Ginóbili en una constelación estelar

Ginóbili, con los colores del oeste, se fue victorioso por 148 a 143 y disfrutó de una noche cargada de magia; en el Staples Center, Kobe Bryant, elegido MVP, se robó todos los flashes. . Arrancó el espectáculo Lenny Kravitz 

Lenny Kravitz arrancó con el famoso riff de "Are you gonna go my way?", estallaron unas bengalas que llenaron el Staples Center de humo y olor a pólvora y el presentador del estadio, que conducía el evento como si fuera un programa de televisión, finalmente dijo: "¡Bienvenidos al All-Star Game de 2011!".


Para el partido todavía faltaba bastante. Primero bajaron los jugadores por las escaleras: algunos más cancheros, como LeBron James, bailando al ritmo de los acordes de Kravitz y compañía; otros, como Manu Ginóbili, más tranquilos, sin bailar nada y apenas con una mano en alto para saludar. El bahiense con un impecable conjunto deportivo negro con franjas doradas, ofreció una tímida sonrisa cuando le llegó el momento de la presentación.

Después, una chica cantó el himno de Canadá, Josh Groban cantó el de los Estados Unidos (desde que hay franquicia en Toronto se cantan los dos himnos antes de los All-Star) y después de un sinnúmero de presentaciones oficiales los jugadores se sacaron los pantalones largos y los buzos y se pusieron a jugar.

Dos minutos más tarde, los que hasta ayer habían dado como favorito al equipo del Este parecían acertados: Amare Stoudemire, el ala-pivote de los New York Knicks, enterró enseguida dos volcadas fáciles en la cara de su marcador, Carmelo Anthony, al que le saca una cabeza de altura. Pero el partido se puso parejo bastante rápido, se intercambiaron volcadas y jugadas llamativas -la defensa nunca es demasiado intensa en los Juegos de las Estrellas-, con Kobe Bryant liderando la remontada del Oeste, que llegó a sacar una ventaja de diez puntos.


En el minuto ocho del primer cuarto entró Ginóbili, aceptando un rol secundario que no tiene en San Antonio. Lo primero que hizo fue un foul. Después le dio una asistencia a Dirk Nowitzki y luego, ya un poco más entrado en calor, le robó una pelota a Ray Allen que terminó con un alley-oop de Blake Griffin. Sus primeros puntos llegaron al final del primer cuarto: encaró hacia el aro como viene haciéndolo desde ocho años en la NBA -los dientes apretados, la pera contra el pecho- y, cuando intentaba una canasta hermosa pero difícil, le hicieron un foul. Acertó, como casi siempre, sus dos tiros libres. Manu marcó 7 puntos en 20 minutos de juego.

En las tribunas, las cámaras enfocaban a los famosos: Jay-Z y Beyoncé, Stevie Wonder, Dustin Hoffmann, Justin Bieber, Bruno Mars y Gene Simmons, el bajista de KISS, que ya no es tan famoso pero siempre es pintoresco. Cada tiempo muerto duraba tres o cuatro minutos, en los que la organización aprovechaba para mandar a la cancha dos niñitos a bailar hip-hop o para mostrar en las pantallas gigantes un sketch tipo "Saturday Night Live" con la participación de los "all-stars".

Si al partido le faltaba un poco de clima deportivo, todo cambió cuando Doc Rivers, el técnico del Este y de los Boston Celtics, mandó juntos a la cancha a los cuatro suplentes de los Celtics. El público angelino, que apenas necesita excusas para enojarse con los bostonianos, se puso a abuchear cada pelota que tocaban Allen, Garnett, Rondo y, especialmente, Pierce. Claro, aquí sólo parecía haber reverencias para el hombre de casa: Kobe Bryant, el elegido como el MVP de la noche, autor de 37 puntos (en 29 minutos de juego).

El show está muy bien, pero para un hincha a veces no hay nada más lindo que abuchear. Aun cuando al espectáculo de la NBA no le faltó absolutamente nada.

8,1
millones de televidentes vieron la jornada del sábado del All Star Game. Esta cifra es superior a los 6,55 millones de personas que vieron el certamen en 2009, la mayor hasta ese momento durante los 29 años de estos certámenes.
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20 de agosto de 2017 | 17:57
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