Murales en los subtes de Buenos Aires

Los visitantes los admiran y fotografían. Los porteños, sumidos en la vorágine, difícilmente reparen en ellos. Hablamos de los murales que recorren las entrañas del subte. Piezas nuevas de jóvenes artistas conviven con obras de Polesello, Páez Vilaró, Quinquela Martín, Sábat, Quino y Molina Campos, entre otros. Tomarse un segundo para apreciarlas cambiaría, sin dudas, la rutina del viaje.

En la década del 30, Buenos Aires era una fiesta. La París de Sudamérica, como se la llamaba, recibía al mundo con progreso y ampliaba su transporte subterráneo. En 1934, la Compañía Hispano Argentina de Obras Públicas y Finanzas, responsable de la flamante línea C, decidió importar mayólicas con trabajos de artistas españoles y montarlas en sus estaciones.

Línea C. "Introducción histórica", el gran mural de Luis Felipe Noé.

El tango, infaltable en las galerías subterráneas porteñas.

Años más tarde, con el armado de las líneas D y E, se invitó a artistas como Otto Durá, Alfredo Guido y Léonie Matthis de Villar a inspirarse en las leyendas, tradiciones y costumbres nativas. El resultado, que convive en esos recorridos con los trabajos de artistas contemporáneos, incluye desde el casamiento de los guaraníes en Iguazú hasta la batalla de Caseros o la Conquista del Desierto.

Mural de Carlos Páez Vilaró, en la estación Carlos Gardel de la línea B.

El paso del tiempo, las filtraciones y las roturas de algunas piezas fueron deteriorando ese acervo y convirtiéndolo en un elemento más dentro de las estaciones. Pero desde un poco más de una década, la empresa concesionaria decidió trabajar en la restauración y el crecimiento de ese patrimonio. A través del programa SubteVive, ya son 25 los nuevos murales emplazados en las seis líneas porteñas, dando lugar no sólo a artistas plásticos consagrados sino también a otros cuyo oficio primario es el dibujo.

"Tradición y legado". Pionero, Florencio Molina Campos engalana Constitución.

Mural en la línea C.

Así, Rogelio Polesello (en la línea D, estación José Hernández); Josefina Robirosa (misma línea, estación Olleros); Carlos Páez Vilaró y el fileteador Andrés Compagnucci (línea B, estación Carlos Gardel) conviven con las viñetas de Horacio Altuna (línea C, pasaje Lima Norte), Quino (en el mismo espacio) y Hermenegildo Sábat –que rinde homenaje a los “próceres” del tango, en Lima sur.

Mafalda llegó bajo tierra de la mano de Quino.

Los murales más recientes son del artista Carlos Nine, en honor al Bicentenario.

Los visitantes los fotografían, los admiran y los notan. Los porteños, sumidos en la vorágine, difícilmente reparen en ellos. Pero tomarse un segundo para apreciarlos cambia, sin dudas, la rutina del viaje.

Arte, también en el piso.

Entre las obras también hay historietas.

El mural de Pablo Siquier, en la estación Carlos Pellegrini, está compuesto por 600 cerámicos.

Dibujos, pinturas, historietas y hasta caricaturas invaden los subterráneos porteños.

En Plaza Italia, un diseño de Benito Quinquela Martín.

Cada día, un millón de personas utiliza el subte y tiene a su disposición el ingenio de grandes artistas.

Luis Felipe Noé eligió la estación San Martín de la línea C porque es la que usaba en su infancia.

Los de Carlos Nine son cinco paneles que representan el nacimiento de la Argentina. Ocupan 500 cerámicos y 19 m2.

A través del programa SubteVive, ya son 25 los nuevos murales emplazados en las seis líneas porteñas.

Fuente: Diario Perfil
Fotografía: Néstor Grassi
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21 de agosto de 2017 | 09:14
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21 de agosto de 2017 | 09:14
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