Un Club con historia, pero ante todo, un Club de amigos

Cual si fuera el escenario de la letra de algún tango, se abren las puertas de “El Club”, un bar “de los de antes” con café y juegos de mesa que invita a sumarse a una charla de amigos, a un encuentro de nostalgias. Don Salinas es el dueño de una casa, que si sus paredes hablaran, repetirían una historia de amistad.

Héctor Atilio Salinas es un hombre que va a cumplir 81 años. Es marido, padre de 7 hijos, abuelo y bisabuelo y desde hace 31 años es el dueño y atiende “El Club”. Se trata de un bar emplazado entre el edificio de la delegación del Ministerio de la Producción y el de Rentas del Municipio. Allí hombres, la mayoría mayores de 50 años, disfrutan del cafecito, de una charla, de un partido de truco, chin-chón o de dominó, y por sobre todo, de un grupo de amigos entrañable.

Luego de trabajar más de 25 años como lechero –cuando la leche se vendía suelta- Atilio comenzó a atender la cantina de la sede del club Quiroga que estaba frente al hospital Schestakow, pero por razones económicas se mudó frente a la plaza San Martín, a una propiedad que era de Elena de Pont Lesica, donde hoy persiste el bar. Don Salinas atendía a los miembros del club Quiroga hasta hace unos 15 años que se fueron a su sede actual. Sin embargo al bar le quedó el nombre “El Club”, porque era como lo conocían sus clientes.

Actualmente El Club tiene una clientela fija que ronda las 40 personas, más otros que, dada la cercanía que tiene con el edificio de la Municipalidad, pasan de vez en cuando. Los clientes juegan a veces “por la vuelta de café”, pero está prohibido hacerlo por dinero.

Don salinas, junto a su mujer Isabel.

Quienes concurren consuetudinariamente llegan no muy temprano en la mañana y se van temprano en la noche, por lo que cierra a penas pasadas las 22.00, aunque a veces don Salinas y los clientes que son amigos pasan a un quincho que hay detrás del bar a comer un asadito, o se van por ahí “de parranda”.

 

“El bar es mi vida. Sin el bar al poco tiempo dejaría de vivir porque son tantos años en esto, que tengo una amistad con mi clientela, con los muchachos”, dice don Salinas.

Su esposa desde hace 60 años, Isabel, es de las mujeres que pueden decir que “tienen a su marido todo el día en el bar”, pero literalmente. “El Club es su vida. Su trabajo siempre lo hizo con amor a la par de criar 7 hijos, 6 mujeres y un varón”, dice. 

Don Salinas asegura “no tener más anécdotas para contar que la amistad misma”, y eso se ve reflejado en varios cuadros con fotografías que tomó uno de sus clientes a lo largo de los años.

Es triste ver que muchas de las personas que aparecen en esas fotos fallecieron, pero son el recuerdo de una palabra que trasciende la vida misma, “amistad”. “Es un club de amigos. La clientela está desde hace tantos años, que ya parece su casa”, dice el dueño.

“Soy un hombre muy feliz”, asegura don Salinas mientras se prepara para sacarse una foto con algunos de sus clientes, sus amigos.
Opiniones (1)
21 de octubre de 2017 | 20:22
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21 de octubre de 2017 | 20:22
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  1. Excelente la nota, divertida y conmovedora. Que bien nos hacen estas historias que hicieron historia en San Rafael, si dan ganas de ir ya mismo a ese bar y tomar un vinito con soda!
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