Cómo ponerse en forma después de las vacaciones

El descanso estival invita a relajarse, a dejar de lado la rutina, a romper un poco las reglas; incluso hay quienes abandonan por completo la actividad física y se dedican a comer todo lo que no comieron durante el año. No es fácil reacomodar los hábitos nutricionales y retomar el ejercicio. Los especialistas recomiendan cambiar de conductas en forma paulatina.

Ordenarse. Lo mejor es empezar por reacomodar los horarios y, sobre todo, no saltear comidas. No se trata sólo de comer fraccionado, sino también de cuidar la calidad, algo que cuando estamos de vacaciones generalmente no hacemos. En ese sentido, se recomienda cumplir con las cuatro comidas diarias y dos colaciones para evitar picotear.


Cambio de hábitos.
El regreso de las vacaciones, con temperaturas aún cálidas, es una buena oportunidad para incorporar o retornar a los hábitos alimentarios saludables y bajar de peso en forma paulatina. Una manera de hacerlo es reemplazando los alimentos ricos en grasas y azucares que suelen ingerirse en las vacaciones por los de menor densidad calórica y más saludables, como frutas, verduras, cereales integrales y lácteos descremados. También es importante sumar carnes blancas a la dieta diaria, pero consumir carnes rojas sólo una vez por semana.

De a poco.
El descenso de peso rápido no es recomendable. Si hubo un aumento durante el verano, lo ideal es trabajar para bajar esos kilos de más sin pausa, pero sin prisa. Hacer un plan intenso no es fácil, ya que muchas veces uno viene comiendo más y cuesta restringirse estrictamente de un día para el otro, pero no es imposible.
 
En la variedad está el gusto.
Tampoco es cuestión de adoptar una dieta monótona y aburrida si lo que se quiere es volver al peso que se tenía antes del verano. Si se puede, dentro de un plan alimentario, lo ideal es agregar algun día más proteico y otro desintoxicante, que ayuda con la rapidez.

La hidratación es fundamental.
Dos litros de agua por día ayudan a mantener una dieta equilibrada e ir, de a poco, recuperando el estado físico.

Mover el cuerpo. Todo este cambio de hábito alimenticio debe ir acompañado de actividad física. No es necesario ni recomendable que se pase de estar muy quieto a realizar una actividad intensa. Lo ideal es realizar algún tipo de actividad física tres veces por semana. Las caminatas y paseos en bicicleta contribuyen a adquirir un estilo de vida saludable.

Fuente: La Nación
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23 de agosto de 2017 | 03:25
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