Tragedia en Mendoza: El video del momento en que se conoció la muerte de Leonel

La tristeza invadió anoche la finca El Pegual, de Fray Luis Beltrán, donde murió el pequeño Leonel de sólo 3 años. Estuvo más de 4 horas en un pozo de más de 20 metros de profundidad. Mirá el momento en que sacaron el cuerpo del niño. 

Hay noches que son muy tristes y la última fue una de esas. Un niño de 3 años murió en forma trágica al caer en un pozo. Estuvo 4 horas 45 minutos allí solo, en la oscuridad y con el agua hasta la cabeza. Cuánto estuvo con vida, no hay precisiones, probablemente un par de horas.

Cerca 70 rescatistas hicieron lo posible para sacarlo vivo, ante la mirada de la familia del pequeño y de los jornaleros, del vicegobernador Cristian Racconto, del intendente de Maipú, Alejandro Bermejo, y funcionarios de Seguridad, hasta que sin esperanzas lograron sacar ese cuerpito de la manera que podían, la cual es mejor no narrarla con detalles. 

La finca donde murió Leonel está ubicada en Fray Luis Beltrán. Se llama El Pegual y tiene 100 hectáreas. El pequeño cayó en un pozo de 30 centímetros de diámetro por 22,5 de profundidad. Se podría decir que es hasta difícil caer allí, debido al ancho del pozo; pero lamentablemente sucedió.

Los bomberos y efectivos policiales hicieron todo lo que estuvo a su alcance para sacar a Leonel con vida. Las esperanzas se desvanecieron cuando la soga que introdujeron para que el niño la tironeara, dejó de moverse, allí los rescatistas pensaron lo peor, todo indicaba que  el niño ya no estaba con vida. Sólo tenues movimientos se percibían, pero eran producto del agua que había en el pozo.

La certeza llegó cuando con una cámara de fotos que descendió la empresa Aysam (Aguas Mendocinas) con una especie de sonda tomó imágenes de Leonel. Estaba con la cabeza introducida en el agua y ya no se movía. Algunos funcionarios que estaban allí comunicaron el deceso del nene. Otros con sólo deseos y prudencia no confirmaban la muerte y esperaban a que la certificaran los médicos cuando extrajeran el cuerpo.

Sacar el cuerpito del niño fue una ardua tarea. Los rescatistas no podían sacarlo  porque el pozo era muy angosto. Romperlo, fue otra de las ideas que se pensó y hasta llegaron al lugar dos retroexcavadora a la finca, derrumbaba con cualquier esperanza: al niño se le vendrían kilos de escombros encima y además el tiempo apremiaba.

En un intento desesperado, ataron a la hermanita de Leonel por los pies y la bajaron. Ella alcanzó a tocar la cabeza del niño, aunque no pudo hacer más que eso. Al parecer, cuando sucedió esto, ya había dejado de moverse.

La única manera de sacarlo era engancharlo y subirlo y así sucedió. Varias personas estuvieron concentrados en lograr el objetivo. Había mucho silencio en el lugar, porque la tristeza y el respeto no permitían otra opción. Los que hablaban los hacían en voz baja.

La cúpula del Ministerio de Seguridad, encabeza por su titular, Carlos Aranda, y seguida por el jefe de Policías, Juan Carlos Caleri, el jefe de la cartera Gabinete, Eduardo Bauzá, y otros funcionarios observaban el desenlace de la tragedia.

También había gente de la Municipalidad de Maipú, entre ellos el intendente Alejandro Bermejo. Llegó el vicegobernador de la Provincia, Cristian Racconto, que dejó la Fiesta de Cosecha cuando se enteró de lo que sucedía en esa finca casi escondida de Fray Luis Beltrán. Él contó, que le pidió ayuda a un grupo de rescatistas de montaña pero que por las dimensiones del pozo no podían hacer nada.

Contorsionistas del Circo Rodas fueron hasta ese campo para colabrar, pero tampoco podían introducirse; el diámetro no lo permitía. También un camarógrafo de un canal de televsión se ofreció para introducirse en el pozo.

Todas estas personas mencionadas estaban en el interior de un perímetro cercado con cintas. Por fuera estaba la familia de Leonel que no quería acercarse, según se escuchó allí. Y dispersados una gran cantidad, unos 40 por lo menos, de trabajadores golondrinas, en su mayoría bolivianos y peruanos. Éstos no querían levantar mucho la vista pero buscaban a los periodistas para contarles algunos secretos de lo que ocurre en esa finca.

Antes de conocer esas “intimidades” relatadas con mucho miedo, mirá el video de lo que sucedió anoche en esa finca de extrañas historias; las declaraciones del Vicegobernador Racconto y del jefe de Bomberos, Marcelo Dapaz; las felicitaciones emotivas del ministro Aranda a los bomberos que se apartó de los micrófonos y cámaras porque pretendía estar en soledad con sus subordinados, más allá que una bomba de agua poco permitía escuchar; y cómo es el pozo donde cayó Leonel.

<Fue un accidente pero no doméstico, por lo tanto era evitable. Ese pozo estaba abierto y no  cerrado como dijo la encargada o dueña de la finca. Al parecer esta mujer pretendió instalar la idea de que el niño fue y se metió solo y porque sí. 

Ese pozo está al lado de una casa donde no vive la familia de Leonel, aunque en la finca dijeron que sí. Vive en el interior de la finca junto a otras cuarenta personas o más en condiciones de animales, “como perros” fue el término que utilizaron algunos de los trabajadores golondrinas que trabajan en esa finca.

A la noche, estos extranjeros se acercan hasta esa casa que está al lado del pozo donde cayó el chiquito porque allí les dan una gaseosa y algún que otro alimento. A eso fue anoche la madre de Leonel, acompañada por él, y fue en ese momento que antes de llegar a la vivienda se cayó.

De estos querían hablar estos empleados cuando vieron llegar a los periodistas, incluso dijeron quién es el verdadero dueño de esas 100 hectáreas, pero no hay confirmación de ello.

Contaron que cuando Leonel cayó al pozo los capataces hicieron todo lo posible para que no sea necesario llamar a la Policía, pero cuando esto fue ineludible los hicieron esconder a todos en el interior de la finca, incluso entre las plantaciones. Incluso estaban custodiados, “tierra adentro”, por el personal de seguridad.

La oscuridad era casi total y el helicóptero de la Policía debió guiar a los rescatistas hacia el interior de la finca, donde está el pozo. “Cuando apareció la nave nos hicieron esconder entre las hileras”, contó  uno de estos trabajadores que viven en carpas — según ellos— de nylon y algunas lonas; es decir, en la precariedad casi absoluta.

Anoche la tragedia habría desnudado también el trabajo esclavo de no se sabe cuántas personas, pobres, sin instrucción, morochos, tímidos pero que el dolor por la pérdida de un niño igual que el de cualquier de estos jornaleros, los hizo hablar.

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14 de diciembre de 2017 | 10:30
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