Mendoza vitivinícola, un paisaje que se construye

A partir de aquellas primeras cepas traídas para el vino de misa hasta los emprendimientos  del siglo XXI, se ha transitado por caminos cuyo resultado mereció, ser reconocidos como una de las ocho Capitales del Vino. Los rastros de este largo proceso describen la historia y cómo fueron definiéndose los oasis de cultivo que nos circundan, donde la arquitectura es protagonista.

Hasta 1880 la arquitectura respondía a la agricultura de subsistencia

Si recorremos con atención podremos descubrir, ocultos, algunos edificios de aquellas primeras “bodegas” que elaboraban el rústico vino “patero”, en una construcción muy modesta, de corte colonial en adobe y cubierta de barro y maderas autóctonas. Las viñas entonces, formaban parte de la economía de subsistencia para la mayoría de los productores con antelación a 1875 y las actividades se desarrollaban en el mismo edificio, donde la bebida se acopiaba en botijones de cerámica enterrados y convivía con otros productos.

Hacia el cambio de siglo, las bodegas mendocinas italianizan su lenguaje

Mucho menos ocultos se encuentran los ejemplos de este período marcado por la tendencia a regionalizar la producción agrícola nacional junto con la llegada del Ferrocarril en 1885. La tecnificación, la especialización de la mano de obra y la importación de maquinarias europeas permitieron dar un salto en la calidad de la actividad vitivinícola y del producto. Una nueva inmigración se constituyó en mano de obra capacitada.


El oasis agrícola creció y se transformó con la construcción de imponentes edificios en medio de grandes plantaciones de viñas. Las bodegas “italianizaron” su lenguaje, crecieron progresivamente adosando una nave tras otra.

Los nuevos materiales y tecnología permitieron una primera construcción sismorresistente: ladrillo, hierro y cemento, cubiertas de perfilería metálica o madera escuadrada y chapa; se formaron conjuntos industriales con casas patronales importantes, jardines, patios de maniobras, administración, caballerizas, entre otros. Se adoptaron las piletas de ladrillo y de hormigón armado para fermentación y guarda. El edificio fue tomando valor arquitectónico e incorporó lenguajes neoclásicos, con licencias propias que introdujeron los maestros constructores.

Arquitecto Mario Yanzón. Estudio Bórmida & Yanzón

“Acerca de nuestra identidad, la cercanía imponente de la cordillera, con los viñedos a sus pies, es la distinción paisajística que nos diferencia de otras zonas de vinos del nuevo mundo tales como California, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Chile entre otras”.


A principios de siglo XX, algunas bodegas dejaron el carácter industrial, asemejándose a un palacio italiano, como es el caso de Cavas de Weinert o de la Bodega Cavagnaro Graffigna, actualmente Bodega Trapiche.

Entrevistado sobre el tema, el arquitecto Mario Yanzón, del Estudio Bormida & Yanzón, comenta “… hemos sido transgresores de la imagen del vino con establecimientos vitivinícolas como la bodega Tomba o El Globo, construyendo grandes estructuras bodegueras innovadoras en cuanto a sus dimensiones, mostrando opulencia en los volúmenes que podíamos producir, solo que por políticas diversas se perdió y no salimos al exterior”.

A comienzos del siglo XX, la elaboración a granel se despoja de la arquitectura

Algunos edificios de esta época han sido intervenidos sin embargo otros nos pueden dar una imagen acertada de mediados del siglo XX, cuando la vitivinicultura adoptó un nuevo modelo basado en la producción a granel, de vino común de mesa, donde el nuevo medio de transporte inmediato fue el camión. De esta forma, las bodegas se ubicaron a lo largo de las rutas y muchas en zonas industriales, desvinculándose del entorno agrario. La arquitectura optó por la tipología de galpón, con techos paraboloides de chapa y vigas metálicas reticuladas, las fachadas se articularon con muros de ladrillo visto y estructuras de hormigón armado resaltadas. Se dejó de lado el diseño de conjunto y los detalles para adoptar un carácter meramente “utilitario”. Este concepto avanzó hasta despojarse totalmente de la envolvente, así surgieron establecimientos que sólo construyeron los tanques, en metal u hormigón armado, expuestos, sin ningún tipo de contención edilicia ni resguardo climático como, hasta hace poco, podíamos observar los tanques de la Bodega Giol en Maipú.

En la década del 80 se produjo una profunda crisis que generó el colapso de este modelo vitivinícola.

A partir de los 90 comienza la era de la imagen, el enoturismo y la globalización

Las grandes bodegas que podemos distinguir en el paisaje actual se originan a partir de los años 90 cuando se opta por un nuevo paradigma orientado a un mercado internacional. Estos años le sirvieron a las bodegas que superaron la crisis de los 80 para posicionarse en el mundo con productos de calidad y buscar nuevos inversores para emprendimientos más ambiciosos. A partir de entonces la arquitectura vuelve a tomar protagonismo. Se busca la fuerza de una imagen distintiva, ya sea rescatando edificios históricos y tomando como valor agregado la trayectoria del nombre o construyendo bodegas que ponen especial énfasis en el surgimiento del enoturismo. Dentro de la nueva imagen, se trata de identificar el producto por su singularidad, diferenciando regiones y países. La denominación de origen, la identificación del vino con el paisaje mendocino.

Arquitecto Alfredo Tapia. Estudio Atelman, Fourcade y Tapia. Córdoba.

“No tiene sentido repetir una fórmula que aparentemente funciona. Es un camino un poco mas largo, pero definitivamente mas interesante, el de proponer una identidad personal y única para cada bodega, una que refleje acabadamente la personalidad de sus propietarios, el espíritu de sus vinos y el contexto al que pertenecen”.

El diseño de bodegas comienza a priorizar la imagen empresarial y la eficiencia de la planta industrial en relación a la nueva tecnología e integra actividades complementarias que refuerzan las ofertas: museos, restaurantes, posadas, salones de fiestas, recepción turística, sala de cata, salas de exposiciones, entre otros.

Según el arquitecto Alfredo Tapia, del Estudio Atelman, Fourcade y Tapia, responsable de la nueva bodega Finca Agrelo de Navarro Correas, “la arquitectura es un medio de comunicación esencial de los valores, de los ideales, de la tradición de sus vinos, y de la postura hacia el futuro que una bodega intenta promover. Difícilmente una actividad que requiere tanta dedicación, y tanta precisión en los detalles como es la elaboración de vinos de alta gama, pueda desarrollarse en un contexto o en una arquitectura que no tengan la misma cuota de pasión y excelencia”.


Bodegas de la Zona Alta del Río Mendoza. Conjunción entre historia y contemporaneidad

Los nuevos edificios buscan lenguajes contemporáneos, innovadores que contengan las tecnologías de punta pero que además incorporen elementos que las identifiquen con el medio.

En los oasis tradicionales se apuesta a reciclar bodegas existentes, adoptando nombre y antigüedad para darle prosapia a los vinos. Entre ellas podemos encontrar muchos ejemplos bien logrados como Bodega Trapiche, original Cavagnaro Graffigna en donde se realizó un cuidado proceso de restauración y puesta en valor, según describe Mayra Maioli, Jefe de Relaciones Públicas y Prensa. “Se tuvo como premisa trabajar con gran respeto para mantener cada detalle de construcción original. Se decidió restaurar el salón de adoquines de madera, poner en valor los techos originales, reciclar las piletas y rescatar los elementos antiguos que, en conjunto, dieron lugar al museo de la bodega. Este proceso ha permitido que hoy Trapiche cuente con una imagen de gran atractivo histórico en combinación con su vanguardia tecnológica”.

Arquitecto Antonio Funes. Dirección Técnica junto con AFT de Navarro Correas.

“Los nuevos países vitivinícolas, buscan el posicionamiento de marcas a través de la arquitectura con un alto contenido de diseño. Es ahí donde los edificios cumplen un rol muy importante, no solo dando respuesta a nivel funcional, sino también colaborando directamente con la construcción de la identidad de la empresa vitivinícola”.

Otros establecimientos con lenguajes fuertemente contemporáneos se insertan en la trama rural afianzada, como la nueva bodega Finca Agrelo de Navarro Correas, cuya arquitectura responde a otros desafíos. “la obra debía contemplar una infraestructura para la producción de 4 millones de litros anuales de vinos tintos de alta gama, tenía que convertirse en la nueva imagen de la bodega y su espíritu debía abrazar la identidad de su lugar, Agrelo, y del Nuevo Mundo del vino incluyendo exigentes estándares de sustentabilidad y bajo impacto ambiental”, comenta el arquitecto AlfredoTapia.

Bodegas del Valle de Uco, imagen de los vinos del nuevo mundo

A nivel territorial, las regiones buscan sus propias identidades y a principios del nuevo siglo se descubre y afianza en el mapa enológico el Valle de Uco, con bodegas de relevancia internacional.

Esta zona surge, con la conquista del carácter inhóspito e indomable de su territorio.
“Se puede decir que con Salentein se inicia la nueva vitivinicultura en el Valle de Uco.

Era inimaginable hasta entonces, una bodega de calidad, tamaño, e inversión en medio del pedemonte, con una ruta 89 de tierra y en malas condiciones. Con Carlos Pulenta a la cabeza, parecíamos un grupo de conquistadores del desierto ayudados por la tecnología de riego”.
Comenta el arquitecto Mario Yanzón, quien continúa relatando. “Posterior a Salentein, fue inminente la pavimentación de la ruta, así llegaron otros conquistadores y comenzó a tomar importancia un terruño prácticamente virgen.

A partir de entonces, las inversiones en el valle cobraron gran envergadura, se instalaron los franceses del Clos de los siete, Finca Sophenia y numerosos emprendimientos inmobiliarios relacionados al enoturismo”. La sed de conquista de las tierras del Valle de Uco tuvo desde el comienzo su sustento en la calidad enológica de los vinos que allí se obtienen. Al respecto, Martín Fanzone, Lic. en Bromatología de la EEA Mendoza INTA, atribuye al valle la cualidad de conjugar factores determinantes de un producto diferencial desde todo punto de vista. “Es una zona óptima para el cultivo de la vid y la producción de uvas de calidad por la altura (entre 1000 y 1500 metros sobre el nivel del mar) que genera una importante amplitud térmica, lo cual junto a la gran heliofanía (horas de sol) y otros componentes agroecológicos, desencadenan diversos fenómenos fisiológicos en las plantas, favoreciendo el desarrollo de características organolépticas muy apreciadas en los vinos. El Malbec del Valle de Uco se diferencia significativamente de aquellos provenientes de otras zonas vitícolas por su complejidad aromática y una mayor concentración de compuestos fenólicos de gran potencial para la formación y estabilidad del color y para el añejamiento prolongado. Otras variedades tintas que se adaptan muy bien a esta zona, logrando vinos de alta calidad, son el Merlot, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir; y entre las variedades blancas se destacan el Chardonnay, Sauvignon blanc, y Semillón, entre otras”.

Orientar la mirada para construir nuestra identidad

Los arquitectos tienen un rol y una responsabilidad porque sus obras van trazando la identidad paisajística de un lugar. Hay bodegas que se ajustan más al paisaje, que se mimetizan con él, otras que se apoderan del campo visual generando un gran impacto. Según Mario Yanzón, “casos como el de Atamisque o Rutini Wines, son ejemplo de obras de arquitectura, donde se mantiene una actitud más recatada y se le da un papel de importancia a la interpretación del paisaje. Caso distinto es el de la bodega O. Fournier, que rompe estos esquemas porque el pedido expreso de su propietario era que la obra debía ser reflejo para el mundo de los vinos del nuevo mundo. Está ubicada en los confines de San Carlos, se trata de una estructura sobresaliente de avanzada en el desierto del pedemonte.

Este propósito perseguido marca la diferencia, es un estilo de obra de arquitectura paradigmática, que desafía la creatividad y las pautas tradicionales”.


Arquitectura del Nuevo Mundo vs. Viejo Mundo

Somos una provincia con cuatro siglos de producción vitivinícola que, paradójicamente, pertenece al “nuevo” mundo del vino. Cómo hacer para generar una imagen tal sin desproteger aquello que nos liga con nuestra historia y que es patrimonio y raíz de nuestra cultura. Alfredo Tapia de AFT enfatiza en la construcción de identidades propias, de carácter regional o puramente individual. “No tiene sentido copiar algún modelo “importado” de otro lugar y de otro contexto. No tiene sentido repetir una fórmula que aparentemente funciona. Es un camino un poco mas largo, pero definitivamente mas interesante, el de proponer una identidad personal y única para cada bodega, una que refleje acabadamente la personalidad de sus propietarios, el espíritu de sus vinos y el contexto al que pertenecen”.

Martín Fanzone. Lic. en Bromatología. Laboratorio de aromas y sustancias naturales de la EEA Mendoza INTA.

“El Malbec del Valle de Uco se diferencia significativamente de aquellos provenientes de otras zonas vitícolas por su complejidad aromática y una mayor concentración de compuestos fenólicos, que generan gran potencial para la formación y estabilidad del color y para el añejamiento prolongado”.

Para Mario Yanzón, “los desafíos son distintos. Italia, por ejemplo, posee un reglamento arquitectónico riguroso que no le permite llevar a cabo proyectos de bodegas rimbombantes.
Argentina es nuevo mundo y debemos darnos a conocer por lo tanto tenemos que ser más agresivos. Es también el caso de España que empuja con una nueva arquitectura, con Calatraba apuntando a ganar una imagen más fuerte al lado de Italia y Francia”. Además los vitivinicultores de tiempo atrás ya fueron innovadores y grandes creativos, crearon fantásticas estructuras que han perdurado y que desafiaron la imagen del vino. Nosotros hemos retomado lo que nuestros viejos hicieron con fuerza, tenacidad, con ímpetu y estamos imitando su fuerza, el alma que le pusieron, retomando lo que ellos iniciaron…”

En este discurrir de ideas el arquitecto mendocino Antonio Funes, quien trabajó en conjunto con AFT en la dirección técnica de Navarro Correas, también comparte su opinión. “A diferencia de países como Francia, con una larga tradición en la producción de vinos y edificios (“Chateau”) y una gran carga histórica, los “nuevos” países vitivinícolas, buscan el posicionamiento de marcas a través de la arquitectura con un alto contenido de diseño. Es ahí donde los edificios cumplen un rol muy importante, no solo dando respuesta a nivel funcional, sino también colaborando directamente con la construcción de la identidad de la empresa vitivinícola”.

Recorridos Arquitectónicos por Mendoza y su Vitivinicultura

Desde fines de marzo, para quienes gusten de profundizar conocimientos relacionados al diseño, la arquitectura, el arte, la historia y la vitivinicultura de nuestra provincia, se lanza la serie de “Recorridos arquitectónicos y culturales por Mendoza” organizado por Turismo Arquitectura, organización dedicada a generar programas turísticos de enriquecimiento cultural y protección a nuestro patrimonio edilicio.

Recorridos Arquitectónicos por Mendoza y su vitivinicultura Turismo Arquitectura, está integrado por profesionales de Mendoza con sólida formación y experiencia en proyectos de intervención y puesta en valor de sitios con impronta patrimonial, públicos como privados. A partir del 2003, con el aval de la Universidad Tecnológica Nacional, desarrollan itinerarios turísticos que transmiten los acervos patrimoniales locales, hilvanando lo histórico y lo contemporáneo y estrechando vínculos entre la población y los visitantes.

Entre las diferentes propuestas, se destaca “Vino, paisaje y Arquitectura” que permite conocer los motivos que convirtieron a Mendoza en “Capital del Vino”, al integrar influencias y períodos arquitectónicos y productivos, detalles constructivos y conceptos modernos con el proceso de elaboración, la degustación, el conocimiento del terruño y la influencia que la labor cultural ejerce en el paisaje.

Otros ejes temáticos incluyen a “Mendoza, una arquitectura en el oasis”; “Hacia el Parque”; “Por la calle de San Nicolás” y “Caminando por la Quinta”. Los itinerarios han sido programados para gente en general que desee una experiencia cultural sin necesidad de conocimiento previo. Turismo Arquitectura está coordinado por: Arq. Federico Cohen; Arq. Silvia Salustro y Lic. Sol Cohen. Los docentes que dirigen los contenidos de los recorridos son: Ing. Martín Fanzone; Arq. Graciela Moretti y Arq. Alejandro I. Grinberg. Información: info@turismoarquitectura.com.ar




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