Una falta de liderazgo que agudiza la crisis

Nunca ha necesitado más el Japón de posguerra una dirigencia fuerte y segura? y su sistema de gobierno, débil y sin timón, nunca ha quedado tan claramente expuesto ni ha tenido que desempeñar un papel de tanta importancia.Japón enfrenta su mayor desafío desde la Segunda Guerra, después de sufrir un sismo, un tsunami y una crisis nuclear cada vez más grave, acontecimientos que se produjeron en rápida y apabullante sucesión. Los líderes japoneses deben aguzar su sentido de tales

Nunca ha necesitado más el Japón de posguerra una dirigencia fuerte y segura? y su sistema de gobierno, débil y sin timón, nunca ha quedado tan claramente expuesto ni ha tenido que desempeñar un papel de tanta importancia.

Japón enfrenta su mayor desafío desde la Segunda Guerra, después de sufrir un sismo, un tsunami y una crisis nuclear cada vez más grave, acontecimientos que se produjeron en rápida y apabullante sucesión.

Nunca ha necesitado más el Japón de posguerra una dirigencia fuerte y segura? y su sistema de gobierno, débil y sin timón, nunca ha quedado tan claramente expuesto ni ha tenido que desempeñar un papel de tanta importancia.

Japón enfrenta su mayor desafío desde la Segunda Guerra, después de sufrir un sismo, un tsunami y una crisis nuclear cada vez más grave, acontecimientos que se produjeron en rápida y apabullante sucesión.

Estos desastres exigen una movilización nacional para organizar la búsqueda, el rescate y la reubicación de habitantes, y un enorme esfuerzo para encontrar soluciones improvisadas en un territorio nuclear desconocido, en el que la crisis de múltiples reactores plantea un conjunto de problemas de enormes proporciones. Los líderes de Japón deben basarse en habilidades de las que carecen y en las que no han sido entrenados: improvisación, una comunicación pública clara y cooperación con múltiples burocracias muy poderosas.

El Japón de posguerra floreció bajo un sistema en el que los líderes políticos dejaban gran parte de su política exterior en manos de Estados Unidos, y el manejo de sus asuntos nacionales en manos de poderosos burócratas. Pero durante la última década la autoridad de los burócratas fue mutilada. Sin embargo, no ha emergido ninguna clase política fuerte que pudiera reemplazarla.

Cuatro primeros ministros han ido y venido en menos de cuatro años; casi todos los analistas políticos ya venían criticando al quinto, Naoto Kan, incluso antes del terremoto. Hace dos años, el Partido Demócrata de Japón, de Kan, prometió transformar el gobierno, cuestionar la arraigada burocracia e introducir una nueva transparencia para beneficio de los ciudadanos.

Pero la falta de experiencia ha dejado a Kan en una posición débil, obligándolo a hacer malabares. La única organización que ha prestado largo servicio dentro del gobierno es la burocracia, que siempre ha desconfiado del partido. La falta de un líder fuerte capaz de recuperar la nación nunca resultó más evidente que en los esfuerzos para contener la actual crisis nuclear.

La falta de liderazgo está agravando la incertidumbre en Tokio. Muchas empresas están recomendando a los empleados que se queden en casa, los extranjeros están abandonando el país y las réplicas están sacudiendo los edificios.

Durante las décadas que siguieron a la guerra, los burócratas del país, mayormente anónimos, y no los políticos fueron quienes recibieron el crédito de haber reconstruido la nación. La recompensa que recibieron por su anónimo liderazgo fueron empleos posjubilatorios de alto salario en empresas, una práctica conocida con el nombre de amakudari. Tal vez ningún sector tuvo una relación más estrecha con los reguladores que las empresas de servicios públicos del país, particularmente en lo referido al poder nuclear.

La desconfianza entre el público y la industria nuclear y sus reguladores ha demostrado ser costosa durante esta emergencia nuclear. Los políticos, basándose casi por completo en la empresa Tepco para conseguir información, sólo han podido informar aquello que les dicen, y con frecuencia de manera poco convincente.

Por cierto, reunir información precisa en las plantas nucleares ha resultado muy difícil debido a los altos niveles de radiación, que han mantenido alejados a los técnicos y trabajadores. Además, es posible que los políticos, los burócratas y los funcionarios de las empresas hayan intentado evitar que los nerviosos ciudadanos se alarmen aún más.

Pero la ausencia de una voz capaz de impulsar a la acción también es resultado de las viejas rivalidades, aún vigentes, entre burócratas y políticos y entre diversos ministerios que tienden a funcionar como feudos individuales.

(fuente: The New Tork Times, por K. Belson y N. Onishi)
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24 de octubre de 2017 | 01:10
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