Verso, baile y vino: los guiones de la Fiesta de la Vendimia

Fue en 1958 cuando se introdujo una trama argumental al espectáculo, que hasta entonces había consistido sólo en la presentación de diversos números musicales y la lectura de algunas glosas. Autores de diversas épocas reflexionan sobre este particular y desafiante género.

Cuadro de la fiesta de 1979, "Vendimia hechicera", escrita por Elvira Maure de Segovia.

Mientras Roberto Arlt publicaba El jorobadito y Homero Manzi componía sus célebres Grisel y Milonga sentimental, Alfredo Goldsack Guiñazú leía el poema Canto vernáculo de Vicente Nacarato en la primera Fiesta de la Vendimia de Mendoza.

Era 1936 y comenzaba una historia nueva, no sólo para los miles de mendocinos que desde entonces la festejan cada año, sino para cientos de artistas. Escritores, actores, bailarines, coreógrafos, directores, músicos, escenógrafos y pintores han tenido desde el comienzo de la fiesta una relevante participación en su concepto y desarrollo.

Fue en 1958 cuando se introdujo una trama argumental al espectáculo, que hasta entonces había consistido sólo en la presentación de diversos números musicales y la lectura de algunas glosas.

El gran innovador, Abelardo Vázquez.
Claro que el concepto de trama argumental de entonces no es el que tenemos hoy. Se trataba sobre todo, según el año, de la presentación de estampas evocativas de los países limítrofes, de los países productores de vino, de los países americanos o de los países de origen de los inmigrantes argentinos, acompañadas de un puñado de cuadros vinculados al folclore mendocino en los que la Virgen de la Carrodilla tenía un papel protagónico.

Estos cuadros eran llamados “estampas líricas” o “estampas musicales” según predominara el canto o la danza.

Sólo en 1960, durante la llamada “década de Abelardo Vázquez” esa trama argumental de la fiesta comenzó a tener más coherencia interna bajo su dirección. Abelardo Vázquez, intenso poeta, le aportó al acto central de la vendimia un sentido casi litúrgico de la celebración del vino.

Sus unánimemente recordadas diez fiestas se sucedieron durante los años ´60 y ´70; en ellas no sólo renovó la lírica de las viejas glosas, sino que introdujo el concepto de espectáculo integral combinando la teatralización y la canción con efectos de luz y sonido e incorporando lo cerros que rodean al teatro griego Frank Romero Day como escenarios secundarios.

El concurso a través del cual se elige un guión para la Fiesta de Vendimia comenzó a realizarse hace treinta años. Desde hace casi una década el concurso perfeccionó sus bases invitando los artistas a ofrecer una propuesta artística integral, en la que dirección, guión, música escenografía, luces, vestuario y demás elementos del espectáculo convergieran en una sola puesta en escena.

El espectáculo de 1974, "Vendimia de la Patria grande", de Luis Villaba y Eduardo Hualpa, incorporó el tema político.


Cuando los guionistas hablan

Muchos han sido los mendocinos que, escritores o no, tentados por su vocación de vendimia y por ejercitar un desafiante género híbrido desde el punto de vista literario, han ganado este concurso que nunca deja de ser polémico. Compartamos algunas de sus experiencias y reflexiones.

El poeta Juan López creador de Cosecha de esperanza (2009) relata que “me llamó por teléfono Sergio Embrioni una noche de marzo de 2008, porque el equipo de Walter Neira quería hacer otra vendimia central pero no tenía guionista. Nos reunimos con Walter y le propuse una historia sin lenguaje grandilocuente ni vacuo, sin expresiones al estilo "pámpano inmemorial". Que no fuera una serie de postales turísticas. Para un escritor es una experiencia incomparable. Escribí en función tanto de mis ideas como de lo que proponía Walter y sugería el resto del equipo. Cero torre de marfil, pero a la vez había que ponerle poesía y belleza al texto. Creo que el jurado valoró la composición en verso, la poética simple y el mensaje cercano a los valores y al sufrimiento y la alegría de quienes hacen posible el vino, los laburantes de la tierra. Creo que es una de las primeras fiestas centrales en muchos años que no fueron vapuleadas por la prensa cultural, que no es poco”.

Gladys Guerrero, poeta, narradora y coautora de Mendoza, mujer de vendimias (1987) y Alma de vendimias (1996) opina que “una hace vendimia porque te gusta mucho, a pesar de todas las dificultades que tiene. La vendimia es un género híbrido donde no se  puede hacer literatura, pero en el que caben la poesía o la narrativa. Una cosa es cuando estás escribiendo el guión y otra muy distinta cuando se pone en escena porque las críticas apuntan siempre al guionista y sin embargo la responsabilidad la tiene el director. Pasa que si hacés un guión muy elevado a la gente no le llega y si hacés un guíón más elemental todos te pegan. Como la vendimia tiene siempre los mismos elementos no podés hacer muchos cambios. Es una fiesta tradicional y tenés que poner sí o sí los elementos de la tradición. Además, estás condicionada por la visión del director. No podés ser muy creativa. No podés salir de la glosita y el bailecito”.

Para la poeta Beatriz Di Masi, cocreadora de El romance del sol y del agua (1984), Mendoza, mujer de vendimias (1987) y Mendoza, alma de vendimia (1995), “la grandiosidad del anfiteatro colmaba mis sueños de niña, junto a tantos participantes dirigidos por el Pocho Ginovart. Pese a los comentarios periodísticos de entonces, ácidos y peyorativos tildando el espectáculo de "acto escolar", entendí que eso era nuestra Fiesta de la Vendimia: una suerte de puente al conocimiento de lo que somos, de dónde venimos y cuál es el proyecto que imaginamos para los mendocinos. Como para mostrar que sí se puede hacer docencia, persistí, junto a Gladys Guerrero, con "Mendoza, mujer de vendimias" bajo la dirección de Cristóbal Arnold y la mirada artística de Fernando Lorenzo. Ellos interpelaron nuestra literatura, demasiado descriptiva, lo reconozco, y en 48 horas hicimos una "devolución" que sirviera a la puesta en escena. Fue una experiencia rica de la que guardo los mejores recuerdos para esos dos grandes que marcaron hitos en la historia de las letras y el teatro de Mendoza”.

Miriam Armentano fue la autora del guión "Vendimia huarpe", de 1983.

El poeta Luis Alvarez Quintana, autor de Vendimia del vino mágico (1997), tuvo una experiencia muy negativa como guionista. Recuerda que su guión “giraba en torno a la búsqueda de un vino perfecto, que tenía como protagonista a un alquimista, se remontaba a los orígenes del vino, el viaje a América y su trabajoso arraigo en nuestra tierra. Los ´90 eran años en que el vino mendocino empezaba a ser premiado en todo el mundo y la idea era destacar estos lauros. El argumento tenía un sentido promocional del vino mendocino. El guión, elegido ganador en forma unánime por el jurado, era bueno pero tenía una excesiva carga argumental y por lo que  para llevarlo adelante era necesaria una gran experiencia. El director fue Fernando Colomé, un coreógrafo con vasta experiencia en vendimias, pero con el cual no pude intercambiar palabra pese a los esfuerzos para que me escuchara. Y lógico, zapatero a tus zapatos, el hombre hizo lo que sabía hacer. Entonces quien debió ser director general pasó a ser un coreógrafo general. Presencié el espectáculo sentado en el anfiteatro, como un espectador más y quedé tan desorientado como cualquiera. Y como a cualquiera del público, igual me gustó. Cuando vas al anfiteatro vas dispuesto a ser seducido. La obra que se presentó no fue basada en mi libreto, sino en una idea propio del director, que quizá leyó mi libreto”.

Laura Fuerte, autora de los guiones y directora de más de treinta fiestas departamentales, señala que “para poder escribirlos estudio mucha historia, ya que es fundamental para el desarrollo de un libreto. Una vez que leo, me hago un machete con cosas que me parecen hermosas para contarlas, porque muchas veces la gente de un pueblo, no tiene idea de hechos fundamentales de cada lugar, es ahí donde busco la historia desencadenante. Me parece bueno, hacer docencia de manera artística y las vendimias son el escenario justo para dar a conocer hechos, personajes fundamentales. Despliego el hecho artístico, transformándolo y contándolo de un modo diferente, en canciones y sobre todo en una historia que sea fácil de descifrar al común denominador de todo un pueblo. No olvido jamás que todos nos emocionamos con las cosas simples. Por eso son simples mis guiones y entendibles”.

Por su parte, el poeta Luis Villalba, autor de los guiones Canto celebratorio del vino (1967), Vendimia blanca (1968), La vendimia mágica (1969), Vendimia de la Patria grande (1974) y Las viñas del destino (1988) nos explicaba hace unos años que en sus guiones buscaba “contar historias que tengan una función dramática. La gente tiene que sentir que es un espejo de su realidad., identificarse con el guión. La Fiesta de la Vendimia no tiene que ser una mala copia de shows internacionales con gusto a nada, sino una mirada reflexiva y divertida sobre las cosas que nos pasan a los mendocinos”.

Los autores coinciden en que el acto central de la Fiesta de la Vendimia es un espectáculo que reclama los símbolos de la tradición mendocina, que la originalidad es difícil de conseguir y que la mirada del director puede mejorar o destrozar el guión.

Más allá de esto, el público que castiga o premia al espectáculo con sus aplausos, silbidos y cantos, sigue siendo, como en 1936, el protagonista que los mendocinos crearon para celebrarse a sí mismos.

Patricia Rodón

Opiniones (1)
24 de Abril de 2017|14:31
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24 de Abril de 2017|14:31
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  1. la creadora de la fiesta de la vendimia en 1984 fue STELLA MICO...seria bueno q esten bien informados y los laureles no se los lleven otros.....
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