Se vivió el Carrusel más kirchnerista de los últimos años con una emocionada y melancólica Cristina

La presidenta fue la protagonista absoluta del desfile, en un palco de autoridades con candidatos que buscaron, como trofeo, una fotografía para su propia campaña. La presidenta autografió, besó, se puso la coronita y se emocionó en varias oportunidades. Las barras kirchneristas se movilizaron para apoyarla e insultaron a los ambientalistas de la marcha antiminera.

Ha habido vendimias politizadas a lo largo de la historia y hoy el Carrusel fue copado literalmente por el kirchnerismo en todas sus manifestaciones, en un año electoral donde los candidatos mendocinos buscaron posicionarse de la mejor manera ante la presencia estelar de Cristina en el palco de autoridades.

La militancia K pernoctó en la Plaza Independencia. La orden era sencilla: instalarse frente al Hotel Hyatt -donde se llevó a cabo el desayuno de la Coviar, con anuncios importantes- con banderas de Guaymallén, Las Heras, el MUP y la Juventud Peronista, entre otras. Se trataba de la previa y ya desde temprano, comenzaron con los cánticos de trinchera y con un objetivo sencillo: la reelección de Cristina y la memoria por Néstor Kirchner. 

El paso de la marcha antiminera, con el diputado nacional y cineasta Pino Solanas, fue sin dudas el momento de mayor contrapunto. Fue, lisa y llanamente, una dialéctica de proclamas con la mínima separación de las vallas y cordones de policía. 

La manifestación ambientalista marchó al canto de "el agua de Mendoza no se negocia", con un Pino Solanas desafiante en el momento que pasó por delante de las barras K. Estos, a su vez, acusaron a los ambientalistas de "vendepatria" y de "gorilas", en tanto las críticas al director de "El exilio de Gardel" rasaban el "le hacés el juego a la derecha" y de "si nos tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar". 

El único político que saludó a Solanas fue el vicegobernador Cristian Racconto, que estuvo solitario en un costado del palco. El resto de la clase política prefirió la omisión, la distancia. Cuando una manifestante antiminera logró alcanzarles un folleto a Scioli y Boudou, éstos sonrieron e inmediatamente lo guardaron en los bolsillos de sus sacos. La ambientalista se ofuscó y les reclamó que por lo menos lo leyeran.  

Marcada por el pulso electoral, este Carrusel ha sido mucho más político que aquel que se vivió hace dos años, en 2009, cuando Cristina fue protagonista de la Vendimia. 

Como consecuencia, los candidatos en danza hicieron todo lo posible para estar cerca de la Presidenta. Fue un juego de posicionamientos, para lograr ese máximo trofeo: una foto con Cristina. Hubo acercamientos silenciosos, paulatinos y otros que no se despegaron nunca de los flancos presidenciales. 

Alejandro Cazabán arrancó solitario en el palco de autoridades, acompañado por Jorge Tanús a un costado y alejado de la mandataria. Diferente postura tomó el ministro de Producción Raúl Mercau, que junto a Julián Domínguez, secretario de Agricultura de la Nación, logró estar en los primeros planos desde el primer momento. Pero después Cazabán se desperezó y, paso a paso, hasta ocupar una posición cercana y por algunos momentos logró que las cámaras lo tuvieran en cuenta. 

Su rival, el también sanrafaelino Omar Félix -ex intendente y actual diputado nacional, que el jueves oficializó su aspiración a la gobernación en Canal 9- se mantuvo detrás a unos escalones de Cristina. Luego, sin que se notara, fue bajando uno por uno. Hasta prácticamente quedar como guardaespaldas presidencial, junto a Francisco Pérez. Y, en medio del cholulaje que se vivía en el palco, hasta le pidieron que le sacara una foto a Cristina junto a la esposa de un funcionario provincial.   

También el ministro Francisco Pérez se mantuvo cercano y expectante, para dar el salto. Al principio, acompañó al ministro de Economía, Amado Boudou y al titular de Anses, Diego Bossio -uno de los que apoya la candidatura de "Pako" Pérez para gobernador-, los funcionarios nacionales más simpáticos del palco, en oposición a un Daniel Scioli con la expresividad propia de un "Clint Eastwood": parco, inexpresivo, custodiado de cerca por una elegante Karina Rabolini. El resto de los funcionarios de la Nación aprovecharon para comer chivito al pan al tiempo que sacaban fotos con el último modelo de Iphone.

Paco Pérez se anotó un punto a favor: en el momento en que pasó un carro con una de las unidades del metrotranvía, se paró y le explicó a la presidenta e incluso al gobernador bonaerense.

Hasta los candidatos peronistas que van por las intendencias y están en el gabinete de Celso Jaque intentaron llegar hasta Cristina. Entre ellos, el titular de la OSEP, Marcelo Costa -que se candidatea por Godoy Cruz y en la interna con Pablo Cazabán- y el director General de Escuelas, Carlos López Puelles -que intentará pelear por la municipalidad de Luján de Cuyo-. 

Algunos participaron de situaciones insólitas. Fue el caso del intendente demócrata de Luján, Jorge Difonso. Cuando el carro de San Carlos pasó por el palco, eludió la custodia presidencial para llegar hasta Cristina y Celso Jaque. Y resistió, pese a los pedidos de los guardaespaldas. Entonces, pudo hablarle a la presidenta. No fue el único "opositor" en el palco. También se lo vio acompañado de su esposa al intendente de Luján, Omar Parisi, a quiénes los demócratas han criticado su acercamiento al oficialismo. 

Celso Jaque volvió a vivirlo a su manera y hasta se dio pequeños gustos. Volvió a ejercer de notero de los canales, hizo de mediador de cuanto regalo le acercaban a la mandataria, orientaba a Cristina cada vez que pasaba un carro y ella escuchaba sin dejar de abanicarse por el calor -cuando podía volvía a su asiento, para descansar y una asistente le alcanzaba en esos momentos un vaso con Gatorade de manzana, para evitar la deshidratación-. Vimos, al igual que hace dos años, a un Jaque desatado, más en carnaval que en vendimia, que se dio el placer de sentar a su pequeño nieto en las rodillas para que la misma presidenta le hiciera unos mimos.

Cristina vivió, decididamente, por su protagonismo un carrusel aparte. Mostró más de una faceta, tímidamente en algunos casos. Todavía con el luto a cuestas, sus reacciones fueron un reflejo del fervor popular que se desató a su alrededor. 

Aplaudió y distribuyó besos; firmó todo lo que le pasaron -la bandera de Racing, folletos de la OSEP, hasta credenciales de prensa-; recibió regalos de todo calibre -vinos y botas de cuero para beber-; estiró sus manos temerosa de los granos de uva arrojados por las reinas; hizo los dedos en "V"; alzó y beso pequeños niños; saludó cual candidata vendimial y se emocionó en varios pasajes. 

Contemos dos escenas de esto último.

Un hombre en silla de ruedas logró acercarse a una cierta distancia del palco, sobre calle Chile. No logró más, dado que el tumulto de periodistas y de militantes junto a las vallas se lo impidió. Pero desde ahí y pese a su situación logró dar en la fibra íntima de la mujer del ex presidente. El cartel que llevaba decía: "Los políticos me dejaron en silla de ruedas". Cristina hizo un sólo gesto: los índices sobre sus ojos, para señalarle que había logrado hacerla lagrimear.

Vicky Martínez fue candidata por la cuarta sección de Capital. No logró el reinado. Pero si por algo llamó la atención -fue nota en MDZ- es por su afiliación a la Juventud Peronista. Una candidata kirchnerista en un bastión radical con un intendente, Víctor Fayad, cercano al oficialismo. Cuando el carro vendimial de Capital pasó por el palco, la candidata "K" -es estudiante de Ciencias Políticas- hizo que le pasaran a Cristina un cuadro de Perón y Evita. La presidenta volvió a emocionarse, mientras la militante-reina exhibía un cartel: "Fuerza, Cristina".

Estos fueron los episodios del carrusel kirchnerista, con una Cristina que, aún tímida, se puso por un instante una coronita de juguete y que firmó sin problemas un dibujo que marca la matriz cultural forjada por el kirchnerismo ortodoxo: una "EterCristina", esa imagen que también suele verse del ex presidente enfundado en el traje de buzo del mítico personaje creado por Héctor Oesterheld.    

Pero entre los cánticos de trinchera por su reelección, entre los miles de regalos y los autógrafos constantes, entre los saludos de las soberanas y las fotos pretendidas por los candidatos peronistas, hubo instantes en que dejaba pasar una cierta mirada. Con la cabeza inclinada hacia un costado. Esa mirada, con leve melancolía. 
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19 de agosto de 2017 | 03:01
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