Maravillas gastronómicas preparadas a dúo

Una cena premium y absolutamente atrapante vivieron algunos invitados especiales en la bodega Ruca Malén. Es que Lucas Bustos, chef residente, invitó al prestigioso Hernán Griccini y juntos elaboraron un menú para recordar. En la nota, la galería de fotos y todos los pormenores.

Una imperdible reunión gastronómica vivieron algunos elegidos en Ruca Malén. Es que la bodega decidió agasajar a amigos, clientes e invitados especiales con un exquisito menú preparado por un chef invitado, Hernán Griccini, junto al residente, Lucas Bustos, y todo su equipo.

Aplaudido chef. Hernán Griccini sorprendió a todos con su juventud, y al mismo tiempo, vasta experiencia en el mundo de la cocina. El joven confesó que ama la gastronomía desde niño, y que incluso cuando estaba en el colegio secundario ya realizaba cursos, antes de comenzar formalmente los estudios para transformarse en el reconocido Chef que es en la actualidad.

Blanco y tinto para brindar por el éxito. Lucas Bustos y Hernán Griccini, los "magos" que sorprendieron a todos los comensales.

Charlando con MDZ Sociales, Hernán explicó el menú elegido: “lo que hicimos es mostrar la gastronomía que tenemos en el hotel Mansión Algodón en Buenos Aires –espacio en el que se desempeña como chef principal-. La idea es utilizar productos locales, pero con nuevas técnicas, dándoles una vuelta de tuerca. Una característica distintiva que a mi me interesa tener es la frescura: algunos elementos, como por ejemplo el maíz y la trucha, fuimos a buscarlos esta misma tarde, antes de ponernos a cocinar”.

“Mi idea al cocinar no es atiborrar los platos de muchos sabores, sino hacer que uno de ellos sea preponderante y los demás dancen en torno a él. Que lo ayuden a exaltarse, que lo complementen y no jueguen en contra. Por ejemplo: en el plato dominado por el queso brie, la naranja y la remolacha lo acompañan”, dice Hernán.   

Siete pasos que encantaron. Los diferentes momentos del menú, completamente atrapantes, fueron maridados con los mejores vinos de la casa anfitriona:

Bienvenida. Ensalada de trucha fresca, maíz, agrums y olivas negras; maridadas con Yauquén Chardonnay 2009.

Langostinos sauté, puré de arvejas, zucchinis y pomelos marinados.

Aperitivo. Langostinos sauté, puré de arvejas, zucchinis y pomelos marinados, junto a un Ruca Malén Chardonnay 2010.

Croqueta de berenjena ahumada, emulsión de limón y oliva frantoio; con Yauquén Cabernet Sauvignon 2009.

Entrada. Queso brie tibio, remolachas en sal y emulsión de naranjas tardías; junto a Ruca Malén Malbec 2008.

Principal. Bife de cordero asado emulsionado con coliflor y almendras y aire de cacao maridado con Kinien Cabernet Sauvignon 2007.

Bife de cordero asado emulsionado con coliflor y almendras, y aire de cacao.

Intermedio. Agua de manzanas perfumadas con albahaca morada.

Postre. Higos tibios, chocolate blanco, shortbread de almendras y crema de limón junto a Rica Malén Brut.

El personaje de la noche. Además de los dos chefs, que deslumbraron con sus creaciones, quien se “compró” a todos los invitados con su simpatía y cordialidad fue Jean Pierre Thibaud. El responsable de la bodega paseó por todas las mesas, charló con todos y estuvo atento a cada detalle. 

“Elegí el nombre Ruca Malén porque venía de trabajar diez años en Chandon, donde el protocolo dictaminaba que debíamos utilizar los nombres franceses que venían desde el viejo mundo. Francamente, estaba harto de esos nombres, porque eran impuestos. Además me sedujo la idea de utilizar denominaciones autóctonas”, explicó Jean Pierre.

“Por ejemplo, a la línea más joven, que está compuesta por vinos frescos, más ligeros, la llamamos Yauquén, que significa compartir una bebida. El vino premium, en cambio, es Kinien: el único”, comentó.

Laura Franciosi y Jean Pierre Thibaud, en plena charla.

Una historia atrapante. Al preguntarle a Jean Pierre el origen del nombre de la bodega, relató una hermosa leyenda indígena.

“Cuentan que las mujeres mapuches caminaban sin alzar la vista, por miedo a chocar con la mirada fulgurante de un dios muy joven y apuesto. Un día, una de ellas, la más audaz, lo miró. Un relámpago la avasalló, y cayó perdidamente enamorada. El dios, conmovido, la llevó consigo al pico que llegaba al cielo y de donde brotaba la luz, el Aconcagua. Él debía partir. Pero le ofreció una morada, Ruca Malén, "la casa de la joven". Y también una promesa eterna, un hechizo. Un néctar del que ella podría beber. Y viviría de nuevo toda la alegría de su mirada”. Así los mapuches explican el nacimiento del vino.

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