La Vendimia quedó malherida, entre el piquete y la victimización

Qué responsabilidad tienen artistas rebeldes y funcionarios legalistas en este conflicto que terminó con el corte abrupto de la puesta en escena del Acto Central. Los motivos de este enfrentamiento resultarán absurdos a medida que este acontecimiento se añeje en la memoria colectiva de Mendoza. Ni unos ni otros estuvieron a la altura de las circunstancias.

Los artistas cometieron el peor de los actos: hicieron un reclamo laboral y ante la negativa del Gobierno, reaccionaron de manera absolutamente desproporcionada provocando el fracaso de la última parte de la principal fiesta de los mendocinos. Como contrapartida, el Gobierno, con  el Secretario de Cultura Ricardo Scollo a la cabeza, no fue capaz de manejar la crisis y decidió tomar una decisión errónea, desde una perspectiva histórica, como es el levantamiento de la última parte de la celebración más importante de la provincia.

Ambas partes esgrimen sus razones pero la verdad es que el motivo de semejante crisis es la no disponibilidad de entradas gratuitas para los artistas que actúan en el mismo Acto Central. Increíble pero cierto. Un absurdo difícil de explicar.

En la historia de Mendoza quedará grabado que al cumplirse los 75 años de la Fiesta de la Vendimia que la celebración quedó trunca por un conflicto entre el Gobierno y los artistas que reclamaron entradas gratis para sus familiares.

Y si nos remitimos a la proximidad de los acontecimientos ocurridos anoche y a este desenlace de hoy al mediodía, entonces se podrá observar que en los mendocinos hay un sentimiento de vergüenza propia y de dolor colectivo.

La primer pregunta que se formula casi espontáneamente es ¿pudieron los artistas reclamar sin que esto terminara en una corte abrupto de la fiesta? La contestación es casi inmediata: sí. Ellos son los responsables de sus negociaciones laborales y nunca contemplaron la posibilidad de formalizar la entrega de entradas de favor como un derecho adquirido. No hicieron valer oportunamente ese "derecho" en el tiempo y el ámbito adecuados.

Como decantación de ese descuido y a minutos de iniciarse la primera repetición, se produjo una de las peores actitudes que es la desaprensión, concretada en un "piquete" contra la misma fiesta. Actuaron con absoluta desconsideración con uno de los grandes eventos de la provincia y también, contra su propia fuente de trabajo. Actuaron como si fueran integrantes de alguna efímera compañía de teatro revisteril. Farandulizaron la Vendimia con un reclamo que con el tiempo aparecerá como insignificante e inentendible. No supieron medir las consecuencias de esa falta de profesionalismo que le endilgan los indignados mendocinos, que sintieron que se estaba atacando a un símbolo de la patria chica y que hasta ahora había permanecido incorruptible.

Frente a ello, el Gobierno eligió condolerse con esa mayoritaria parte de la población que siente que han herido gravemente a un símbolo local que es la Vendimia, cuando lo que hubiéramos esperado de él es que solucionara el conflicto laboral y no que llorara sobre la leche derramada como si fuera un sorprendido vecino. El equívoco del Gobierno es probable que esté en la mala idea de ponerse en el lugar de la víctima sin asumir su responsabilidad política. Una pregunta oportuna sería la de si el Gobierno pudo haber evitado este reclamo de los actores.

La respuesta está al caer: sí. Sí, porque primero podría haberlo previsto en los aprestos de semejante organización cuando creyó cerrar todos los reclamos laborales de los 700 artistas y no incluyó la regulación de la entrega de estos pases libres para los mismos hacedores de la fiesta.

La historia reciente, incluidas las tres fiestas anteriores, marca que la entrega de entradas de favor en la tercera noche fue una consecuencia del crecimiento sostenido de la fiesta con convocatoria nacional e internacional. La distribución de estos boletos se transformó en una costumbre no escrita desde que se instituyó durante el gobierno de Julio Cobos la segunda repetición del Acto Central. La noche del primer lunes de marzo se dispuso para que fuera una fiesta más de "entrecasa" para que los mendocinos pudieran ver "su" Vendimia.

El fenómeno de convocatoria de la Banda XXI contribuyó para que la imprevisión oficial aflorara ya que las entradas para la tercera noche en el teatro griego se agotaron con igual rapidez que las de la primera función. Los adeptos de la banda cuartetera de Córdoba compraron incluso los "históricos" pares de entradas que por un presunto "derecho adquirido" le correspondían a cada uno de los artistas vendimiales.

Por eso el origen de todo es siempre la imprevisión hija de la imprudencia y de la incompetencia. El resultado es la prepotencia de unos y la sobreactuación de otros. Ambos, por supuesto, no se sienten responsables de que uno de los emblemas mendocinos haya quedado malherido. En definitiva una mala cosecha la de este año.
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24 de septiembre de 2017 | 18:04
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