¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

"El amor es un no se qué, que empieza no sé cómo y termina no sé cuándo", decían las damas galantes. Cuando el amor llega al alma y al cuerpo de una persona sucede algo extraordinario: se sufre, se desea, se teme. El enamorado se rinde ante el misterio del otro. Sin embargo, aunque es universal hay tantos tipos de amor como amantes.

“¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida / o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué / es eso: ¿amor? ¿Quién es?”, pregunta con dolor en el poema Gonzalo Rojas.

“Pero, ¿qué es el amor? / El amor es un puente verde sobre un precipicio azul”, contesta Witold Gombrowicz.

“Vos no sabés qué es el amor. / Si la vieras comprenderías / todo lo que te quiero explicar”, sentencia Raymond Carver.

¿El amor es una violencia que alimenta, un equilibrio inestable, una cárcel que libera? ¿El amor es un juego donde perder o ganar no es importante, un viaje hacia nosotros mismos a través del otro, una fiesta peligrosa en el centro exacto del alma?

¿Es el amor un sentimiento ético por excelencia, una reinvención de la vida o un riesgo inútil? ¿Quizás es cuerpo y deseo? ¿O acaso se trata, como decía el gran poeta portugués Fernando Pessoa, de un pensamiento?

Y es que nadie desde el principio del mundo ha podido escapar a la temeraria pregunta que no tiene respuesta cierta. Escritores, filósofos, psicólogos han asediado con palabras al amor y sólo han conseguido asomarse a sus bordes.

La naturaleza del amor

Mientras una dama francesa del siglo XVIII afirmaba que el “amor es un no se qué, que empieza no sé cómo y termina no sé cuándo”, Sigmund Freud aconsejaba no tratar a un paciente enamorado porque lo consideraba inanalizable.

Lo cierto es que cuando el amor llega al alma y al cuerpo de una persona sucede algo extraño, diferente, extraordinario y comienza un proceso íntimo a partir del impacto del encuentro.

“Para cada uno, la presencia del otro es un estímulo que no cesa de subyugar. El mundo y los intereses de vida se centran en el otro y en lo que tiene que ver con él. Se produce una alteración del sí mismo que nada explica”, describe el psicoanalista Carlos Nessi.

Para el especialista el amor es el único estado que logra semejante transformación. “Se pierde la dimensión de la conciencia, se agudiza la necesidad de afecto, se camina por una cornisa donde la sensación de poder y de impotencia se suceden paso a paso. La vulnerabilidad del sujeto frente al objeto de amor es extrema. Se sufre, se añora, se teme”, señala el autor de Los buenos y los malos amores.

“Es la única oportunidad que el ser humano tiene de conectarse con una realidad distintas, en que lo carnal y lo espiritual coexisten con igual intensidad. Es la ocasión que tenemos de transgredir los límites de la cordura e internarnos en el más allá, en ese espacio mágico de la vida donde somos capaces de hacer lo que no hacíamos, de dar lo que no dábamos, de sentir lo que no sentíamos. Ese lado inexplicable del amor es lo que lo hace más interesante, pues es allí donde, aunque parezca paradójico, le encontramos sentido a la vida”, reflexiona Nessi.

En francés enamorarse se dice tomber amoureux (caer enamorado); en inglés la expresión es to fall in love (caer en el amor): se alude al amor como un accidente, algo que no se prepara, que sorprende. Y es que el enamoramiento siempre es inesperado, es una revelación, una epifanía.

Y ante él, el enamorado se rinde, claudica ante el misterio intangible del otro, ante la imposibilidad de alcanzar, de tocar, el alma, la esencia del otro. El enamorado busca y reclama esa parte del amado que es la fuente de lo que siente por él, y ansía fundirse con el otro en una suerte de reencuentro en el paraíso que alguna vez perdimos. Es un encuentro espiritual, emocional, que trasciende la materia del cuerpo.

“El amor tiene las características de la persona que lo siente y el vínculo amoroso tiene la estilo de la relación humana entre quienes se aman”, señala el psicólogo. De ahí que, “hay tantos tipos de amor como de personas”.

Corazones en llamas

El amor toma forma, encarna, cuando se establece una pareja y ésta dependerá de cómo viva, administre o modifique los ideales del amor, los que toda pareja espera, desea, busca, aspira encontrar.

Los ideales del amor son las formas más perfectas del amor que todos los enamorados quieren sentir, son los arquetipos por los que padecen los personajes de las novelas, telenovelas y películas que emocionan. Los ideales del amor son expectativas maravillosas y perfectas en sí mismas que cada uno de los amantes tiene, justamente, idealizadas desde la niñez. Son esperanzas que se persiguen en la vida en pareja, a veces se alcanzan pero no suelen perdurar, no pueden sostenerse porque la vida real, no la ideal, suele atentar contra esos anhelos de felicidad y completud eternas.

“Los ideales como condición del amor y de la pareja son cosas distintas que pueden o no ir de la mano. Si van juntos, mejor; si no, entre los ideales del amor y la pareja que comparte un bienestar, sin duda preferimos la pareja y ese bienestar donde germina el amor todos los días”, explica el psiquiatra Jorge Daniel Moreno.

Los ideales del amor son “el amor para toda la vida”, “el amor de mi vida”, “mi media naranja”, “el amor todo lo puede”, “amor pase lo que pase”, “el amor lo es todo”, en el amor más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Éstos están condicionados por lo que cada miembro de la pareja espera del otro. “Pero lo que se espera no es cualquier cosa, sino algo que, en virtud del ideal amoroso, el otro o la otra debería hacer por uno como condición del amor. Y hacerlo sin que uno lo pida”, señala Moreno, autor de Yo no quiero un amor para toda la vida (Quiero un amor real).

Los ideales que condicionan al amor se esconden en la frase del “si me amaras verdaderamente”, que tiene instancias, que van de leves reclamos a batallas campales, y que muestra cuatro momentos básicos: el pedido, la queja, el reclamo y el reproche.

El vínculo amoroso se ve presionado por los ideales “saber lo que el otro necesita sin que lo pida”, “saber lo que siente sin que lo diga”, “hacer siempre feliz al otro”, ya que me tienes, ¿qué más quieres?”, “ni un sí ni un no”, “dar todo por el otro”.

También están los ideales que reafirman el amor de la pareja, que son como la frutilla del postre, y que se enuncian con la frase “porque nos amamos”. Las parejas que se cimentan en ellos convierten su amor, vuelven real lo ideal a partir de cuestionarse, de preguntarse ¿por qué nos amamos? Así, le dan forma práctica para poder construirlo y alimentarlo, descartan lo necesario para que el amor que sienten no se justifique en un ideal sino en sí mismo.

Este amor se resignifica y fortalece a partir los ideales “incondicionales el uno para el otro”, “el amor nunca cambiará”, “nada más importante que el amor”, “nunca separados, ni siquiera pensarlo”, “siempre honestos, siempre toda la verdad”, “el amor y nada más”.

El amor o el universo

“El amor es lo que yo llamo la «escena del Dos». Todo amor que acepta la prueba, que acepta la duración, que acepta justamente esta experiencia del mundo desde el punto de vista de la diferencia, produce a su manera una nueva verdad sobre la diferencia”, reflexiona Alain Badiou en su ensayo Elogio del amor.

El filósofo destaca que debemos preguntarnos acerca del porqué de los millones de  películas, novelas y canciones totalmente consagradas a las historias de amor y destaca que si esas historias interesan a un público tan inmenso, es porque en el amor hay algo de universal. “Lo que en él hay de universal es que todo amor propone una nueva experiencia de verdad sobre lo que es ser dos y no solamente uno”, apunta.

Para él el amor es ante todo “una construcción duradera cuyo verdadero objeto es el progreso de la pareja y no la satisfacción de los individuos que la componen. Una aventura obstinada para alcanzar un proceso de verdad -la verdad del Dos- que nos permita experimentar el mundo a partir de la diferencia respecto al otro”.

Y entonces nos preguntamos otra vez. ¿El amor es una violencia que alimenta, un equilibrio inestable, una cárcel que libera? ¿El amor es un juego donde perder o ganar no es importante, un viaje hacia nosotros mismos a través del otro, una fiesta peligrosa en el centro exacto del alma?

Patricia Rodón

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