Mezcla rara de comic, dibujos infantiles, gráfica publicitaria y juguetes

A mediados del siglo XX, las manifestaciones populares irrumpen en el campo de las artes visuales borrando la brecha entre arte de elite y arte popular. Cansado de la pureza de sus formas, el arte se cuela entre elementos cotidianos y los estetiza como sucede en las obras del joven artista local Federico Calandria. También podés leer esta nota en la edición de febrero de Club House.

Una de las grandes utopías de comienzos del siglo XX fue que el arte se mezclara con la vida de la gente, con el propósito de que abandonara su histórico lugar de elite.

Este principio fue adquiriendo diversas manifestaciones que comenzaron con la penetración estético estilística de las formas modernas en los objetos de uso diario, tarea que desarrolló el diseño industrial y la arquitectura.

"Bella y bestia". Técnica mixta sobre papel.
Así se estilizaron y geometrizaron las sillas, las camas, las teteras, los tenedores, la ropa, todo. La idea era una bajada desde las formas más puras del arte moderno hacia las cosas de todos los días. Este ideario, una vez instalado, acusó de kitsch a todas aquellas cosas que respondían al gusto popular y que no aceptaban su modernización y sus pautas formales.

Luego, a mediados del siglo XX, se produjo un movimiento inverso que hizo

todo lo contrario. Las manifestaciones populares, sin pretensión artística, con “mal gusto”, kitsch, se metieron dentro del campo de las artes visuales borrando definitivamente la línea divisoria entre arte de elite y arte popular.

"Robot montaña". Técnica mixta sobre papel.

Así, el espectador podía encontrarse dentro del museo con un conjunto de envases de sopas o con imágenes gigantes tomadas de un comic.. El arte, cansado de sus propias formas, echó mano de todo lo que había dando vueltas por la calle y lo estetizó.

Las obras que ilustran esta nota pertenecen al artista mendocino Federico Calandria y dan sobradas cuentas de este fenómeno. Durante el mes de enero, cuando alguien entraba al Museo Municipal de Arte Moderno (Subsuelo Plaza Independencia) se encontraba con estas imágenes, mezcla rara de comic, dibujos infantiles, gráfica publicitaria y juguetes, devenidas cuadros, esculturas o instalaciones, exhibidas tal y como se exhibiría una obra de Rafael o de Monet.

Calandria ha crecido envuelto en un mundo de imágenes indiferenciadas que circulan por medios de todo tipo, sin control, ni pertenencia, ni jerarquías. El artista se ha apropiado de ellas y las ha reelaborado desde su poética personal, pero sin ninguna intención de producir un diferenciamiento fuerte de las imágenes que
nutrieron sus pupilas. El “Wanaku-in-the-morning” podría vivir feliz en la habitación de un niño o en un libro de cuentos. El “Ciervo-no-siervo” podría adquirir lectura política sin abandonar su gráfica de publicidad.
 
El “Cutter-pillar” obliga a convivir con humor a dos cosas cotidianas que nada tienen que ver entre sí más que formar parte del cambalache.
 
Los “Tres-tristes-tetris-toman-tetra” son el resultado de la combinación de un trabalenguas infantil con la borrachera popular expresada en el consumo de vino en envases baratos. Así, frente a todas sus propuestas, desafío al espectador a que las decodifique y reconstruya.
 
Cada una de sus obras deja cuentas de muchos elementos mezclados, tratados con liviandad, cromáticamente saturados, en composiciones simples, cuya única pretensión parece ser aparecer en el mundo y mezclarse con el universo de cosas que les dieron origen.
 







 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
"Wanaku in the morning". Acrílico sobre lienzo.
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11 de diciembre de 2017 | 07:02
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