La rebelión acorrala Trípoli y busca un nuevo gobierno

Abdel Al Jalil, que es uno de los ministros que abandonaron a Kadafi en los primeros días de la crisis  repudiando la sangrienta represión que lanzó contra el pueblo libio, dijo que en esa administración habrá “personalidades civiles y militares”. La resistencia tiene tal magnitud que en Italia, el principal aliado de Kadafi, a quien comparan con el genocida camboyano, sostuvo ayer que todo estaba ya jugado y que la caída del régimen encabezado por  Kadafi es ya una cuestión inevitable.

Son tres y el más pequeño tiene 14 años, dos, quizá tres menos que los otros. Los ojos conservan aun la mirada blanda de niño pero el terror se los enciende y parecen lámparas en su rostro negro profundo. Están los tres arrodillados a un costado de la ruta, en un recodo a 35 kilómetros de esta ciudad, virtual capital de la revolución libia . Sus captores, todos militantes rebeldes, dicen que los detuvieron porque son mercenarios extranjeros de las bandas de matones de Muammar Kadafi.

El caso exhibe con claridad la degradación en Libia y los problemas que enfrenta el dictador cada vez más aprisionado en su bastión de la capita l para recuperar la iniciativa, mientras los rebeldes avanzan hacia Trípoli y forman un Consejo Nacional que une a las ciudades liberadas.
El niño de 14 no alcanza a decir su nombre, pero sí la edad y que viene de Jartum, en Sudán. Se lo dice en árabe a una colega del diario El País de Madrid que ha viajado con su fotógrafo y otro periodista del diario ABC, junto con este enviado de Clarín desde Tobruk, 600 kilómetros atrás.

La camioneta que nos lleva se detiene al grito de todos cuando advertimos de pronto esa escena de guerra en la banquina, después de horas de un camino tranquilo. La situación es fuerte. El niño mira a la mujer pidiendo un auxilio que sabe que no tendrá. Y los ojos, solo ellos porque el cuerpo como congelado no se mueve, saltan de uno a otro de los periodistas de los demás vehículos que se han ido deteniendo en el mismo sitio. Sobrecoge verlos disciplinados con las manos alzadas, obedientes y aterrados sin saber qué será lo que sigue. Los otros dos, ambos de menos de 18 años, uno de ellos con la cabeza aún cubierta por la campera, miran más duro, más acostumbrados, ocultando el miedo.

Uno de quienes los vigilan usa una campera en la que se lee que es parte de la Media Luna Roja, la versión en los países musulmanes de la Cruz Roja Internacional. Pero no pertenece a la organización, sólo viste esa prenda. Afirma que los chicos “no tienen pasaportes y son mercenarios de Chad”, uno de los países de los cuales Kadafi ha obtenido soldados pagos.
A este hombre no le importa que estos muchachos digan que vienen de otro lado. “Son mercenarios”, repite una y otra vez ofuscado. En todo caso, también Sudán, ha proporcionado fuerzas a esas milicias de matones.

Pero estos son muy chicos y aunque sean parte de esta locura, no cuesta ver que no adivinan de qué se trata lo que ocurre en este país. En el suelo, alrededor de ellos hay valijas, algunas nuevas que ellos llevaban. Y dos bultos de ropa, envueltos en frazadas. Los tres van bien vestidos. Tiene camperas gruesas y camisas y remeras para aguantar el frío que va llegando a esta parte del este libio. Toda la escena esta cargada de detalles. Se nota que no son inmigrantes laborales, que suelen ir en familia. Y los tres se estaban yendo a pie por esa ruta con un rumbo probable hacia la frontera con Egipto, a casi 800 kilómetros de ahí. Estaban huyendo y no parece que llevaran armas.

A dos horas de ahí, en Shajal, hay una escuela donde están detenidos casi dos docenas de niños soldados mercenarios de distintos países africanos y también de Libia, arrestados por los rebeldes, parte de los que Kadafi ha enviado como carne de cañón de esta guerra bestial a cambio de una paga para sus familias que es más de lo que ganarían en largo tiempo en sus países.

No es difícil sospechar qué hacían los tres chicos en la ruta, con ropas y equipajes que les ha costado comprar. Pero es un dato sumamente interesante que, si como todo lo indica, son mercenarios, se los haya atrapado cuando estaban huyendo. En la ruta, los tres chicos fueron llevados a un auto, justo cuando los periodistas nos íbamos. El más niño dejó ya de buscar con los ojos. Muchos mercenarios adultos han sido colgados y estos van a ir a la escuela de Shajal donde nadie sabe qué les sucederá en medio de esta tensión.

Entre tanto, lejos ya de ellos, este sangriento conflicto que ya cumple 13 días, parece definitivamente destinado a resolverse en Trípoli y algunos suburbios relativamente cercanos, donde el régimen ha concentrado su poder de fuego. Todo alrededor de la capital es una mala noticia para el dictador. Ha perdido control definitivo de la petrolíferas, los rebeldes van escalando su decisión de no retroceder y han conquistado una importante plaza a solo 50 kilómetros de la capital y se multiplican los rumores no confirmados de que hay en marcha una fuerza de más de 50.000 hombres que se lanzará sobre Trípoli. El trance es tan delicado que corre peligro de caer en manos republicanas Sirte, la ciudad natal del líder libio al este de la capital, a donde ha enviado parte de sus fuerzas para evitar el bochorno de una derrota.

Bengazi se ha convertido en la cabecera de ese movimiento de cambio. Es una ciudad enorme, con altos edificios y una costanera elegante donde están los principales hoteles pensados para un turismo que disfrute la belleza del Mediterráneo turquesa, ahí enfrente. La ciudad se comporta como si ya estuviera todo definido y recibe además a los periodistas con la novedad de que cuenta con una muy buena conexión de internet y comunicaciones móviles. No se ven aquí retenes ni mayor vigilancia, hay mucho movimiento de automóviles y los negocios están abiertos al igual que los bancos . La gente sigue celebrando en la plaza central con banderas revolucionarias y fotos destruidas del dictador. Es aquí donde los revolucionarios han comenzado con algo más que señales para avanzar en la conformación de un gobierno cívico militar de transición para cuando termine del modo que sea la dictadura de 42 años.

Mientras esa gestión avanzaba ayer –negociada por el ex ministro de Justicia de Khadafi, Mustafa Abdel Al-Jlil– caía en manos de los rebeldes Misarata, la tercera ciudad del país a unos 200 km. al este de Trípoli. Pero lo más relevante del parte de guerra es que los opositores han tomado Zawiya, a unos 50 kilómetros de la capital, donde se han venido librando terribles batallas toda la semana pasada. La gente ha construido ahí barricadas provisorias, y armó la defensa con el auxilio de militares que desertaron al bando republicano. Las armas que usan son las que tomaron al enemigo y con ellas repelieron ayer a los batallones del régimen . Al cierre de esta edición, sin embargo, la pequeña ciudad estaba rodeada por los tanques de Kadafi y había peligro de un fuerte contraataque.

Allí, el jueves pasado, efectivos oficialistas atacaron a una muchedumbre de más de dos mil personas con armas pesadas antitanques y ametralladoras. Los vecinos del lugar se refugiaron en una mezquita que fue duramente bombardeada con granadas y morteros y que quedó semidestruída. Después, la gente se reorganizó y logró esta victoria de ayer. La seguridad de que esta pesadilla tiene las horas contadas explica la iniciativa de construir una alternativa de gobierno de transición.

Abdel Al Jalil, que es uno de los ministros que abandonaron a Kadafi los primeros días de la crisis en repudio a la sangrienta represión que lanzó contra el pueblo libio, dijo aquí que en esa administración habrá “personalidades civiles y militares”.
No dio sin embargo detalles de cómo será esa estructura ni cuánto tiempo se prevé para la fundación y organización de partidos políticos, que aquí hoy no existen, ni de un eventual calendario electoral.

Con todo, la resistencia tiene tal magnitud que Italia, el principal aliado de este dictador sangriento, a quien uno de sus propios funcionarios renunciando comparó con el genocida camboyano, sostuvo ayer que todo estaba ya jugado y que la caída de Kadafi es ya una cuestión inevitable. Las relaciones de Roma con Libia han sido muy sólidas debido a que Italia compra al país africano 30% del petróleo que produce.

Libia es, además, el mayor socio de Europa en este rubro, que recibe hasta 70% de todo lo que extrae. Aun con esos números sobre la mesa, Franco Frattini, el canciller de Silvio Berlusconi, confirmó en una breve declaración de este domingo que su gobierno le retiró la mano al dictador al sostener que “creemos que se está ya un punto de no retorno” y reveló que se suspendieron todos los vínculos con el régimen de Kadafi.

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