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Del Potro: "Pase de ser el futuro Nº 1 del mundo a no ser nada"

Del Potro repasó sus vivencias en el último año y los detalles de su regreso en una extensa charla con LA NACION deportiva.

En Palermo, el fin de semana largo se advierte con claridad; el tránsito es menos traumático y por la zona de bosques, los cantos de los pájaros y los gritos de algunos chicos en bicicleta se oyen a la distancia. Por allí camina Juan Martín del Potro, antes de viajar a California para participar del Masters 1000 de Indian Wells. Su espigadísima figura va de aquí para allá, del gimnasio al Tenis Club Argentino, de su casa porteña a Tandil por unas pocas horas. Está armando la valija y acomodando las raquetas, pero antes de marcharse al aeropuerto, el tenista abre, literalmente, el portón de su fortín personal. Lo hace en un momento de certidumbre deportiva y alegría, pero no olvida los meses frustrantes que lo llevaron a valorar otros aspectos de la vida. Hoy, saludable tras aquella inesperada cirugía en la muñeca derecha, sus mañanas son distintas; protagonizó una efectiva gira por EE.UU. -incluso ganando el título en Delray Beach-, pero es consciente de que todavía debe recorrer un largo tramo hasta alcanzar el nivel que lo llevó a ganar el US Open en 2009. Pero hoy los indicios son auspiciosos y ello ya es suficiente para que el horizonte luzca con otro color.

"Hoy me levanto más tranquilo. Que se den los resultados te da más serenidad, pero tampoco es como para relajarse o creerse que ya llegué a donde estuve hace dos años. Ganar es una motivación, volví a creer en el trabajo que hago, en el entrenamiento diario y desde la convivencia con mi gente todo se hace más fácil. Mismo las sensaciones con el tema de la muñeca son mejores. Pero sé que el camino es largo y me puede llevar meses o tal vez todo el año", le describe Del Potro, de 22 años, a La Nacion.

-Cuando sufriste la lesión proyectabas amenazar el ranking de Federer y Nadal. Pero, sin embargo, ¿te sentías saturado por los viajes, la competencia...? 

-Sí, el año pasado, cuando volví de Australia lesionado pensé que el parate me iba a servir para descansar porque venía de un año muy exigente y con muchos partidos. Dentro de todo lo malo de una lesión creí que no estaba mal. Pero después se empezó a complicar, no encontrábamos el diagnóstico, había días que estaba angustiado porque no teníamos una solución y era difícil. Pero después de la operación, que sabía que si hacía las cosas bien en cierto tiempo podría entrenarme de nuevo, me di cuenta de que sin esta vida no podía estar. El tenis me había dado todo y lo extrañaba mucho. Tener la obligación de levantarte temprano y entrenarte, cuando lo hacés en forma automática, no te das cuenta. Pero cuando yo no lo tuve, lo extrañé.

-¿Cuál fue el peor momento durante los ocho meses de inactividad? 

-Cuando no encontrábamos el diagnóstico; íbamos de acá para allá, un médico decía una cosa, otro decía otra cosa. Además, cuando finalmente confías en un médico y decís ?Este tiene la razón' , y seguís ese camino, pero de repente ves que no va..., es frustrante.

-¿Hubo algún momento bueno? 

-Los mejores momentos los pasé antes de la operación, porque no me imaginaba que iba a ser todo tan grave y, entonces, es como que aprovechaba para estar con mis amigos y familiares a full y hacía cosas que antes no porque creía que me iba a poner a entrenar pronto. En esos momentos fue cuando disfrutaba del descanso con alegría, sí.

-¿Y en alguna de esas situaciones de felicidad se te cruzó por la cabeza si semejante sacrificio valía la pena? 

-No, no porque me di cuenta de que sin esto, me refiero al tenis, no podía estar, lo extrañaba demasiado y hoy lo hago con muchísimas más ganas que antes y hago más esfuerzos que antes en los entrenamientos. Y dentro de lo malo que fue 2010 para mí, esto es lo que rescato de positivo, el hecho de valorar otras cosas. Lo que me pasó es un reflejo de la vida, te puede cambiar todo en un segundo. En 2009 me cambió la vida ganando el US Open, pero pocos meses después me volvió a cambiar la vida con la lesión en la mano. ¿Entendés...? Pasé de ser el futuro N° 1 del mundo a no ser nada. Pasa todo tan rápido...

-No debe ser sencillo mantener el equilibrio desde lo emocional a los 21 años. Estabas en la cima del mundo y de golpe todo se derrumbó. Siempre tuviste perfil bajo, ¿pero por todo lo que te ocurrió fue que creaste como una muralla alrededor tuyo? 

-Sí, porque al ir en piloto automático, muchas cosas pasan o no te das cuenta, pero siempre estaba al lado de mis amigos, de mi familia, en los momentos lindos y en los feos. Siempre que puedo viajo a Tandil, porque es mi cable a tierra, ahí me relajo y disfruto cosas con mis amigos. Muchas veces nadie se entera de que estoy en Tandil y lo disfruto al máximo, eso me hacía bárbaro en los momentos malos. A veces es inevitable escuchar las cosas que dicen de uno y mi familia se ponía mal, mis amigos también, yo igual... Pero ahí es donde vuelvo a mis afectos. Hay gente que no entiende la vida que llevo, pero es mi vida. Mis amigos de la infancia, que tienen todos la misma edad que yo, me dan consejos y los escucho. Yo sigo siendo un pibe, ahora con 22 años, que tiene los mismos sentimientos que cualquiera, que me gusta hacer las mismas cosas, pero en algunos momentos tengo que tomar decisiones importantes que quizás ellos no... El día que estábamos en los Estados Unidos con Franco (Davin, el coach) y Martiniano (Orazi, el preparador físico) y el médico me dijo que tenía que operarme..., fue durísimo. Esa decisión era muy personal y tuve que tomarla yo, allá, lejos de todo.

-Por todo lo que te pasó, bueno y malo, ¿maduraste de golpe? 

-Sí, seguro. El tenis es exigente desde que sos chico. Hoy me tengo que poner a la altura de tipos grandes, no puedo pensar como un pibe de 22 años cuando voy a jugar con Federer una final de Grand Slam. Y eso, o lo hacés o te pasan por arriba. Y Franco me ayuda mucho, es una gran persona, la tiene muy clara y me sabe decir las palabras justas; él me ubicó en la realidad desde cuando ganaba todo a cuando estaba mal, tiene los pies sobre la tierra. Ahora que gané en Delray Beach sentí que era una gran alegría para mí, mi familia, mis amigos, Franco y Martiniano y nadie más. Estando mal me di cuenta de mucho. Quizás, en una buena época tenía cien personas alrededor y después quedaron diez, por decirte un número. Y te da que pensar mucho...

Los amigos del campeón , como se dice popularmente, nunca descansan, ¿no? 

-No, es verdad, pero no es fácil. Cuando estás bien, tenés oportunidades, muchas tentaciones al alcance de la mano y a veces dejás de lado a tus verdaderos amigos, a tu gente por una tentación o no sé... Pero mis amigos y familiares son de fierro y ellos inmediatamente me hacen ver las cosas.

-Para vos, ¿qué es la fama? 

-(Piensa y se queda callado varios segundos.) No sé. Yo, el tenis, lo tomo como mi trabajo y sé que cuanto mejor te va, más famoso vas a ser. Pero no es lo mismo ser conocido por hacer un deporte que por actuar. Yo no juego al tenis para ser famoso. Sé que mucha gente es feliz viéndome jugar y ganar y eso es algo hermoso de este deporte. Me enteré de que cuando jugué en EE.UU. algunas imágenes no llegaban y mucha gente estaba local en Internet buscando información y me alegró mucho. Llegar a lograr eso es importante. Que te quieran ver saludable, es increíble. Yo no molesto a nadie, tengo una buena conducta, me gusta hablar poco y escuchar mucho. Escucho a la gente que creo que vale la pena y una de las personas a las que les presto atención es a mi entrenador, porque me enseña a pegarle de derecha, pero sobre todo cosas cotidianas de la vida. También escuché a Martín Palermo. Ellos son tipos que me aconsejan con el corazón. Martín sufrió muchísimo, le cuesta un montón estar donde está y es todo a base de esfuerzo. Nadie le regaló ir al Mundial, hacer un gol. Y hablar con él me hace bárbaro, lo hago con admiración, aunque hay veces que le quemo la cabeza porque soy fanático y me aporta muchísimas cosas.

-Tu ranking, ¿lo observás o no le prestás atención? 

-No lo miro mucho, es la verdad. Porque si jugás bien, subís rápido. Pero creo que el ranking puede ser mentiroso con dos o tres jugadores, pero después no miente nunca, es justo. Tal vez hoy el N° 1 tenga que ser Djokovic, que ganó Australia y Dubai, pero le falta un poco, no hizo lo que hizo Rafa Nadal. El ranking no es mentiroso. Sacando a Hewitt, que está lejos (64°), después es justo para el nivel de cada uno.

-En estos tiempos, ¿volviste a ver la final del US Open que ganaste? 

-No, la verdad es que tenis no vi mucho. El año pasado me hizo muy mal no estar en el US Open, lo sentí mucho, porque era el año que llegaba como campeón, con todo lo que eso iba a significar.

-A la distancia, ¿creés que realmente estabas para dar el salto y superar en el ranking a Nadal y Federer? 

-Me sentía bien, sí, con chances, porque había terminado muy bien 2009, porque estaba jugando bárbaro y encima a principios de 2010 no defendía nada de puntos, de Australia a Miami no tenía mucho que defender y confiaba. Pero ya pasó... Es como te digo, valoré otras cosas. Hoy tengo la tranquilidad de ir por el camino correcto. Sé que hay piedras, que me van a costar pasarlas, me llevará tiempo, tendré buenos y malos resultados, pero el camino es el que me marca Franco y en él creo a muerte , voy con los ojos cerrados para donde él me diga.

-Hoy, ¿cuál es tu mayor deseo? 

-Mi mayor deseo es estar sano, poder levantarme y entrenarme sin dolor. No quiero tener que parar otra vez un tiempo largo, ya lo sufrí muchísimo, estuve triste y no quiero. Quiero disfrutar todo lo lindo que me da el tenis. Ya no puedo comer tantos asados (sonríe), tengo que cuidar el peso, pero disfruto de este momento. Hay veces que la vida pasa por otro lado que no es por la pelotita de tenis, pero con el tenis soy feliz.

17 partidos jugó Del Potro en el año, con 13 triunfos y 4 derrotas. Una curiosidad, en las 13 victorias sólo perdió un set.

90 es la posición actual del tandilense en el ranking del circuito ATP (descendió un lugar esta semana).

Fuente: canchallena.com.ar

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