Sarmiento, maestro de América

“Sarmiento el soñador que sigue soñándonos” . Borges

El 15 de febrero de 1.811, nace un hombre excepcional, multifacético. Nace el Maestro de América que iluminó con su palabra y su accionar a generaciones de argentinos.

 Al releer Facundo, Recuerdos de Provincia, Viajes, Educación Popular y otros escritos , con la experiencia que dan los años y el ojo crítico que forma parte existencial de lo textual, me siento conmovida por la actualidad de su pensamiento, por su fuerza expresiva, por la palabra viva que es todavía un reto y un desafío.

Sarmiento advierte que los cambios que la Patria necesita se fundan en la educación.
La educación popular adquiere , en su pensamiento y acción, un valor colosal como instrumento de civilización y núcleo de la organización social.

Anticipándose al futuro: ¿Cómo nos soñaría hoy a los argentinos ? ¿Qué pensaría al leer las declaraciones de ministros, funcionarios, políticos que admiten una realidad bastante obvia, al reconocer que la calidad de la educación ha disminuido, que la escuela  pública está en crisis? ¿Qué sentiría al escuchar hablar a los académicos y especialistas de “la tragedia educativa” o del “derrumbe educativo”?

¿Cuál sería su gesto al comprobar que cada vez que comienza un período lectivo  debatimos sobre leyes, resoluciones y decretos , horas de clases, curriculum desactualizados y fragmentados, presupuestos insuficientes, normas de convivencia , violencia escolar, mientras se aceleran los tiempos históricos y las diferencias entre las ofertas educativas y la real demanda de una población que crece ,en su mayoría, en un ámbito de pobreza estructural y nueva pobreza, disfrazada por índices políticos resultado de asistencialidad, en lugar de generar trabajo digno?

Seguramente , volvería a sentir el desaliento que lo motivó a expresar:

“Es tal nuestra incapacidad que después de haber consagrado toda mi vida al estudio de la enseñanza primaria, como medio de mejora para nuestros países, empiezo a dudar de su eficacia. ¡Hay tanto por hacer, hay que vencer tanta mala voluntad, resolver tantos problemas: falta de maestros, libros, establecimientos! Y, sin embargo hay que perseverar”.

Perseverar, es el compromiso ciudadano de todo educador . Así lo hacen  miles de maestros que honran la tarea de educar, a pesar de las dificultades y los conflictos. En su diaria labor perdura el espíritu sarmientino. En ellos se encarna su obra y su esperanza.

En 1.849, además de Viajes, publicó De la Educación popular, informe oficial de todos sus pensamientos y las experiencias resultados de su misión en el extranjero.

Con claridad advierte que el remedio inmediato para América , es la instrucción pública y como complemento, las bibliotecas populares. No lo desvelan ya las teorías pedagógicas, sino la necesidad de fundar escuelas. La escuela como órgano de mejoramiento social: educar ciudadanos eficaces, más que individualidades aisladas.

La base de la enseñanza primaria es la lectura: “No se comprende suficientemente cuantos cuidados deben prodigarse para que los niños adquieran las ideas necesarias para que puedan leer con provecho” (Diario El Mercurio.1.842)

En Chile, Sarmiento observa que los que piensan en el progreso suelen apoyar a las universidades y los seminarios, pero descuidan la enseñanza primaria. No obstante la verdadera civilización de un pueblo no consiste en tener un centenar de individuos que constituyan la “aristocracia del saber”, sino el mayor número de ciudadanos instruidos. Lo que necesita una sociedad moderna es una “educación común”, libre de las odiosas diferencias entre ricos y pobres, maestros y esclavos, nobles y plebeyos. Sólo cuando se han comprendido estos principios, quedan establecidas las bases de un gobierno democrático (P.Verdevoye.1988).

Sarmiento tiene alma de educador, sabe que no basta saber la ciencia, para saber enseñar. Ha de proporcionársele al futuro maestro la educación conveniente para el ejercicio de sus funciones. Para ser un buen maestro se requiere cierta vocación especial, cierto amor a la infancia, ese especie de gozo de enseñar.

“No es inútil, nunca superfluo, recordar que la lectura, no es un ejercicio mecánico, que consiste solamente en reproducir, hasta perfectamente los sonidos figurados por las letras” Sarmiento vitupera a los malos maestros, que acostumbran a los niños a leer con una voz monótona e inexpresiva. Por su culpa el texto de un libro es letra muerta.

Para exigir de sus alumnos una lectura inteligente, el pedagogo hacía comprender a sus alumnos la significación, el ritmo y el tono del texto: “La perfección final de la lectura depende del completo desenvolvimiento de la inteligencia del que lee para que pueda comprender el sentido de las palabras y por ellas el pensamiento del autor, lo que no se adquiere sino después de un largo ejercicio y después de un hábito constante de leer. (Informe de final de año.1.844).
Su defensa de la palabra viva, lo convierten en un testigo gesticulante, apasionado que trasmite con rotundas frases y hermosas metáforas, su experiencia de vida, su valor, su lucha.

La palabra como instrumento de enseñanza debe encarnar conocimientos y vivencias para poder crear y recrear un acto didáctico con sentido. La palabra viva que se nutre de ideas, de realidades, que se pronuncia con fuerza y armonía, transfiere a quien la escucha el interés que crea vínculos de saber y provoca nuevas búsquedas. Ese es el hecho pedagógico por excelencia: el encuentro, el dar vida a las palabras.

Sarmiento fue un Maestro en vida y es un Maestro con su pensamiento que cobra cada vez más vigencia en nuestros conflictivos días de educación pública.

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