Crónica de un Nobel argentino

Fue uno de los mayores científicos del Siglo XX y uno de los cinco argentinos reconocido con un Premio Nobel. A través de la precisa investigación de la periodista Ximena Sinay, "César Milstein. La química de la pasión", editado por Capital Intelectual, conocemos la biografía de un genio modesto, como todos los genios.

César Milstein. La química de la pasión. Buenos Aires, Capital Intelectual, 2010. 137 páginas

Cuando se conoció la designación de César Milstein como Premio Nobel, Luis Leloir, otro Nobel, dijo: “No sé si los argentinos debemos ponernos contentos o largarnos a llorar”. Hablaba, claro, de la facilidad nacional para producir talentos y luego expulsarlos.

Fue uno de los mayores científicos del Siglo XX y uno de los cinco argentinos reconocido con un Premio Nobel. A través de la precisa investigación de la periodista Ximena Sinay, César Milstein. La química de la pasión, editado por Capital Intelectual, conocemos la biografía de un genio modesto, como todos los genios.

La casualidad estuvo presente siempre en su vida, incluso desde antes de su nacimiento. Cuando dos familias rusas huyendo del zarismo terminaron coincidiendo en una colonia judía entrerriana y permitiendo que dos jóvenes, sus padres, se conocieran.

Nació en Bahía Blanca en 1927, entonces una pequeña ciudad. A los once años descubrió su pasión por la ciencia y a los 17 ingresó a la Facultad de Química de Buenos Aires, donde combinó el estudio, la militancia, la actividad gremial y el trabajo en una fábrica. Sus amigos lo apodaron “El Pulpo”.

Cuando se recibió en 1952 juró el título por Dios y los Santos Evangelios para estupor de los padres y madres católicos de sus compañeros; se casó, viajó un año por Europa e Israel. A su regreso concursó un cargo el Instituto Malbrán y una beca en el Laboratorio de Bioquímica del Medical Research Council de Cambridge, Inglaterra: ganó los dos concursos.

Regresó a su puesto en el Malbrán en 1961, pero el golpe de Estado de 1963 contra Frondizi intervino el instituto y explusó a Milstein del país para siempre: se quedó el resto de su vida en Cambridge.

Se especializó el inmunología y desarrolló en 1975, junto al alemán George Köhler, los anticuerpos monoclonales –un antes y un después en la historia de la inmunología- había sido una casualidad, ocurrida mientras buscaba respuestas a preguntas más complejas.

El Premio Nobel que recibió en 1984 lo sacó de las sombras y lo hizo célebre. Fue, claro, un acontecimiento único. Salvo para él, que sólo lo vivió como algo especial por la obligación de calzarse un frac por primera y única vez en su vida.

Luego, volvió a la austeridad del laboratorio y allí siguió hasta su retiro, y más aún, porque incluso retirado concurría todos los días.

“Milstein fue un hombre con contradicciones. De joven anarquista, de adulto, algo conservador. Se sintió expulsado de la Argentina pero, al mismo tiempo, nunca quiso regresar a su país natal. Trabajaba día y noche y, a la vez, aseguraba que la suerte había tenido mucho que ver en sus descubrimientos”, reflexiona Sinay en su biografía del científico, que falleció en marzo de 2002 en Cambridge. El pronóstico de Luis Leloir se había cumplido.

Patricia Rodón

Opiniones (1)
7 de Diciembre de 2016|13:42
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7 de Diciembre de 2016|13:42
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  1. Los anticuerpos monoclonales cambiaron el rumbo de la historia en el diagnóstico y tratamiento de muchas enfermedades, un grande don Cesar... bueno recordar
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