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La triste historia de Garrincha cumplió 25 años

Un cuarto de siglo pasó desde que uno de los más grandes jugadores del fútbol brasilero y mundial dejó de existir. El alcohol llevó a la muerte a Garrincha, a los 49 años, en la soledad y la pobreza. Conocé su historia y mirá el maravilloso video de lo que podía hacer.

Nadie quiso o pudo ayudar al futbolista más querido de Brasil, que murió solo, pobre y alcoholizado a los 49 años. Ayer se cumplió un cuarto de siglo de su fallecimiento y su tumba, en el cementerio de Raiz da Serra, a 50 kilómetros de Río, sigue tan abandonada como entonces. El túmulo recibe pocas visitas. La última, el 2 de noviembre. Alguien dejó flores, lloró y se fue. Su hermana Rosa, de 82 años, la que le puso el apodo de Garrincha (un pájaro feo y veloz de la selva del Mato Grosso), se niega a que trasladen los restos a un mausoleo que mandó construir el alcalde de Pau Grande, localidad de 8.000 habitantes que le ha dedicado escuelas, un estadio y varios bares. Su nieto Rafael se prepara para una prueba en el Botafogo, el club del abuelo, publica el diario El País, en un excelente artículo.

Su pierna izquierda era seis centímetros más corta que la derecha y estaba flexionada hacia la derecha. Además, Manuel Francisco dos Santos, Mané, fue adicto al tabaco desde los 10 años. Garrincha, sin embargo, nunca fue un débil mental como lo caricaturizaron, sino un hombre a la deriva azotado por la depresión y la bebida. A menudo le sugirieron que se moderara, a lo que contestó: "Yo no vivo la vida, la vida me vive a mí".

Mané se casó tres veces y tuvo 14 hijos reconocidos. Ocho hijas de su primer matrimonio con Nair; uno de Elsa Soares (Garrinchinha, fallecido en accidente de tráfico); dos con Iraci; otro con Vanderleia; otro en Suecia (Ulf Linberg, fruto de un romance en la Copa del Mundo de 1958), y Rosangela, reconocida por una prueba de ADN. Aunque su alma gemela fue Elsa Soares, una leyenda de la samba que había cantado con Louis Armstrong. Su relación, que duró 15 años, coincidió con sus demandas de más salario al Botafogo, lo que fue aprovechado por los radicales para hostigar a la pareja, que se trasladó a Italia.

Garrincha pasó la infancia cazando, pescando, haciendo el amor y jugando al fútbol. Tenía, dice el escritor Eduardo Galeano, un talento intuitivo para todo. A los 14 años trabajaba en una fábrica textil. Y pensaba que el fútbol no hay que tomarlo seriamente. Cuando Brasil se sumió en el drama del Maracanazo (la derrota ante Uruguay en la final del Mundial de 1950), prefirió irse de pesca antes de oír el partido por la radio. Fue a probar displicentemente en los clubes de Río. El Vasco lo rechazó por no traerse las botas. Del Fluminense se marchó antes de terminar la sesión para pillar el último tren. Y, ya con 19 años, probó en el Botafogo y se quedó: 609 partidos y 252 goles.

Participó en tres Copas del Mundo: Suecia 58, Chile 62 e Inglaterra 66. Ganó las dos primeras. En Suecia compartió una delantera sublime con Didí, Vavá, Pelé y Zagallo. Disputó 60 partidos con Brasil, de los que ganó 52, empató siete y perdió uno: contra Hungría (3-1) en Inglaterra 66. Marcó 17 goles.

Mané jugó desde 1953 hasta 1972. Hasta los 29 años fue indestructible ante el alcohol, la cortisona y las patadas. Pero se operó de los dos meniscos y todo acabó. Dos agentes bancarios fueron a su casa en Pau Grande y encontraron dinero pudriéndose en los armarios. El Botafogo también se aprovechó de él pagándole menos de lo que merecía.

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