La crisis no impacta aún en nuestro país

El país conserva una situación sólida y con superávit, aunque la inflación sigue siendo un obstáculo y la manipulación de índices no aporta claridad para los inversores.

La crisis financiera que está viviendo el mundo, originada en los problemas de la sobrevaluación de las viviendas en EE.UU. y la excesiva exposición de los fondos con hipotecas de mala calidad, tiene repercusión en el mundo desarrollado y, colateralmente, está afectando a los países emergentes.

En el caso argentino, el efecto se está viendo reflejado en la caída profunda de la bolsa y en la baja de precio de los bonos, pero en realidad esto no es una crisis, sino un problema para algún número de inversores.

Por otra parte, los bonos cayeron más por la manipulación de los datos del INDEC que por esta crisis. Cuando comenzó a descreerse de los datos del índice de precios, el riesgo país de Argentina estaba en 150 puntos básicos, alineado con el de Brasil y Uruguay. Con la crisis financiera, el riesgo país ya estaba en 400 puntos y ha subido a 530. Este valor tiene más componente interno que externo.

De todos modos, los analistas consideran que para Argentina el precio de la soja es más importante que el riesgo país, ya que no tenemos crédito y con las commodities en precios récord, es mayor el ingreso para las arcas fiscales. Además. Hoy el país tiene superávit fiscal y comercial, algo que no ocurría hace muchos años.

La última crisis financiera de los Estados Unidos le costó cuatro años de recesión a la Argentina. En octubre de 1987, la bolsa estadounidense cayó 22% y puso en jaque el sistema económico mundial, en especial a los países en desarrollo. Las tasas de interés se duplicaron y el PIB argentino no volvió a crecer hasta 1991.

En aquella época, la situación local, coronada por la hiperinflación del ‘89, contribuyó a la debacle. Pero el temor que ocasionó el derrumbe de Wall Street fue el puntapié inicial que alteró el ciclo de una economía que en 1986 había logrado un crecimiento de 7%.

Como ahora, los factores que llevaron a la crisis fueron la sobrevaluación de activos y la falta de liquidez. Aquel año 1987 finalizó con caídas bursátiles de 45% en Hong Kong, de 41% en Australia, de 26% en Reino Unido y de 22% en Canadá.

Sin embargo, con la activa intervención de bancos centrales, Estados Unidos, Japón y Alemania, entre otras economías desarrolladas, apenas sufrieron una desaceleración del crecimiento. El refugio de los inversores en activos seguro fue la clave para que el impacto sea mayor en países en desarrollo. La Argentina quedó mal parada: dependía del ingreso de capitales externos para pagar la deuda heredada de los años de especulación y tipo de cambio administrado (tablita).

Veinte años más tarde, los países emergentes, entre ellos la Argentina, muestran buenos fundamentos macroeconómicos. Los últimos años se caracterizaron por el crecimiento económico en la región, inflación baja (en relación a los ‘80), superávit fiscal y comercial. En cambio la economía estadounidense muestra déficit fiscal y comercial, y es financiada por el resto del mundo.

Uno de los interrogantes principales responde a la capacidad de pago del país en 2008, cuando deba enfrentar necesidades de financiamiento por u$s 6.000 millones. Con menor flujo de dólares y sin crédito, habrá que buscarlos en el superávit comercial, y para ello tener el superávit fiscal necesario para comprarlos. Para poder conseguirlo, deberá bajar las expectativas inflacionarias y recrear las condiciones para quwe el crecimiento se asiente en la inversión.

El estado deberá hacer una reingeniería de sus cuentas para poder conseguirlo.
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20 de agosto de 2017 | 13:50
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