Japón, sacudida una vez más por el temor al parate

El devastador terremoto de anteayer puso a Japón nuevamente en la lupa del mundo. Y es que esta pequeña isla, cuna de grandes compañías como Sony, Toyota, o Canon, además de algunos de los bancos más importantes del mundo, sufrió la peor desgracia natural de su historia justo en el momento en que se ilusionaba con reafirmarse en la senda del crecimiento. No es menor para una economía que estaba dejando una década y media de estancamiento

El devastador terremoto de anteayer puso a Japón nuevamente en la lupa del mundo. Y es que esta pequeña isla, cuna de grandes compañías como Sony, Toyota, o Canon, además de algunos de los bancos más importantes del mundo, sufrió la peor desgracia natural de su historia justo en el momento en que se ilusionaba con reafirmarse en la senda del crecimiento. Algo que puede parecer una frivolidad ante semejante catástrofe humanitaria, pero que no es menor para una economía que recién estaba dejado atrás una década y media de estancamiento y que, por primera vez en 42 años, perdió en 2010 su segundo lugar en el podio de potencias mundiales a manos de China.

Con un producto bruto interno de US$ 5,3 billones, un ingreso promedio per cápita de 42.500 y una tasa de desempleo de apenas 4,9%, a simple vista la situación de la economía japonesa parece inmejorable. Sin embargo, ésa es la foto, pero la película viene desde hace años alertando sobre la sostenibilidad futura del modelo japonés. Una población envejecida, con una escasísima propensión al consumo, es uno de los grandes desafíos de esta economía, que mediante un creciente gasto público sale a cubrir la falta de combustible privado, y que por ello hoy se encuentra también con el peor balance fiscal del mundo desarrollado, con un alarmante déficit de más del 9% del PBI y un nivel de deuda pública que es casi dos veces el tamaño de toda su economía.

De ahí que Nouriel Roubini, el economista famoso por haber anticipado la crisis de 2008, advirtiera en declaraciones a la agencia Bloomberg que el terremoto es "lo peor que puede pasarle a Japón y en el peor momento". El gobierno de Japón ya anunció que incrementará sus planes de estímulo para la reconstrucción del país tras el terremoto. En otras palabras, quedará postergada la promesa de una adecuación fiscal, tal como venían reclamándole varios organismos, como, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI). Además, hace años que este país asiático viene luchando con la deflación de precios (un problema tan grave como la excesiva inflación). Y el Banco Central de Japón ya tiene sus tasas de interés en 0%, con lo cual posee poco margen para estimular la actividad con esta herramienta, aunque ya anticipó que anunciará más medidas en su reunión prevista para mañana.

Dada la experiencia pasada -Japón ya había sido azotado por un sismo en 1995, en el que murieron 6000 personas-, Lawrence Summers, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, aseguró a la cadena norteamericana CNBC que la economía puede a la larga verse beneficiada con el impulso derivado de los esfuerzos de reconstrucción. Pero también afirmó que, dada la fragilidad de la economía -que si bien creció 3,9% el año pasado, en el último trimestre se contrajo 1,3%-, "ésta es una tragedia que Japón no necesitaba en este momento particular". Claro que si hay un país acostumbrado a los retos, probablemente éste sea Japón. Derrotado en la Segunda Guerra Mundial, se transformó, así y todo, en las décadas siguientes en una de las economías más desarrolladas del mundo, a fuerza de tecnología, una envidiable ética de trabajo y un proceso industrial que luego exportó al mundo entero.

Proteccionista
Una isla con escasos recursos naturales, Japón importa combustibles y materias primas, es fuertemente proteccionista en materia de agricultura (el arroz, por ejemplo, tiene un arancel del 490%) y adquiere del extranjero cerca del 60% de sus alimentos. Sus exportaciones, sin embargo, superan en monto a sus importaciones (US$ 735.000 millones versus 636.800 millones) y tienen como destino principal a China y EE.UU., además de otros países asiáticos, a los que provee de maquinaria y equipos, autos y químicos.

Florencia Donovan, para La Nacion
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19 de agosto de 2017 | 08:44
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