"Si esto no cambia, en 20 años nos quedaremos sin escuelas", dice Amalia Vergara

La autora de "El derrumbe de la escuela pública" dice que estamos bajo los escombros. Nos pusimos en circunstancia. Ella, la rescatista. ¿Qué pasa con lo que quedó debajo y cuándo se produjo ese "terremoto"?

Estamos bajo los escombros y no lo sabemos. Es como si la cosa hubiese sido más o menos así: un fuerte remezón sobre una tierra que ya se venía moviendo –mal- desde hace bastante. Fue fuerte, como un terremoto de esos que los mendocinos conocemos. Y se vino todo abajo. Abajo, precisamente de todo, estamos. Y arriba de los escombros, con el casco puesto y mangueando herramientas para el rescate, la rescatista.

Así nos imaginamos a Amalia Vergara, docente desde hace 35 años, catamarqueña de origen y mendocina por vocación de enseñar, además de tía de María Soledad Morales. Y la soñamos así mientras nos largamos sin frenos a esta charla, porque es la autora de un libro que se llamaEl derrumbe de la educación pública, recientemente presentado.

Amalia ha sido hija, madre, docente y directora. Vergara, ahora ya retirada de la función, es madre, abuela, docente y ex directora, pero además, se anima a poner en valor su experiencia a lo largo y a lo ancho de 343 páginas su libro, un hijo tardío, una sonda como la de Chile que busca rescatar –“restaurar” le llama ella- a la educación.

Con el polvo de la hecatombe en el aire, nos animamos a hablar de su tema, que es nuestro, de mis hijos, de mis padres y de todos: la educación. Y lo hicimos en tono de metáfora.

Una bocanada de oxígeno y arrancamos…

- ¿Esperó al derrumbe de la escuela para escribir el libro o supo anticiparse a los hechos, como se dice, previsora, y se puso a hacerlo cuando aun la estructura estaba en pie?

- En la escuela trabajamos para reparar la educación, para que los chicos estudien y los profesores fueran respetados y que profesores y padres cumplieran el lugar que tenían que cumplir. Todo eso que la escuela en los últimos tiempos ha ido perdiendo.

- Estamos sobre una pila de escombros. Imagínelo. Usted está con un casco y escucha ruidos debajo. ¿Qué hace Amalia? ¿Cómo se le anima a dar inicio al rescate de las víctimas?

- La experiencia mía en 35 años de trabajo la planteé como desafío durante mi gestión en la escuela Normal. Demostré que sí es posible que los pibes respetando y los padres participando recuperáramos una calidad que se fue perdiendo. ¿Qué se perdió? El estudio, la exigencia, promover en los alumnos el esfuerzo. Es que los gobiernos se ocupen de fortalecer la gestión que la escuela necesita con directivos preparados y capacitados para administrar y gestionar. Que no es posible pensar que los maestros y profesores pueden dejar de dar clases… Los docentes deben seguir estudiando, mejorar su competencia. Pero lamentablemente los profesores y maestros cuando llegan a  la escuela lo hacen desnudos, sin herramientas, a manejar el sistema educativo. Con eso lo que se ha estado haciendo es garantizar el fracaso de todos, incluyendo a los alumnos. Mire: si un director tiene éxito en su gestión eso se verá reflejado en los chicos.

- Seguimos arriba de la pila de deshechos y ya está en plena tarea. ¿Se imagina sacando gente con vida desde allí abajo?

- Sí, sí, totalmente. Lo hemos hecho. ¡Sé que se puede!

- Está tendiendo la mano hacia abajo y tira fuerte para arriba. Mire esa imagen, Amalia. ¿A quién ha rescatado primero? ¿Se da cuenta que hay alguien que vuelve a la vida desde la incertidumbre? ¿Quién es?

- Seguramente, es un docente. Fundamentalmente un docente. En los últimos años se los ha ubicado como los responsables de todos los males del sistema educativo. Se dice que no saben, que no están preparados… Se los pone en una situación paradojal. Pero desde el nivel medio nosotros observamos a todo el sistema educativo. Desde allí podemos ver el estado general de la educación. Y vemos que los chicos vienen de la primaria, muy pobremente preparados, sin estar preparados, sin saber leer. Pero también vemos cómo es que vienen preparados los profesores. Yo cuento la anécdota que hay profesores que se encuentran con chicos que no saben manejar ni conectar con problemáticas que no fueron preparados para manejar. Se encuentran acorralados. Entonces a ese docente que, como dijimos metafóricamente, rescato de debajo de los escombros del sistema educativo es un docente con el que hay que hablar, con el que la directora tiene que poner al tanto de cómo está la situación para que lo agarre un tsunami y lo de vuelta.

- Ahora lo rescató y lo tiene sentado a su lado, como bien recuerda en su libro que lo hizo a su paso por la gestión concreta de la escuela media. ¿Qué le dice, entonces?

- Profesor, ¡bienvenido! Cuenta con mi apoyo incondicional. Usted es la autoridad en el aula, está preparado para enseñar.

- Está bien, pero ahora el rescatado, imaginemos, es un padre, muy enojado porque culpa a esa docente del derrumbe en el que probablemente se encuentre inmerso su propio hijo… ¿Qué le dice? ¿O qué es lo que escucha qué él le recrimina a usted?

- Seguramente viene atropellando… Nosotros utilizamos una estrategia institucional en la que los padres no podían hablar directamente con el profesor, sino que antes lo hacía con nosotros, los directivos, el preceptor. Veíamos cómo era la cuestión y luego sí, con el docente.

- Usted está describiendo a los padres como los curiosos molestos de la catástrofe, que en vez de ayudar (aunque seguramente creen que lo están haciendo) interfieren en la tarea… ¿es así?

- Exactamente. Muchas veces han actuado de esa manera y otras, excelentemente. Nos hemos quedado con unos pocos que han tenido la voz cantante. Como liderando el espacio “padres” y queriendo que su voz sea la única escuchada. Pero en realidad no han sido líderes reales, sino grupos que se han animado a hablar más fuerte por la ausencia de los otros, ¿no?

- … Como sucede en todos los órdenes de la vida… en un partido político, en un club, en una unión vecinal…

- Claro. Eso es un liderazgo negativo. Los que quieren apoyar mantienen un perfil bajo y a veces no los alcanzamos a escuchar.

- Hablábamos recién que tenía una visión total del sistema, digamos, panóptica. Pero siguiendo con la metáfora veamos a otro factor del mismo sistema educativo público al que se refiere en su libro: la Universidad. Imaginemos que ha rescatado a alguien de los escombros desde la secundaria y la Universidad es el hospital de emergencias en donde lo reciben. Ojo. Allí están diciendo que el rescatado llegó peor de cómo te lo imaginaste. El pibe salió de la secundaria muy herido, lleno de magulladuras…

- Es que el terremoto afectó a todo el sistema. Por eso es que propongo que los profesorados, los que forman a los docentes, fortalezcan la formación y provean de mayores competencias, más adaptadas a estas épocas. Porque un profesor que sabe cómo actuar, no tiene problemas. Pero otros no. Los chicos de hoy manejan muchos temas que los profesores no. Si queremos restaurar la escuela, los profesores deben venir mejor preparados. Por otro lado, la primaria se tiene que ocupar de que los chicos lean. Se pasan siete años en la escuela primaria y tienen problemas en cosas básicas, como las tablas de multiplicar. Pero nosotros tenemos que desarrollar habilidades en los chicos, algo que, por ejemplo, las matemáticas proveen. Yo veo que los maestros enseñan, pero el problema es cuando los chicos no estudian en la casa. Los padres tienen que ser protagonistas. Los chicos me decían que le “pegaban una repasada” o estudiaban 15 minutos. No es así, eso no sirve. En mi diálogo con los alumnos evaluaba constantemente a todo el sistema educativo. Todavía no se ha inventado el aparatito que asuma los conocimientos y se los injerte a los chicos. Yo siempre les dije: “A lo mejor, ¡ustedes lo inventan!, pero para eso tienen que estudiar, tienen que apagar el televisor un rato, o el celular, o desconectarse de la computadora para leer, para estudiar.

- Está como con bronca con los padres…

- Yo no justifico que un chico no estudie en la casa. Aunque ellos no estén, los chicos deben saber, de boca de sus padres, que tienen que hacerlo.

- ¿La vida le ha regalado hijos? De los propios, digo, además de los del afecto, que debe contar por miles.

- Sí, los he tenido.

- ¿Y cómo hizo para cumplir con todo lo que le pide a los padres que trabajan todo el día? Me imagino que usted pasó por todo esto: estudiar, recibirse, casarse, trabajar, tener y criar hijos…

- Una hija es profesora de Educación Física, que fue abanderada en la Escuela Normal, otro que es médico especializado en Mendoza y que trabaja en el Hospital central y el tercero que es médico veterinario. Cuando ellos cursaban la secundaria en las décadas de los 80 y 90, yo ya veía cómo la cosa se ponía mal. Porque mi planteo sobre la crisis educativa viene desde los años 60, cuando se empieza a hablar de posmodernidad. Yo trabajaba, mi marido también. Y sin embargo, estaban formados en responsabilidades de escuela y en tareas complementarias, como idiomas y lo que uno intenta que hagan sus hijos.

- Con esa visión completa, me sorprendió, en medio de la charla, que haya mencionado a los años 60. Uno tiene la idea de las críticas siempre son de tiro corto, que le tocan al gobierno actual o al anterior o a la cruel dictadura. Siguiendo con la metáfora del terremoto educativo, ¿en qué fechas ubicaría el cimbronazo en el que el derrumbe? Si pasó hace tanto bueno, yo con mis poco más de 40 años seguramente fui golpeado por los escombros… ¿Dónde ubica, entocnes, el "epicentro" del gran terremoto educativo?

- (Risas) La escuela de ayer, esa escuela a la que yo fui en Catamarca estaba encuadrada en los principios y valores de la modernidad, la escuela de Sarmiento. Las ideas de progreso, autoridad, norma, todo aquello que estalló en Francia primero y que después pasó en los Estados Unidos. A fines de la década de los años 60 comienzan los movimientos juveniles, el mayo Francés y los cuestionamientos ideológicos. Yo creo que la escuela está entrampada en esas luchas. Porque desde entonces, una corriente barrida lo que otra traía y así sucesivamente. Una de las cuestiones de esas luchas ideológicas en donde se quiere instaurar otro tipo de valores, es que la lucha incluye destruir algunos valores que tienen que ver con la autoridad, la norma y para que todo sea horizontal… Todo esto se ha ido profundizando en estos últimos tiempos. Esa lucha contra los valores de la modernidad nos sumergió en una posmodernidad en la cual, según mi experiencia como docente, me doy cuenta de esta “movida” que le dio paso al neoliberalismo, a la destrucción de la familia y, también, a esto de que la escuela está atrapada por lo informático. La escuela se ve como que tiene que responder rápidamente a todo y no responde a nada.

- Pero entonces, ¿no es que usted se plante en contra de que se busque un nuevo rumbo, sino que piensa que ya está, que es hora de parar la pelota y decidir qué educación hay que tener?

- ¡Yo transité los años del derrumbe como docente! ¿Cómo hacemos para que la escuela nos responda? A la escuela se le demanda mucho y a los docentes mucho más. Porque está tan confundido el docente que se pierde la visión de lo que debieran estar haciendo. Hay un 11 por ciento de docentes que están enfermos. Pero si funcionara la escuela de “aquellos” valores, la situación sería muy diferente.

- Me parece que se quedó con la foto de la escuela aquella de la modernidad y no hay vuelta atrás. Es –volviendo a nuestra metáfora- como si pretendiera reconstruir el edificio con adobes y materiales no muy compatibles ni resistentes para estas épocas… ¿o me equivoco?

- La Escuela Normal de Catamarca a la que yo fui tiene 135 años y el edificio fue construido tan bien que se mantiene perfectamente en pie. Pero planteemos las cosas como son: esta escuela, o esto a lo que le llamamos “escuela”… porque, a lo mejor, tenemos que dejar de llamarle “escuela”…

- …¡Perfecto! Y perdón por la interrupción… ¿no es que la “escuela” es tan solo parte de una educación que los pibes consiguen por otros medios que entienden mejor que a estos docentes que usted reconoce que no cuentan con las herramientas…?

- …Esto que llamamos escuela está previsto por la Constitución y en la ley 26.016. Hoy se habla de escuela contenedora y… ¿quién ha dicho que la otra escuela no haya sido contenedora? Todo este debate ha impactado de lleno en la escuela. Hay que dejar en claro qué cosas la escuela debe dar: qué materias que plan institucional. Los chicos reciben computadoras ¡y los docentes me dicen que ahora no les dan bolilla! ¡Que juegan todo el tiempo con esas computadoras!

- Bueno… ya hablamos de los ajustes que hay que hacerle a la “fábrica” de docentes…

- … Es verdad… hablamos de que hay que cambiar la formación de nuestros docentes.

- ¡Los chicos no tienen la culpa de que sus maestros no sepan cosas!

- Yo quiero recuperar del pasado la autoridad del docente, porque si no la tiene frente a sus alumnos, la escuela tampoco. Quiero recuperar la especificidad de la escuela en donde el director e haga cargo de una escuela para la calidad educativa y en donde los chicos aprendan. Eso es lo que se ha perdido. Y si bien son cosas que vienen de la época de la modernidad, son cosas necesarias.

- Está bien. Tiene una escuela vieja con materiales que –según dice sobre el edificio del Normal de Catamarca- aguanta el remezón. Pero ¿qué materiales nuevos elegiría para reconstruir la educación pública?

- Si la escuela, como aquella, está construida de esa manera, no hay problemas. Aquel modelo educativo está vigente. Tenemos que recordar que hay dos tipos de relación, que es lo que se ha confundido: existe el director, maestros y preceptores. Y las relaciones horizontales se deben dar entre los pares. Hay una cuestión de respeto entre esos sectores. ¡Esa es la escuela que está en la Constitución!

- Usted es la rescatista y está arriba de los escombros. Muchos docentes como usted, según me ha dicho, están a la par, tratando de rescatar más víctimas. ¿hay que rescatar también al rescatista?

- ¡Exactamente! El que va a recuperar la escuela es el docente. Mientras los funcionarios no lo tengan en claro, no va a pasar nada. Hay programas que vienen desde la Nación y cantidad de gente aquí y en el palacio Pizzurno. Pero de todo eso se necesita ver a la educación en la escuela, que es en donde se verifica el trabajo de tantas oficinas y programas. Hay que rescatar al docente porque es el único que puede reconstruir la escuela. Hay que sumar a los padres, ¡hay que terminar con que los padres cuestionen a los docentes con tanta libertad! Tiene que haber voluntad política para todo esto. Si no lo hace el docente, ¿quién lo hace?

- ¿Quién lo hace? ¿Quién educa?

- Nadie. Porque los propios alumnos, frente a docentes mal pagos, que no cuentan con herramientas, que son superados por sus alumnos, ni piensan en seguir la carrera docente.

- ¿Tal vez, como pasa con los curas frente a las dudas sobre Dios, que no hay “vocaciones”?

- Así es. Llega el momento en que pasa eso, se quiebra la vocación por ser docente. ¿Y quién educa entonces? El docente tiene que ser el “rescatista” y por eso hay que prepararlo mucho, para que recupere al sistema educativo. Yo llego a proponer en el libro que haya un subsidio para todo docente que se reciba, que reciba ayuda, que se le provea la vestimenta, que pueda pararse con orgullo frente al curso. Hablo que hay que satisfacer las necesidades básicas de los docentes…que tengan  estabilidad laboral…

- … La tienen.

- ¡No la tienen!

-  Y hay mucha gente que hasta sostienen que eso atenta contra la reconstrucción del sistema educativo que propone. Hay gente que sostiene que habría que poner en condición de revalidar sus títulos como condición para continuar dando clases y hasta me parece bien, como lo deben hacer los médicos en sus residencias y en sus especializaciones…

- Hay un discurso muy perverso con relación a esto. ¿Pero cómo se les ocurre semejante cosa? A esos pregúnteles cómo…

- Supongamos que encuentran cómo…

- Van a salir todos los docentes en contra.

- Más allá de eso, más acá del poder sindical y de grupo que puedan alcanzar y movilizar, ¿no está bien que revaliden conocimientos? Hay gente que se recibió y no vio nunca más un libro…

- Desde la década de los 90 se viene diciendo que es necesario que los docentes continúen estudiando. Cómo los médicos. ¿Pero cómo se pretende que un docente se dedique a la educación con 50 horas semanales? ¿Cómo se pretende que estudien si no les alcanza el sueldo y por eso tienen que ser docentes, madres, amas de casa? Paguémosle bien. Y estoy convencida de que cuando la persona es bien remunerada, responde. Pero si se los vive apaleando… ¿cómo se para frente a un aula?

- Antes de que venga una réplica de este terremoto… está arriba de los escombros. Estira la mano pidiendo ayuda, esta vez. ¿Un político, le da la mano?

- Yo creo que sí.

- ¿Un docente?

- Sí. Tenemos que construir la escuela pensando que es posible. Si nos paramos pensando es que es imposible, no lo será.

- ¿A quién le quiere tirar el libro por la cabeza? Para que se despierte y lo lea, digo.

- No, no, a nadie. Espero que sea leído. Hay propuestas, hablo de la pobreza, la educación, qué responsabilidad tienen los empresarios y no sólo los gobiernos. Mendoza tiene la oportunidad. Y le digo más: si la escducación tal como está no logra ser reconstruida, en 20 años nos quedamos sin escuelas.

.- Punto y aparte: Amalia Vergara, en pocas palabras

Un libro: "El hombre mediocre", José Ingenieros

Un tipo de vino: Malbec

Una película: "Más allá de la vida"

Un personaje de ficción:Mafalda

Una personalidad del mundo real: Raúl Alfonsín

Preferencias en Internet: Chatear y buscar información sobre determinados temas

Un cuadro de fútbol: Independiente de Avellaneda

Un escritor argentino/mendocino: Juan Draghi Lucero

El principal hecho de la historia de Mendoza: La formación del ejército de San Martín

.....

Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel. Más entrevistas del mismo autor: hacé clic aquí.

Opiniones (0)
19 de agosto de 2017 | 07:22
1
ERROR
19 de agosto de 2017 | 07:22
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Bunkers de la Segunda Guerra Mundial
    15 de Agosto de 2017
    Bunkers de la Segunda Guerra Mundial