvenida a desheredados, drogadictos, artistas y poetas", afirmó Pruitt que trajo desde casa varias latas de sopa Campbell y detergente Brillo para adornar in situ su pieza. El escultor, que creció con un póster del mítico cuadro de las sopa de tomate sobre el sofá de su casa familiar, explicó que Warhol fue la razón por la que se trasladó a Nueva York a los 17 años, decidido a convertirse en artista. Ahora aspira a que su pieza se convierta en un lugar de peregrinación para los jóvenes, como la tumba de Jim Morrison en el cementerio Pére Lachaise de París. Una aplicación gratuita para teléfonos ofrece una vista guiada.

Dice el crítico cultural Steve Watson en su libro Factory Made; Warhol and the Sixties que uno de los mejores trabajos de Warhol fue psicológico. "Logró crear un espacio físico y social donde la gente 'se interpretaba a sí misma'. Ellos decidían como querían presentarse ante la cámara o la grabadora; Andy Warhol les encuadraba y apretaba el botón", escribe. Lo mismo podría decirse de la ciudad que le rinde homenaje con el nuevo monumento reflectante, un espejo que muestra un nuevo ángulo de la escena en Nueva York.
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