Sobre un libro de sentimientos salvajes

Claudio Fernández, sociólogo y responsable del fanzine “Desvío Cósmico”, publica una crítica sobre el libro “Pensamiento salvaje”, de Marcelo “Marmat” Padilla, columnista de MDZ. Aquí, los pareceres del crítico respecto del libro.

Como aconseja el autor de este libro, hoy me he levantado a las “7 de la matina”, he puesto a calentar el agua para los mates y he terminado de leer “Pensamiento Salvaje, escritos desde el piedemonte”, del insufrible Marmat Padilla. Si bien la mayoría de los textos son conocidos por la columna del MDZ, tenerlos impresos y leerlos uno tras otro, de manera aleatoria o de atrás para adelante, es otra cosa, tiene un “plus de goce” que supera con rabia la fría experiencia de tener que leer literatura en una pantalla titilante.

Por supuesto que del corpus que integran los 24 relatos tengo algunos preferidos. “Partir es morir un poco”, que no por casualidad abre el libro, lejos es el mejor de todos, ese relato se gana el Oscar a la mejor producción de la nostalgia. El libro se podría terminar ahí, no hace falta más, el tipo lo consiguió todo, te hizo pensar, llorar, te emocionó, te dejó hecho pelota de tanta melancolía: “Por eso a veces pienso que uno, de grande, no se pone triste sino que más bien ‘es triste’”, así, con esas palabras es como te baja de un hondazo en el segundo párrafo y ya no te levantás más. Pero a la vez el relato es agradable, te describe una película en color sepia que te pone la piel de gallina y te conecta directamente con ese único lugar verdadero de la existencia que es la infancia, o lo que cada uno cree que ha sido su infancia. El final de ese relato es justamente como yo quería que fuera, pero no se los voy a contar, mejor vean la película.

Si les queda ánimo para seguir leyendo, más adelante se van a encontrar con “Pájaros de la guarda” y “Con un nudito en la garganta”, otros dos que no tienen desperdicio. Conozco la zona desde donde fueron elaborados los relatos (tengo un amigo, muy amigo, que vive por ahí) y quizás por eso puedo llenar los espacios de significación que el autor deja libre y entrelíneas, pero por suerte no conozco la casa de Padilla, ni su patio, ni su cocina, ni ese lugar mágico donde es colocado el bracero para que sus pibes tomen el desayuno, después que el hombre se sentó debajo de las estrellas, encendió un gran fuego, despegó su ánima de este mundo y sólo volvió con los primeros destellos del amanecer. Ese “no conocer” me lleva a otros lugares, a otros braceros, a otros inviernos crudos en los que había que hacer un gran fuego en el patio para empezar o terminar la jornada.

“El hombre que está solo y no espera” me hace acordar un poco a mi viejo de los últimos años, inmutable en su mismidad, absorto y desprendido de toda responsabilidad que pueda corresponder al devenir, al pasado o al presente, alejado de esa estúpida costumbre humana de quererlo asir todo, de controlarlo todo. Menos mal que hay tipos como Marcelo capaces de rescatar a estos hombres del abismo absoluto y transformarlos en literatura.

“El diablo es un mal pagador con el noctámbulo” es el último de mis recomendados, parte de lo narrado en este texto creo haberlo vivido en carne propia, porque también he sufrido esa alucinante paradoja de amar la noche y querer disfrutar el día desde sus primeras horas, de buscar la poesía entre los pliegues de la oscuridad para serle siempre fiel a la luna y negociar con el diablo un poco más de sus elixires. Amantes del amanecer y amantes en el amanecer, que es tan lindo, estudiantes furiosos de sociología, curiosos de la historia y la filosofía, guapos atorrantes que de prepo se apoderaban de la gran literatura y se animaban a reprocharle a los clásicos sus amagadas ideológicas.

Hasta aquí he descrito mis relatos preferidos, a mi manera, o mejor dicho, a la manera de Marmat, es decir “como se me canta”, sin importar demasiado si el lector está o no de acuerdo. Por supuesto que encontraran un racimo de delicias, obscenidades, crudas sinceridades y un singular sentido del humor en el resto de los relatos, pero eso lo tendrán que descubrir ustedes, los que se sienten a leer este libro debajo de un aguaribay a las “siete de la matina”.



Claudio Fernández
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Opiniones (1)
3 de Diciembre de 2016|20:48
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3 de Diciembre de 2016|20:48
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  1. El relato que más me gustó y que creo que es imposible que no guste a todos , es el de la psicóloga, seguido por el de la reina hot y Verano del 42. Como más profundo, el del diablo que es mal pagador y paga tarde y en negro. La aseveración *somos lo que no hicimos* (para bien o para mal) ...tal cual. *Partir es morir un poco,* no está mal pero creo que el relato de un inmigrante que haya tenido que dejar su patria cuando niño o adolescente me hubiera conmovido más... De todos modos es un buen libro que atrapa y que invita a releerlo más de una vez...
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