El Ejército garantiza la democracia; festejos egipcios

Las fuerzas armadas de Egipto prometieron temprano una transición pacífica hacia un gobierno civil electo y el respeto de todos los tratados internacionales, un día después de que el renunciante presidente Hosni Mubarak les entregase el poder del país. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas afirmó su compromiso con una "transición pacífica hacia un Estado democrático"

Las fuerzas armadas de Egipto prometieron temprano una transición pacífica hacia un gobierno civil electo y el respeto de todos los tratados internacionales, un día después de que el renunciante presidente Hosni Mubarak les entregase el poder del país, después de 30 años al frente.

En un comunicado leído en la televisión estatal, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas afirmó su compromiso con una "transición pacífica del poder que prepare la vía para que una autoridad civil electa construya un Estado democrático".

Tras la dimisión de Mubarak, que se refugió con su familia en su residencia secundaria de Sharm el Sheij, a orillas del mar Rojo, el poder quedó en manos del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, y personificado en el ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantaui, lo que causaba incertidumbre y cierta inquietud.

"Se trata de un consejo formado por unos 20 generales que vienen de horizontes diferentes. Pese a que tienen una misión común, puede haber divergencias", considera Teufik Aclimandos, catedrático universitario especializado en el ejército egipcio.

El ejército afirmó asimismo que Egipto respetará todos sus tratados regionales e internacionales, confirmando implícitamente que el acuerdo de paz de 1979 con Israel permanece intacto. El actual gobierno egipcio, designado recientemente por Mubarak, permanecerá en el poder para administrar los asuntos corrientes, precisaron los militares. Este comunicado, el "número cuatro" del Ejército desde el inicio de la sublevación popular contra el régimen, es el más explícito hasta ahora sobre las intenciones de los militares tras la dimisión de Mubarak.

Tras una noche de frenética fiesta, los egipcios volvían a confluir por la tarde a la emblemática plaza Tahrir (de la Liberación) de El Cairo, epicentro de la contestación contra el régimen durante 18 días, para seguir celebrando. Allí se mezclaban familias, ancianos y por supuesto miles de jóvenes, que iniciaron esta sublevación popular el 25 de enero sirviéndose de Internet y lograron propagarla después al resto de la sociedad egipcia. "íEs una fiesta! Hemos vuelto a nacer", afirmaba Osama Tufic Sadalá, un ingeniero agrícola de 40 años.

El ejército levantó las barricadas y los espesos rollos de alambrada de púas que protegían el lugar. Voluntarios civiles que limpiaban la plaza, ayudaban a los soldados a retirar también los restos calcinados de vehículos que ardieron en el momento más violento de las protestas, cuando los enfrentamientos entre manifestantes pro y anti Mubarak dejaron 11 muertos.

Unas 300 personas perdieron la vida en todo el país desde que comenzó este movimiento prodemocrático, según cifras de la ONU.
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20 de agosto de 2017 | 14:53
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