Argentinos perdía, despertó y le ganó al América

Soñó, Argentinos, que todo pudo ser un sueño. Se despertó, a tiempo, y observó cómo toda esa gente deliraba por este equipo como en los viejos tiempos de la década del 80. Otro escenario, distinta escenografía. En el debut por Copa Libertadores en el Diego Maradona el equipo que conduce Pedro Troglio supo dar vuelta el resultado ante el América y con un 3 a 1 para la celebración pasó a liderar el grupo.

Soñó, Argentinos, que todo pudo ser un sueño. Se despertó, a tiempo, y observó cómo toda esa gente deliraba por este equipo como en los viejos tiempos de la década del 80. Otro escenario, distinta escenografía. En el debut por Copa Libertadores en el Diego Maradona el equipo que conduce Pedro Troglio supo dar vuelta el resultado ante el América y reforzar todo aquello de los sueños y de las utopías con un 3 a 1 para la celebración.

En los tiempos del penal, pudo haber estado la diferencia en este Argentinos sin juego en la zona de gestación. Porque el equipo que dirige Troglio no tuvo la chance antes -a los 16 minutos- cuando Diego Cervantes tomó de la camiseta a Santiago Gentiletti dentro del área y el árbitro no dio falta. Tarde, en el final del primer tiempo y sin merecimientos, desde los 12 pasos alcanzó el empate a través de Santiago Salcedo. ¿Qué hubiera pasado esta escena se daba antes, cuando el peruano Víctor Carrillo no dio la infracción? Difícil saberlo, pero se guarda un espacio para pensar que este equipo tal vez sea más que un pelotazo al área y a ver qué pasa. Eso fue, al menos, lo que mostró en su sencilla propuesta de fútbol en un arranque opaco.

América, que salió a jugar un partido pensado -dos líneas de cuatro, un enlace y un punta- le encontró rápidamente los secretos al campo y a sus dimensiones. Se animó a tocar cada vez que pudo y, sobre todo, a apostar a la contra. De entrada nomás, Daniel Montenegro pudo hacer la diferencia con un remate cruzado que salió al lado del palo derecho de Nicolás Navarro. Un aviso, que luego se hizo realidad en un centro de Pavel Pardo (Argentinos volvió a adelantarse en pelota detenida) y el Rolfi puso la cabeza para enviarla abajo a la red. La diferencia, justa a esa altura, pudo ser incluso más amplia en esos seis minutos antes de la finalización del primer tiempo donde el equipo mexicano tuvo la chance dos veces: primero Matías Vuoso, luego Nicolás Olivera, y en ambas Navarro evitó el gol.

En este mediocampo sin Juan Mercier -se recupera de un desgarro- a los dirigidos por Troglio le costó demasiado el traslado de la pelota, la tenencia y circulación. No en vano, lo que de entrada era un dibujo 3-3-2-2 se transformó cuando Pablo Hernández salió de la posición de doble enlace para jugar al lado de Germán Basualdo. ¿La idea? Ir a buscar la pelota, tomar contacto para que no todo sea a la bartola a fin de llegar hasta el arco sin un camino claro. Sin grandes éxitos en la apuesta hasta que Mauro Bogado y Cristian Sánchez Prette ingresaron y maquillaron dando otro rasgo a la personalidad de este equipo. Clave, y acierto en el entrenador para una lectura veloz de un partido complicado.

Salcedo, iluminado y con goles en los bolsillos, otra vez apareció con el oficio de los goleadores. Un remate de Bogado que Guillermo Ochoa envió al córner. Y al minuto, el paraguayo facturó de primera tras el centro. Hubo más, para estirar la cuenta esta vez contra un América que se quedó sin nafta ni ideas más allá de voluntades como Vuoso y aventuras del Rolfi.

Luces, fuegos y golazo de Sánchez Prette en un estadio de gala con 10 mil personas para soñar esos sueños despiertos de los 80.
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14 de diciembre de 2017 | 01:51
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