Minucias cotidianas

¡Qué bueno hacer una pausa en nuestra labor y tomar un café, pequeño, casi mínimo, seguramente compartido con un colega que, además de la mesa de trabajo, tiene  vivencias en común y alberga sentimientos semejantes! Ese café viene en pocillo o en un vasito descartable, no en el tazón con que desayunamos al comienzo del día. Entonces, al convidar a beberlo, no decimos “un café”, sino que, casi con cariño, invitamos a “un cafecito”. Es más, si además de minimizar su tamaño, le otorgamos al café un rato tan breve que, al diminutivo, le damos un cierto sesgo de desprecio, llamaremos al  ‘cafecito’ , entonces, ‘un cafezucho’.

 ¿Por qué “cafezucho”, con esa consonante “zeta” que nosotros pronunciamos como “ese” por ser seseantes? Estrenamos, para nuestra respuesta, la flamante Ortografía de la lengua española, que acaba de ser publicada por la Real Academia, en el último mes de 2010: Llevan ‘c’ “las palabras que contienen los interfijos –c– o –ec– antepuestos a ciertos sufijos que empiezan por e o i, como los diminutivos –ito/a, –illo/a, –ico/a, –ín, –ino/a, –iño/a […] o los sufijos apreciativos –ejo/a, –ete/a: cafecito, jovencita, pan(e)cito, jefecito, flor(e)cilla, pececito, Ramoncín, nubecitas, corazoncito, milloncejo, amorcete. […] Llevan ‘z’ “las palabras que contienen el despectivo –ucho/a o el diminutivo-despectivo –uelo/a: tallerzucho, tiendezucha, jovenzuela, ladronzuelo, reyezuelo”.[1]

¿Y qué sucede con los diminutivos y despectivos cuando la palabra original lleva una ‘s’? En esos casos, subsiste la ‘s’: bolso y bolsillo, casa y casucha, Tomás y Tomasito, camisa y camiseta, vaso y vasito, paso, pasillo y pasito. ¿Y cuando en el vocablo base hay una ‘z’? Ella se metamorfosea en ‘c’, ya que las dos letras ––la ‘c’ y la ‘z’– responden a un fonema único: taza y tacita; lazo y lacito; coraza y coracita.

Y en estos días de intenso calor, muchas veces pedimos, para acompañar el cafezucho, un poco de agua y hielo. Alguien, seguramente, nos corregirá: *AGUA E HIELO. Y nosotros insistiremos: “agua y hielo”. ¿Por qué si, en cambio, decimos “aguja e hilo”? La respuesta es sencilla: la conjunción ‘y’ se transforma en ‘e’, por razones de eufonía (buen sonido), cuando la segunda palabra comienza con ‘i’  o ‘hi’: Pedro e Irma, Viviana e Hilda, Trabajó e hizo mucho, Carlos e Isabel, único e irrepetible, préstamos e hipotecas. Pero la conjunción ‘y’ se mantiene cuando la segunda palabra comienza con un diptongo: madera y hierro, alfa y iota, agua y hielo.

Este uso de la conjunción ‘y’ presenta varios casos para considerar en otro artículo; por ahora, hagamos un pausa obligada y vayamos a tomar un CAFEZUCHO; luego, calmemos nuestra sed con AGUA Y HIELO.

[1] Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. Ortografía de la lengua española. Espasa,: 2010. pp. 135 y 139. El subrayado es nuestro.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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10 de Diciembre de 2016|15:18
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