Una Vendimia para todos

El Diputado Nacional Omar Félix (PJ) reflexiona sobre los significados que tiene la máxima celebración de los mendocinos, analizada desde la perspectiva Justicialista.

La vitivinicultura mendocina y argentina se sustenta sobre el modelo histórico de pequeños y medianos productores que, distribuidos en el territorio, le dan vida a todo un sistema de oasis productivos que permiten el arraigo de familias que transmiten a sus hijos pautas culturales que trascienden lo estrictamente económico, para configurar los valores de una comunidad.

Hoy, desde el estado nacional se está trabajando fuertemente sobre una batería de  medidas (devolución de derechos de exportaciones, subsidios, créditos subsidiados, programas de calidad, etc) para mejorar la rentabilidad económica de bodegueros y productores; hecho que celebramos y acompañamos, ya que marca un antes y un después en las políticas aplicadas por un Gobierno para el crecimiento del sector.

También estamos convencidos que estas acciones, aunque necesarias, no bastan para lograr un desarrollo del sector que permita decir que no sólo hemos mejorado la realidad productiva del mismo, sino que hemos mejorado sustancialmente la calidad de vida de los productores y trabajadores que son los eslabones más débiles de esta cadena. 

Tampoco podemos dejar de marcar que este crecimiento económico, en muchos casos, trajo grandes desequilibrios sociales como la concentración de la riqueza y  expansión de la pobreza, el aumento del desempleo, las concentraciones de población y aumento del territorio abandonado, un impacto ambiental negativo y, por último, exclusión social con creciente  marginalidad.

Como muy bien nos lo marcara Juan Domingo Perón en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, debemos “fomentar el incremento de la gestión empresarial privada con su dinamizadora dosis de creatividad, pero enmarcada dentro de un contexto donde debe prevalecer una distribución socialmente justa”; por ello, se impone instalar un modelo vitivinícola y agroindustrial que tenga, entre sus ejes, la justicia social y donde los eslabones más débiles de la misma (productores y trabajadores), puedan percibir la parte que realmente les corresponde en la renta, evitando los permanentes desequilibrios que traen aparejados los males sociales arriba expuestos. 

Todos los datos poblacionales nos indican una franca disminución de los jóvenes en los oasis productivos y, cuando conversamos con alguno de ellos, la respuesta es siempre la misma “en los distritos la vida es más tranquila y humana, pero no tenemos posibilidades laborales y condiciones sociales que nos permitan quedarnos”. Es evidente la atracción comparativa que poseen los grandes centros urbanos para ellos, aunque muchas veces terminen engrosando la población de alguna villa o barrio humilde de la ciudad.

Si profundizamos en las causa de esta migración, nos encontraremos con graves problemas en áreas de salud, educación, vivienda, transporte, servicios públicos, cultura, deporte, esparcimiento, etc; en definitiva, todas variables sociales que permiten o no, que una comunidad, más allá de crecer económicamente, se pueda desarrollar como tal, permitiendo también el desarrollo de quienes la integran.

De lo que se trata es de volver a poner la alta política por encima de la economía, de volver a pensar la provincia y la región como un territorio inclusivo, en donde se asienten familias y comunidades que trabajan para desarrollarse plenamente como tales y, a las cuales, hay que facilitarles hacerlo. Es fundamental contar con un Gobierno que tenga una visión estratégica de la provincia, en donde el desarrollo sea un eje transversal en todas las decisiones que se tomen, posibilitando que el trabajo, la salud y la educación, sean las tres patas de un triangulo virtuoso que permita que recuperemos la provincia desde un modelo social inclusivo en lo económico, lo social y territorial.

Se trata de reconocer en vendimia la alegría en el rostro de nuestra gente por el esfuerzo compartido junto al hijo que se quedó, se trata de volver a ver a nuestros pueblos y distritos llenos de jóvenes que apostaron a la cultura del trabajo y el  esfuerzo en la tierra,  siendo recompensados,  justamente, por sus frutos.  Se trata de dignificar la vida de nuestra gente de campo, de volver a ocupar en forma inteligente el territorio, evitando la trampa moderna de la exclusión en las ciudades. Se trata del reencuentro de las nuevas generaciones con los sueños de sus abuelos, se trata de poder volver a entonar la cueca de la viña nueva en la esperanza del surco abierto, escuchando en la noche y a cielo abierto, mil cantos lugareños. Se trata en definitiva, de poder tener vendimias para todos.

Opiniones (1)
17 de agosto de 2017 | 09:05
2
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17 de agosto de 2017 | 09:05
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  1. Mucho escribir, mucho Perón, Evita, pero pocos proyectos y menos de poner lo que hay que poner para enfrentar al CAZABAN que es JAQUE, todo cuento al final después de tanto berreta que era se lo van a terminar comiendo del miedo que le tienen. Mientras tanto presenten un proyecto para Mendoza, algo como la gente, digan algo disntinto, parecen o están adormecidos, austados o cómodos? SINCERAMENTE CAZABAN SE LOS LLEVA PUESTO A TODOS . Respetuosamente
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