Los problemas de identidad que generan las Reinas Hot en Luján y Las Heras

La reina hot de este año es de Sierras de Encalada, Las Heras. La del año pasado fue de Luján de Cuyo. Aquellos que vivimos en la zona indefinida que se disputan esos departamentos, no sabremos quiénes somos, pero hemos resultado buenos para el picante, las chicas guapas y las artes visuales. María Florencia Laguna Albertti y Daniela Maldonado: dos caras y la misma hermosa moneda.

En mi barrio tenemos serios problemas de identidad. Es que allí donde vivimos –al oeste de la Ruta Panamericana, a la altura de los boliches– no se sabe si somos parte de Las Heras o de Luján de Cuyo. Muy amables al fin, cuando llegás a nuestros barrios te dan la bienvenida las dos municipalidades, aunque después, cuando hay que tapar baches o llevar agua potable, las dos se hagan las zonzas.

Es así: argentinísimos al fin, allí en el piedemonte andamos por la vida con esa sensación de pertenencia ambigua que se traslada a todos los rincones de nuestra vida y nuestras decisiones. Cuando uno no sabe de dónde viene, no sabe dónde va y nosotros somos la prueba.

Tengo que confesar que, yo mismo, hay días en los que me despierto decididamente lasherino. Entonces, soy un perfecto ejemplar peronista, nacional y popular, tonadero y marrón. Me gusta andar en cueros, comer pollo con la mano y tirar caños en el fulbito.

Otras veces, mi falta de identidad hace que me despierte lujanino, ganso mal, conservador, conchetón y hasta medio rubión me veo y uso perfumes. En esos días, leo a Osho, compro alambres de púas para mi medianera e invito a cenar a los notables de mi agenda.

Unas veces –lasherino y endiablado– me quejo porque el sol de la revolución no estalla y la teoría del derrame es una teoría que no derrama y las otras –lujanino y circunspecto– me quejo porque los derechos humanos son sólo para los delincuentes y no para los que tenemos todo lo que tenemos, porque nos rompimos el lomo laburando.

La comuna de Las Heras llama Sierras de Encalada o algo así a nuestra zona. La comuna de Luján de Cuyo le dice Chacras del Piedemonte o algo así. Nosotros, en el medio o a un costado, somos presa de brotes esquizoides y bipolaridades manifiestas. Por ejemplo, somos, a la vez, hinchas de Huracán Las Heras y Luján Sport Club y votamos, a la vez, a gansos y peronchos con igual convicción.

A los perros de mi barrio les pasa lo mismo que a nosotros: ninguno tiene en verdad una identidad claramente definida. Son todos marca “perro” y son todos callejeros, sucios y atorrantes, los muy cabrones. El que no es medio mastín y medio labrador, es medio ovejero y medio dogo, cuando no directamente “choco”, incluso con temporadas de desamor en los que experimentan la vida nómada del cimarrón.

Los dueños resultamos parecidos: somos bastante lasherinos hacia los adentros, pero tenemos también esa cosita lujanina hacia fuera, en el trato… ¿Cómo explicarlo? Tenemos problemas al escribir también, porque se nos mezclan las voces narradoras.

Cada un mes o dos, nos llegan las tasas municipales de las dos comunas y uno no sabe a cuál pagarle y a cual putear, porque tener dos municipalidades que no hacen nada es peor que tener una sola que no hace nada. Y los abogados amigos –sin problemas de identidad, porque viven enteramente Chacras de Coria o en un barrio de verdad “privado”– nos recomiendan que no paguemos a ninguna, hasta que aclare.

Ahora bien, no todo es pálida: esta falta de rasgos propios tiene también sus ventajas: con talento y con esmero, hemos logrado cambiar de aspecto como Leonard Zelig, el hombre camaleón de Woody Allen. Nos nacen bombos peronistas de las manos o plumas de ganso de la espalda, según como venga el viento, cuando viene.

Por eso, en nuestro barrio del piedemonte, nadie deberá creer que es cierto lo que ve. A diferencia del apóstol Tomás, amigote de Jesucristo, allí en el piedemonte, primero se cree y después, en todo caso, se puede llegar a ver, pero siempre con desconfianza, con la miradita torcida, no vaya a ser cosa...

Ahora que todo el mundo habla de la reina de Las Heras, como somos bastante veletas, corresponde que nos sintamos lasherinos, pues incluso la chica es ¡de Sierras de Encalada! Cierto es que nunca la hemos visto por aquí, pero quién sabe... Tal vez es una de nuestras camaleónicas vecinas que, presa de la enfermedad colectiva, decidió mutar en una morocha que está más rica que esos choris del entretiempo en la popu, más rica que el dulce de leche con pan casero, más rica que una feta de jamón crudo hecha un rollito, más rica que la carbonada en el invierno, más rica que la mierda, mire, vea.

Algunas versiones barriales indican que, en realidad, María Florencia Laguna Albertti, sería, en realidad, doña Ramona Solís, viuda de don Emeterio, el almacenero fiel, que en paz descanse. Quienes abonan esta teoría indican que, a fin del año pasado, desde que empezó a vender Speed en su negocio, ya nadie volvió a ver a doña Ramona.

En su hogar, en cambio, se ha visto a una señorita guapísima, realizando –sin parar, del día a la noche– tareas hogareñas de todo tipo. “Está muy rara la Ramona... Es la bebida que toma. La pone loca a la Ramona”, sentenció doña Carmen, su vecina, quien –con precisión relojera, hay que decirlo– sabe la vida y obra de todos y cada uno de nosotros.

Estamos contentos, a qué engañarnos. Nos sentimos felices porque la belleza de Sierras de Encalada hecha carne, una vez más, es de exportación. Cierto es que el año pasado, para estas mismas fechas, éramos lujaninos a morir. ¡Y cómo no serlo si la Reina Hot del año pasado, Daniela Maldonado era de Luján de Cuyo, Luján de Cuyo, nuestra casa!

El año pasado lo fue para Daniela Maldonado y ahora lo es para María Florencia: heredar una pesada mochila es parte de la tarea de los héroes. Tiene mucho para luchar por nuestros barrios. Tal vez, ella no sepa –o tal vez sí– que, desde hace 40 años, estamos sin agua potable y que a nadie le importa un pito –o tal vez sí–. Seguramente los nuevos y sofisticados barrios que allí se tejen la tendrán aún antes de inaugurar.

Si así ocurre, ojalá tengamos a nuestra soberana, ayudándonos con el piquete que haremos en la ruta internacional que divide –o tal vez no– un departamento con otro.

Eso haremos; o quizás, no.

Así somos, los que no somos: no sabemos casi nada de nosotros, pero somos picantes. Somos la vanguardia, la punta de la lanza de la belleza. Como lujaninos, tuvimos a Daniela Maldonado –Hiper Hot Súper Guacha Riquísima–- Ahora como lasherinos, tenemos a María Florencia Laguna Albertti –Súper Morochón Hueso Bombón Exquisito–.

Pensándolo bien: ¿no será la misma? El secreto, la respuesta al acertijo, una vez más, quedará soplando en el viento, si es que sopla.

Opiniones (2)
21 de octubre de 2017 | 19:25
3
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21 de octubre de 2017 | 19:25
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  1. habrà problemas de identidad..... PERO QUE BUENA ESTA...
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  2. Pero Daniela fue candidata por Perdriel.
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