Suspenso, política y buena literatura

Con la destreza que caracteriza su estilo, Roberto Ampuero (Valparaíso, Chile, 1953) urde en La otra mujer una trama llena de enigmas que se presenta al lector inicialmente casi con inocencia para ir ganando en complejidad e intriga.

La otra mujer, de Roberto Ampuero. Santiago de Chile, Norma, 2010. 364 páginas.

Desde la primera página se instala el misterio: el viejo manuscrito de una novela llega imprevistamente a las manos de un profesor de literatura en la ciudad de Berlín. El texto escrito con tinta verde lleva el título de “La otra mujer”, está firmado por un tal Benjamín Plá y cuenta la historia de Isabel, que ve cómo su mundo se desmorona cuando encuentra a su marido muerto en la cama.

Con la destreza que caracteriza su estilo, Roberto Ampuero (Valparaíso, Chile, 1953) urde en La otra mujer una trama llena de enigmas que se presenta al lector inicialmente casi con inocencia para ir ganando en complejidad e intriga: parte de un hecho casi nimio para embarcarse en una historia que repasa conflictos y pasiones humanas como los celos, la traición, la vejez, la muerte, las múltiples caras del amor, la escritura, la imposibilidad de la escritura, la amistad, la venganza, el exilio, y que se despliega en toda su amplitud al servirse de la violencia brutal de la dictadura de Pinochet como antagonista silenciosa de todos y cada uno de los personajes inicialmente desconectados entre sí.

Con astutas dosis de suspenso creciente, el relato se abre en dos historias paralelas: la del profesor chileno, Orestes Cárcamo, quien queda atrapado por la lectura del manuscrito ante la coincidencia de nombres, personas y oscuras situaciones ocurridas durante la dictadura en Santiago y Valparaíso y se empecina en descubrir si la historia que está leyendo es un testimonio, si los personajes fueron personas de carne y hueso, si se encuentra ante una crónica y no una novela. Batallando con los límites de la ficción y la realidad, ese poderoso imán para un escritor, Orestes atraviesa océanos y recorre ciudades buscando, como un detective, las claves de la supuesta novela.

De forma paralela, y por momentos yuxtapuesta a la narración de las trapisondas del profesor, se desarrolla en el manuscrito la lenta transformación de Isabel quien descubre que su marido muerto tenía una amante, que enloquece de celos, que prepara una venganza contra esa “otra mujer” y que al encontrarse frente a ella tiene una reacción inesperada.

Entre el suspense y la política, en una suerte de policial ad hoc, explorando los márgenes en los que se tocan realidad y ficción –búsqueda palpable en todas sus novelas-, Ampuero retrata la Valparaíso de hace veinte años y la de hoy, relata cautivantes historias simultáneas y denuncia cómo funcionaba el aparato represivo de la dictadura chilena. Y lo hace con una prosa fluida, precisa y atrapante.

Patricia Rodón

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3 de Diciembre de 2016|10:31
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