Acerca de la cocina como una de las bellas artes

El chef más famoso del mundo anuncia que sale de vacaciones y provoca un debate público sobre la conveniencia de su decisión. La cocina ya no es un espacio para comformistas y marginales, sino para gente tan celebrada como los actores de cine o las estrellas de rock. ¿Cuánto durará esta obsesión por los cocineros?

I.

La escena es la siguiente: un congreso profesional al que se accede por invitación, por acreditación de prensa o pagando los cuatrocientos euros que dan derecho a la credencial de «congresista». Uno de los miembros más ilustres del gremio convoca una conferencia de prensa para la cual se encuentran –nos encontramos– acreditados unos doscientos periodistas y en la que comunica que en el 2012 dará un parón a su carrera profesional para reflexionar e investigar durante dos años, tras los cuales volverá y atenderá al público «de alguna forma». Entre otras cosas, la rueda de prensa busca zanjar los rumores acerca de su retiro: «Es verdad que pensé retirarme. Mi primera decisión fue dejarlo todo. Pero una persona me hizo ver algo: mi compromiso con mucha gente.

No quiero dejar en la estacada a mi equipo ni a la cocina española. Seguiremos trabajando. Nuestro reto sigue siendo la creatividad». La noticia, minutos después, se encuentra en la portada digital de los principales medios del mundo: El País, The New York Times, The Guardian, Le Monde, Die Welt o Il Corriere della Sera. De pie a mi lado, una periodista argentina que ha estado tomando notas y ha levantado la mano en dos ocasiones para interrogar al responsable de nuestra presencia en esa sala me pregunta: «¿Convocarías una rueda de prensa para anunciar que te tomas un par de años?» La respuesta es casi ridícula de puro obvia: «Yo no, pero yo no soy Ferran Adrià».

El congreso se llama Madrid Fusión y este año ha celebrado su octava edición. Madrid Fusión es una suerte de Disneylandia por tres días para el mundillo gastronómico. Los chefs más importantes del mundo pasan y han pasado por su escenario principal, cocinando o sencillamente hablando acerca de su trabajo y las últimas innovaciones en materia gastronómica, ante un auditorio rendido compuesto principalmente por estudiantes de cocina, profesionales del sector y prensa especializada. Una Disneylandia donde el trono de Mickey Mouse es ocupado por el chef del mítico restaurante elBulli, Ferran Adrià, principal artífice de la llamada «gastronomía molecular» o, como él prefiere, «la aplicación de la ciencia a la cocina». Adrià, por si alguien aún no lo sabe, es considerado el mejor cocinero del mundo y, en palabras de la escritora gastronómica Ruth Reichl, «el primer hombre en plantearse por qué seguíamos cocinando de la misma manera desde hace más de doscientos años».

Parece una broma de mal gusto, pero en un país con más de cuatro millones de desempleados (casi el diecinueve por ciento de la población económicamente activa), el anuncio de Adrià ha suscitado, entre muchos otros, un debate acerca de la conveniencia o inconveniencia de tomarse un sabático.

La pregunta, en consecuencia, se me hace inevitable: ¿cómo y en qué momento las declaraciones de un chef pasaron a ocupar la portada de los periódicos y a abrir los noticieros? ¿Qué es lo que busca la prensa y el público en las palabras de los miembros de este alguna vez modesto gremio? ¿Qué ha debido ocurrir para que la voz de los cocineros se eleve por encima del estruendo de sus cocinas y alcance resonancia en la plaza pública?

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6 de Diciembre de 2016|17:23
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