Crítica Vendimia: el Acto Central, un espectáculo de alto impacto

“Los rostros de la vendimia” fue un show ágil y dinámico, con buenas dosis de originalidad, logró claridad narrativa y consiguió momentos de gran belleza visual en un puñado de escenas. El director Walter Neira ofreció uno de los más interesantes espectáculos del Acto Central de los últimos años.

Detrás de cada vendimia hay miles de personas que, en silencio madrugan, cuidan las vides, amasan las uvas y le arrancan el delicioso pedernal del vino.

Detrás de cada espectáculo que año tras año la celebra hay cientos de personas que, entre bambalinas o en el escenario, diseñan, martillan, cosen, tiran cables, bailan, actúan, cantan, ejecutan un instrumento y agujerean el telón de la noche con bellos fuegos de artificio.

Y frente a cada Acto Central está el siempre sonriente y expectante público mendocino que entre gritos y aplausos, abucheos y concentrados silencios disfruta, a veces más, a veces menos, del show que se ofrece en el teatro griego.

Esos son “Los rostros de la vendimia”, la propuesta que este año el director Walter Neira llevó al escenario del Frank Romero Day.

A diferencia de otros directores, Neira arriesga siempre. Y en esta, su tercera fiesta, se impuso nuevamente tomar el desafío de remozar un espectáculo plural, híbrido, tradicional y encorsetado a la vez como es el Acto Central. Y logró uno de los más atractivos espectáculos de los últimos años.

Recordemos que en 2006 dirigió la fiesta “Tierra mágica” en la que la belleza visual de los cuadros no alcanzó para componer escenas legibles para los espectadores quienes salieron del teatro griego sin entender el show. En “Cosecha de esperanza”, de 2009, ganó en claridad en todos los registros, pero conformando, sin deslumbrar al público.

Hoy, en “Los rostros de la vendimia”, atractivo visual, claridad narrativa y calidad integral se integraron en una puesta de alto impacto.

La originalidad es una cualidad esquiva en estos shows, pero Walter Neira lo logró en una puesta eminentemente coreográfica pero dramática a la vez porque, en sí mismo el diseño de la coreografía se deslizó con eficacia hacia la actuación logrando que la mayoría de las escenas fueran altamente expresivas, actorales, narrativas, asociadas en numerosos momentos a la danza-teatro.


Cuando los cuerpos hablan

Organizada en un prólogo, cuatro cuadros y un epílogo, la trama argumental comenzó con los “rostros” de los creadores de la fiesta: obreros, iluminadores, costureras, utileros, técnicos de la pirotecnia y equipo artístico protagonizaron seis escenas a todo ritmo.

En este prólogo radican las claves estéticas sobre las que discurrió toda la fiesta: voces de los narradores y bella música en vivo, poca y discreta utilería mayor y menor, atractivo vestuario, protagonismo de la coreografía dramática, escenas masivas y breves que le aportaron dinamismo constante.

Neira se elevó sobre el guión de Miriam Armentano, por momentos ripioso y barroco, para lanzarse de lleno en un desarrollo escénico concentrado en la sucesión de coreografías multitudinarias.

Éstas fueron el verdadero soporte narrativo del show porque, versionados en clave de danza contemporánea, cada uno de los temas interpretados por la poderosa e impecable banda en vivo a cargo de “Nene” Abalos y Walter Sabatini, se convirtió en mucho más que un malambo, un tango o una zamba.


El primer cuadro tuvo como tema a los artistas del Acto Central, bailarines y actores, músicos y locutores organizados en seis escenas sencillas y complejas a la vez, con originales y divertidas coreografías.

De esta suerte de presentación de los rostros de la vendimia “de la ficción” se pasó al segundo cuadro que retrató a los protagonistas de la vendimia “real”, es decir, a trabajadores rurales, contratistas y cosechadores que se unen en un ritual de fertilidad, en un romance de la tierra con el hombre y del hombre con la mujer; aquí, ellas con los ojos vendados se rinden al doble amor logrando un momento tan bello como lleno de ternura.

En una de las escenas de este cuadro, un poderoso malambo, Neira utilizó por primera vez la fuente que rodea el escenario central del teatro griego arrancando el primer aplauso contundente del público.

En el tercer cuadro apareció la Virgen de la Carrodilla sin ningún tipo de artificio: una escultura real en una carretilla real recorrió todo el escenario central con la melodía apenas tarareada mientras que un grupo de peregrinos, los “rostros” del público, la acompañaba con su cosecha, noches y ex reinas.

Este fue uno de los momentos menos logrados de la fiesta, en donde la literalidad se enseñoreó en el espectáculo, ya que a la imagen tradicional y clásica de la virgen se le sumaron burdos carteles con los nombres de los departamentos a través de los cuales se simbolizaba al público.

El “rostro” de Mendoza comenzó a perfilarse en el cuarto cuadro con la fundación de nuestra provincia hace 450 años, con la voz castiza de Pedro del Castillo, la bendición de la Iglesia y un impactante duelo entre los pueblos originarios y los españoles.

La escena de la invasión, el despojo y la muerte de los nativos fue uno de los momentos más dramáticos del espectáculo, donde lo puramente teatral alimentó con eficacia, habilidad y sencillez lo que se quería contar en una serie de acciones de alto impacto visual y emotivo.


En una seguidilla de bailes folclóricos pero siempre "tocados" por la danza contemporánea se narraron las relaciones de Mendoza con Latinoamérica y el resto del mundo. En una buena resolución de este obligado tema, Neira privilegió lo coreográfico-dramático pero sin “nacionalizar” en exceso y con un toque de humor al interrumpir por segundos el tema Otoño en Mendoza con música extranjera.

Finalmente, el epílogo retrató el “rostro” del hombre, la imagen del rostro en el vino que en la vendimia se hace plural y universal. De ahí el multitudinario final celebratorio, multicolor y abierto.


Luces y sombras

Sabemos el desafío que representa el espectáculo del Acto Central para cualquier director. Neira lo ha tomado tres veces con distintos resultados y ha aprendido de sí mismo y de la experiencia.

Así, “Los rostros de la vendimia” resultó el producto de una progresiva maduración, en la que Neira contó una historia clara, comprensible, de gran dinamismo, de fácil lectura para el público, en apariencia sencilla pero de compleja factura, realista, sin demasiado vuelo poético, con una importante apuesta a la música en vivo y a los locutores en vivo, evitando la literalidad, sin subestimar al público y apostando a la inteligencia de la gente.

Para ello se sirvió de las proyecciones en tres pantallas gigantes de imágenes documentales, de un amplio y despojado escenario distribuido en siete niveles correctamente usados, de la utilización de una sola grúa que contribuyó a limpiar la imagen general, de la posición de privilegio que le dio a los 16 músicos que ocuparon la escena, de un vistoso vestuario, de la medida utilización de utilería mayor y menor y de un eficaz diseño de luces.

Desechando los cerros como escenarios, Neira centró su apuesta en el afiatado despliegue coreográfico/ dramático y en la imaginación de la joven Antonella Terrazas que creó originales y dinámicas figuras llenas de teatralidad sin las cuales esta fiesta podría haber sido una Fiesta de la Vendimia más.

De una fiesta más fueron el cuadro y las escenas de la Virgen de la Carrodilla que representaron desde lo artístico el momento más bajo del espectáculo. También abusó de la fuente como escenario, interrumpió el buen ritmo del show basado en la brevedad de los cuadros demorándose con demasiado texto en algunas escenas como las que protagoniza el tango y no supo resolver correctamente el final.

El cierre de "Los rostros de la vendimia" pareció el de otra fiesta: frente al detalle y dinamismo de las escenas anteriores, la complejidad de maniobrar un poncho de tres capas y colores por parte de los bailarines motivó que el espectáculo mantuviera el ritmo pero ganara en confusión y la repetición de la misma multitudinaria coreografía le agregó monotonía a lo que venía siendo un show tramado sobre el cambio y la velocidad.

La versión murguera del "Canto a Mendoza", en vista del inminente Carnaval, intentó retomar la dinámica del show pero no lo logró terminando con un final abierto, caótico y sin imaginación. 

“Los rostros de la vendimia” fue en general ágil y dinámica, con dosis de originalidad dentro de lo que permite el género vendimia; logró claridad narrativa despegándose de un guión recargado y lleno de metáforas barrocas y consiguió momentos de gran belleza visual y de alto impacto en un puñado de escenas. Un más maduro Neira tomó el riesgo. Y logró uno de los más interesante espectáculos del Acto Central de los últimos años.

Patricia Rodón

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6 de Diciembre de 2016|11:19
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6 de Diciembre de 2016|11:19
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  1. tu lectura
    me encantan tus notas pero esta vez disiento. Te cuento la mía: me pareció aburridísima, salvo lo musical (en muchos momentos fue lo mejor de lo mejor). Me tocó estar con mi hijo de 12 que disfruta todo tipo de espectáculos "culturales" ( preguntaba cada cinco minutos cuándo terminaba de una buena vez) en un sector lleno de familias con viandas, todos bostezaban como guanacos.... puede ser desde alguna perspectiva parezca una fiesta muy cool, muy progre, y que sea políticamente incorrecto objetarla, pero siendo honesta, me pareció un bofe, indigerible, un cocoliche sin sentido. esperaba una fiesta popular no ese engendro exhibicionista de egos.
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  2. PARA LA PROXIMA ¡¡¡¡SAQUEN A SICILIA!!!! SI QUIERE SALIR QUE SALGA DE SR UVA NO DE LOCUTOR. SE AGRADECERÁ
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  3. Desagradable que intentes descalificar a los que opinan distinto a vos, sugiriendo que no tenemos autoridad para hacerlo y arrojando un "madre mia" sobre nuestros supuestos gustos en telas y comidas. El gusto dse cada uno es subjetivo y no sé quién tiene autoridad para opinar. Pero los teóricos de lo que nos debe gustar en el arte no podrán negar que esta puesta no fue una fiesta para el público, la respuesta fue muy fria tanto por parte de los que estaban en el anfiteatro como de los que la vieron por TV. De última, prefiero tener mal gusto a descalificar lo que siente la gente y a opinar desde la soberbia y el autoritarismo de los supuestos "intelectuales especialistas".
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  4. Patricia te tengo un gran respeto profesional pero o yo vi otra vendimia o estás siendo demasiado generosa con tu crítica. A mi me pareció fea, inconexa y de muy poco contenido. Musicalmente caprichosa y bastante desafinada. Fea, descoordinada, poco ensayada, aburrida. Visualmente (y en gran medida gracias a los leds) te doy la derecha que tuvo algunas perlitas interesantes. No comparto tu crítica pero igual te considero una periodista muy seria. Ojalá sea yo el equivocado pero en honor a la sinceridad NO ME GUSTÓ.
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  5. Me gustaría saber cuantos de los que opinan tienen autoridad, estudios o experiencias referidas a lo artístico y cultural. Supongo que las opiniones suelen estar basadas en su mayoría en el gusto, y por lo que sabemos SOBRE GUSTOS NO HAY NADA ESCRITO. Fíjense sino en las comidas o las telas. Madre mía
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  6. Por favor, saquen esta nota que es un insulto a la gente, a los artistas y sobre todo al periodismo. Es groseramente parcial y dice cosas increíblemente opuestas a la realidad. Respeto su afecto hacia Neira y es cierto que hubo algunas cosas logradas, pero el balance general fue bastante malo. ¿Cómo puede decir que fue un espectáculo ágil y dinámico, y con claridad narrativa?
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  7. Quiero hacer una salvedad con respecto al comentario de Claudia, cuando en el acta española se lee "a dos tiros de arcabuz.." debe interpretarse como una unidad de medida, no como un manifiesto de agresion contra el pueblo Huarpe. Era normal que el ejercito usase esta unidad de medida ya que el arcabuz tenia un rango de tiro de unos 50 metros. Atento a que el director Neira es un hombre de pocas luces y surge a las claras su escasa cultura historica hizo en la adaptacion del guion una lectura literal del acta redactada por el escribiente general del rey. Obviamente no defiendo a los españoles, que si vejaron y exterminaron a los pueblos aborigenes, pero cada cosa en su lugar, no por hacernos los progres, y defensores de los pueblos originarios llevamos a escena cualquier pavada so pretexto de ser literalmente historicos.
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  8. ESTO ES PARA LOS QUE HACEN VENDIMIA....LA TELEVISION ES HORRIBLE ,MAL ENFOCADA,MAL TRASMITIDA,FALTA DE CAMARAS Y ENFOQUES,YO LA PRESENCIE EL VIERNES Y ESTA MUY BUENA EL SABADO LA VI POR TV. UNA LASTIMA,NO SE APRECIA LO REAL Y LO GRANDE DE LA FIESTA !!!!ATENCION EN ESTO POR FAVOR
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  9. Dejando de lado la crítica poco objetiva a todas luces.., la fiesta tuvo algunos momentos rescatables, pero fue altamente criticable desde muchos puntos de vista. El uso del escenario y el diseño fue bastante deficiente en especial en las coreografías de contemporáneo. La selección musical fue mayormente aburrida y en algunos casos los cantantes desafinaron rotundamente. Es loable el esfuerzo realizado por llevar el relato en vivo, pero hubo una notable diferencia en el énfasis entre actores y locutores. Hubo cierto abuso del recurso del agua, que si bien es impactante, carece de originalidad. La melodía de la Virgen de la Carrodilla perdió fuerza con la interpretación. El cierre, si bien innovó con ritmo de murga que le agrega otro color a la marcha, fue absolutamente caótico, poco claro y sin un final definido.. Muy rescatable las intervenciones de actores, el impacto dramático del cuadro de los huarpes, el siempre poderoso malambo y el tango. En fin, creo que es mejor recibir una crítica objetiva que una adulación sin sentido para no perder una oportunidad de aprender y crecer...
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  10. A los mendocinos nunca hay p... que nos venga bien con la vendimia. Entonces me parece bien que la hagan para los turistas y punto. Al que le gusta bien, y al que no que no vaya o no la mire por tele. Tan fácil como eso...
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