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Del secuestro a Juan Manuel Fangio a la crisis actual

Por primera vez en la historia de la Fórmula 1, un GP se ha suspendido por razones políticas. Los conflictos que lo largo de los años agitaron el glamour de la máxima categoría.

Por primera vez en la historia de la Fórmula Uno, que se inició el 13 de mayo de 1950 en el circuito británico de Silverstone, un Gran Premio, el de Bahrein, se ha suspendido por razones políticas , debido a la agitación social que vive el país.

Hasta ahora sólo uno de los 839 Grandes Premios que se han disputado fue cambiado de fecha, el de Bélgica de 1986 que se debía disputar en el circuito de Spa-Fracorchamps el 2 junio.

El circuito había recibido la semana anterior una nueva capa de asfaltó que comenzó a levantarse en la sesión de entrenamientos del viernes con el paso de los coches y ante la imposibilidad de correr en el trazado de las Ardenas la prueba fue aplazada hasta el 15 de septiembre, una semana después del Gran Premio de Italia.

El Gran Premio de España de 1980, que debía disputarse en el circuito de Jarama, pasó de ser una prueba puntuable para el campeonato del mundo de Fórmula Uno, a una prueba pirata organizada por el británico Bernie Ecclestone, presidente de la incipiente Asociación de Constructores de Fórmula Uno (FOCA), y el Real Automóvil Club de España (RACE).

El jueves 29 de mayo se celebraba una tormentosa rueda de prensa en la sede de la agencia EFE, en la calle Espronceda, en Madrid, en la que el presidente de la Federación Internacional del Deporte Automóvil (FISA), el francés Jean Marie Balestre anuncia que se suspenden las licencias de los pilotos que no habían pagado las multas, de 2.000 dólares cada una, impuestas por no asistir a la reuniones previas a la carrera en los grandes premios de Holanda y Mónaco y no aceptaba que el pago lo realizara el RACE.

Al día siguiente, a la diez minutos de iniciarse los entrenamientos, en los que solo habían salido a la pista los coches que apoyaban a la FISA en su guerra con la FOCA (Ferrari, Renault y Alfa Romeo), Ángel Murcia, director de carrera sacaba la bandera roja para suspenderlos y se iniciaban unas largas conversaciones para salvar la prueba.

Finalmente el RACE asume la autoridad deportiva del automovilismo en España, Ferrari, Renault y Alfa Romeo son expulsados del circuito y la carrera, organizada por Ecclestone y ganada por el australiano Alan Jones (Williams FW11 Cosworth) no será puntuable para el campeonato del mundo de Fórmula Uno.

En el Gran Premio de Estados Unidos de 2005, disputado en el circuito de Indianápolis, ocurría lo contrario que en el Jarama madrileño, después de los problemas con los neumáticos Michelín, que reventaban al no soportar el esfuerzo que eran sometidos en la entrada al célebre anillo donde cada año se disputan las 500 millas, eran solo seis los coches que tomaban la salida.

Ante la falta de seguridad los equipos deciden que sus pilotos se retiren después de completar la vuelta de formación y solo seis coches, los dos Ferrari, pilotados por el alemán Michael Schumacher y el brasileño Rubens Barrichello, dos Jordan y dos Minardi participan en la carrera, que fue ganada por Schumacher.

Otro Gran Premio que estuvo amenazado de suspensión, fue el de Sudáfrica de 1982, cuando la Asociación de Pilotos de Grandes Premios (GPDA), en desacuerdo por la recién impuesta superlicencia, abandonaron el viernes, cuando debían iniciarse los entrenamientos, el circuito de Kyalami en un autobús y se encerraron en un hotel en el que habían alquilado un salón en el que habían puesto colchones en el suelo para pasar la noche.

Convencido por Balestre de que no habría sanciones y se trataría después de la carrera el problema, los pilotos participarían en los entrenamientos del sábado y en la carrera, tras la cual fueron sancionados con multas entre cinco y diez mil dólares.

La única injerencia política que ha habido en el automovilismo, aunque no en la Fórmula Uno, ocurrió el 23 de febrero de 1958 cuando el argentino Juan Manuel Fangio, que ya había conseguido sus cinco títulos mundiales, fue secuestrado por un comando del "Movimiento 26 de julio" para evitar su participación en el Gran Premio de Cuba, para coches sport, que debía disputarse en el circuito urbano del Malecón.

A las 20:50 Fangio se vio encañonado por una pistola en la recepción del hotel. Al principio tanto él como sus acompañantes pensaron que se trataba de una broma, luego se mostró desconcertado y siguió sin ofrecer resistencia a sus secuestradores.

Durante dos días estuvo retenido en un piso en El Vedado, un barrio residencia de La Habana, y cuando finalizó la carrera fue liberado en la Embajada Argentina.
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