La Presidente se alarmó por la fuerte reacción sindical

La presidente Cristina Kirchner ordenó ayer silencio absoluto a sus ministros. En su despacho de la Casa Rosada, siguió por televisión la convulsión derivada de la detención de Gerónimo Venegas e instruyó a su entorno para que sugiriera al juzgado federal de Norberto Oyarbide que descomprimiera la tensión política con el adelantamiento en 24 horas de la declaración indagatoria al secretario general del sindicato de trabajadores rurales (Uatre)

La presidenta Cristina Kirchner ordenó ayer silencio absoluto a sus ministros. En su despacho de la Casa Rosada, siguió por televisión la convulsión derivada de la detención de Gerónimo Venegas e instruyó a su entorno para que sugiriera al juzgado federal de Norberto Oyarbide que descomprimiera la tensión política con el adelantamiento en 24 horas de la declaración indagatoria al secretario general del sindicato de trabajadores rurales (Uatre).

Nunca como ayer la causa de la mafia de los medicamentos había generado tanta preocupación en la Casa Rosada. De hecho, Cristina Kirchner suspendió sus audiencias luego del mediodía.

Hasta ese momento, la única actividad oficial había sido el anuncio de una nueva canasta escolar, un acuerdo de precios de artículos para el comienzo de clases. Tras ese acto en el Salón de Mujeres de la Casa Rosada, la jefa del Estado se recluyó en su oficina.

Con los noticieros de la televisión y los informes de la ministra de Seguridad, Nilda Garré, la Presidenta siguió con angustia los cortes y piquetes en calles porteñas y en las rutas del interior, indicaron fuentes del Gobierno. Impartió entonces la orden de inducir al juzgado de Oyarbide a apurar los tiempos y adelantar la declaración indagatoria de Venegas para lograr una distensión.

Según confiaron fuentes oficiales a La Nacion, el encargado de transmitir el mensaje a Oyarbide fue el secretario legal y técnico, Carlos Zannini. Oyarbide tenía previsto tomarle hoy declaración indagatoria al titular de Uatre, pero luego resolvió hacerlo ayer mismo. "Las calles eran caos y el fin de semana podía ser peor", analizó un funcionario.

El temor de Cristina Kirchner tuvo tres componentes clave:


Por la mañana, el jefe de la CGT, Hugo Moyano, convocó a la cúpula de la central obrera y difundió un duro documento, con advertencias a la Casa Rosada. "No caemos en la ingenuidad: esta actitud intenta debilitar al movimiento obrero", dijo. Y amenazó con "defender a todos los compañeros más allá de las posiciones políticas". Subrayó esto porque Venegas milita junto a Eduardo Duhalde, precandidato presidencial del Peronismo Federal, opositor a Cristina Kirchner y a Moyano. Se temió en Balcarce 50 una escalada en la tensión con la CGT.
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La Casa Rosada vislumbró un efecto bumerán por victimización a Duhalde; toda la oposición denunció una persecución política del Gobierno y Duhalde podía capitalizarla.
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El descontrol en calles y rutas en Baradero, Córdoba, Santa Fe, La Pampa, Santiago del Estero y Capital Federal hizo temer un escenario de inestabilidad el fin de semana si el conflicto judicial se prolongaba.
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El efecto Moyano
Luego de que el conflicto comenzó a encaminarse, Cristina Kirchner pidió el helicóptero presidencial para trasladarse a Olivos. Eran las 16.30. Unas horas más tarde viajó a Río Gallegos, de donde tiene previsto regresar sólo el martes.

"El documento de Moyano estuvo dirigido al Gobierno", señaló un funcionario, que entrevió un abroquelamiento sindical contra el ala izquierda de la Casa Rosada que desconfía de Moyano y de la CGT.

Eso dio cuenta de que, si bien nadie lo reconoce abiertamente, más de un funcionario, crítico de ese sector progresista que rodea a la Presidenta, sospecha que la decisión de detener a Venegas sin antes indagarlo ni procesarlo pudo haber sido inducida por un sector oficial.

"No se puede garantizar que Oyarbide actúe solo. Hizo un raro equilibrio, al procesar antes a Héctor Capaccioli y a funcionarios kirchneristas para luego detener a Venegas", confió un funcionario de Balcarce 50. "Siempre se sospechó que esta causa estuvo concebida en el Gobierno como un mecanismo de presión a la CGT. Esta crisis es otro efecto de la ausencia del fallecido Néstor Kirchner", agregó.

En el peronismo bonaerense, altos dirigentes kirchneristas de buena llegada al gremialismo lo interpretaron como un error de la Casa Rosada que le dio oxígeno a Duhalde.

"No esperaban esa reacción de los gremios", comentó un dirigente. "Venegas puede ser culpable o no. Pero no lo indagó ni lo procesó antes. Muy extraño", agregó.
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