Ellos también son humanos: delirios y cábalas presidenciales

Clinton extravió los códigos del arsenal atómico de Estados Unidos, Rodríguez Zapatero es adicto al celular, Sebastián Piñera considera que su reloj es un amuleto de la suerte y para Alfonsín la siesta era una cita sagrada. Enterate de los secretos y manías de los poderosos.

George W. Bush lleva un pañuelo blanco en el bolsillo, un reloj Timex de 50 dólares en su muñeca, el mismo que usaba Bill Clinton cuando era presidente y el mismo que dejó ver Osama Bin Laden en el video en que se adjudica los atentados a las Torres Gemelas; Sebastián Piñera, presidente de Chile, considera que su reloj es un amuleto de la suerte mientras que Silvio Berlusconi ostenta impúdicamente el suyo de 540.000 dólares mientras persigue a dolces ragazzas; Alvaro Uribe, ex presidente de Colombia, no tolera los anillos ni los relojes de pulsera y en sus bolsillos lleva un peine, una navaja, un pañuelo y tres bolígrafos de plástico.

“El bolsillo es la puerta de entrada a la intimidad de personas no corrientes”, escribe el periodista Jorge Elías en su libro El poder en el bolsillo. Intimidades y manías de los que gobiernan, publicado por Editorial Norma. En él va armando una dinámica historia llena de curiosidades y locuras tomadas de su propia experiencia personal, de su contacto directo con los principales líderes de todo el mundo a partir de sus entrevistas como periodista de política internacional del diario La Nación.

Aquellos secretos fueron sutilmente arrancados a sus entrevistados en cientos de  episodios que comenzaron hace más de veinte años cuando en su primer diálogo con Mijail Gorbachov le preguntó qué llevaba en los bolsillos y el líder de la perestroika le contestó escuetamente: “Lo imprescindible”.

Así, entre preguntas y respuestas y un admirable poder de observación Elías traza retratos privados de políticos de todo el mundo.

Hugo Chavez y Lula da Silva.
Amarretes, gritones y galanes

Durante su ejercicio de la presidencia, Clinton no pagaba las cuentas en los restaurantes, no dejaba propinas y aceptaba las rebajas de cortesía cuando compraba obsequios; le regalaba pequeñas joyas a sus numerosas amantes y miraba como desnudándolas a todas las mujeres que pasaban cerca; extravió los códigos del arsenal atómico de Estados Unidos, durante su visita a Argentina prefirió un bife de chorizo a una corvina negra y siempre fue Hillary quien lo sacó de los escándalos provocados por sus amoríos, el de Mónica Lewinsky incluido.

Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, se baña en tres minutos, usa corbatas, trajes y relojes importados, gasta desorbitantes sumas en artículos de tocador; fuma hasta los cigarrillos de sus invitados, saluda desde el Balcón del Pueblo “porque me da angustia cuando se junta mucha gente abajo”, dirige un diario, conduce un programa de radio y uno de televisión y mientras se atiborra con su plato favorito, arepas con carne mechada y plátano maduro con queso, bebe leche y unas treinta tazas de café por día. En su billetera lleva dinero, el documento de identidad, el carnet de teniente coronel, las fotos de sus cuatro hijos; lleva dos pañuelos blancos, un peine, el libro de citas de Jorge Eliécer Gaitán y un crucifijo.

El ex presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, tiene en los bolsillos una lata de café crema, un encendedor desechable y sus anteojos; Ricardo Lagos, ex presidente de Chile, tiene las llaves de su casa, el documento de identidad, dinero y un peine, pese a su escaso cabello; Evo Morales, presidente de Bolivia, es amante del tai chi, sueña con conocer Tailandia, tiene dos hojas, es soltero y en sus bolsillos lleva hojas de coca.

Bush, Berlusconi y Menem comparten su ignorancia sobre muchos temas de geopolítica, cultura general y protocolo, confunden países, toman al embajador de un país por el de otro, yerran o desconocen el nombre de otros presidentes.

Además, Bush y Berlusconi están unidos por una agresión que vino por los aires: cuando era presidente de Estados Unidos George W. recibió un “zapatazo” por parte de un periodista; Berlusconi fue víctima de un “catedralazo”, un trozo de yeso de la catedral de Milán. Antes del 11 S Bush creía que los talibanes eran un grupo de rock y es alcohólico; en tanto que Menem “leía” a Sócrates y pretendía ir al espacio. Bah, vivían en la estratosfera.

Los vacíos llenos

En el transcurso de sus mandatos Carlos Menem no llevaba nada en los bolsillos, excepto un colorido pañuelo que le combinara con la corbata; tampoco portaba  identificación ni lapiceras ni sus anteojos, cultivando una imagen de galán maduro gracias a cirugías estéticas e implantes capilares. Por su parte, Eduardo Duhalde no usa billetera ni carga llaves y apenas lleva “plata suelta” y “algún papel, alguna cosa para no olvidarme”.

En sus sacos de corte cruzado sin abotonar, con la corbata siempre ladeada “cuyo nudo depende del colaborador de turno por su escasa habilidad para hacerlo, y los deformados mocasines sin lustrar”, Néstor Kirchner llevaba poco y nada en sus bolsillos: una tira de aspirinas y una libreta de apuntes por lo que sus allegados le llamaban “almacenero”; “firmaba decretos importantes, a la vista de todo el mundo, con un bolígrafo argentino marca Bic de color negro y capuchón blanco”, porque, detalla el periodista Jorge Elías, “todo lo que firmo con esta birome trae suerte”.

Kirchner seguía un menú todos los días: pollo grillado con arroz y espinaca o carne magra asada con calabaza, agua mineral Villavicencio y ensalada de frutas o gelatina; bebía whisky con moderación, corría en una cinta de ejercicios y luego, estrés mediante, comenzó a descansar un rato después de almorzar.

Quien no perdonaba a la siesta era Raúl Alfonsín: para él era un rito sagrado; nunca usó una billetera, pero sí llevaba sus anteojos en el bolsillo y las llaves de su casa. Fernando de la Rúa llevaba un paquete de cigarrillos, un pañuelo, la billetera y el pasaporte.

El poder de las mujeres

Otro universo diferente era en el que se movía la ex secretaria de Estado de Bill Clinton. “El lenguaje de los símbolos de Madeleine Albright lo conocían sus interlocutores de todo el mundo antes de sentarse a conversar. Ella misma lo confesó una vez: 'si quieren saber qué pienso, lean mis broches' (tiene más de doscientos). Su humor, su predisposición en las negociaciones tenía por delante un emisario: Podía ser una libélula, una araña o una mariposa multicolor en la solapa. Lo que fuera, estaba dicho antes de pronunciar la primera palabra”, recuerda Elías.

Los que tienen el poder no suelen ir con dinero porque alguien se ocupa de eso, no pagan al servicio doméstico porque es asunto de otros, tampoco acostumbran a portar llaves de su casa porque no lo necesitan y mucho menos cargan un bolso, salvo excepciones. “A la presidenta de Irlanda, Mary McAleese se lo lleva Martin, su marido, un odontólogo que dejó la consulta para acompañarla en la sombra”, comenta el periodista.

Ellas no son muy diferentes a ellos a la hora de ejercer el poder. "Tienden a adoptar rasgos masculinos porque el poder, hoy por hoy, sigue siendo de los hombres. Un modelo híbrido sería Cristina Fernández y uno excepcional Angela Merkel que hace la lista del supermercado, su marido la compra y ella cocina los fines de semana”.

Sarkozy está obsesionado con la seguridad; Rodríguez Zapatero es adicto al celular.

Curiosidades de los primeros mandatarios

Juan Domingo Perón fumaba Particulares livianos sin filtro y creía que la energía atómica podía venderse en recipientes de vidrio semejantes a las viejas botellas de leche; estrenando el sillón presidencial, Kirchner le envió de regalo a George W. Bush 150 kilos de carne de cordero valuados en 1.500 dólares; el ex presidente de Colombia, Alvaro Uribe, llevaba encima la tarjeta de crédito con su clave apuntada al dorso. La perdió en un acto público, la usaron, pero  terminó recuperándola.

El español José Luis Rodríguez Zapatero es adicto al teléfono móvil en el que revisa de forma casa compulsiva sus mensajes de texto y correos electrónicos; José María Aznar, lleva tres pulseras en la muñeca derecha y en los bolsillos una pluma, un cartera y el móvil; el ex presidente mexicano Vicente Foix no lleva dinero pero sí un grabador digital.

Fidel Castro tiene ocho hijos de cuatro mujeres distintas y cuando conoció a su hija Alina, que tenía diez años, le regaló un muñeco de peluche igual a él: “un bebé grandote, con gorra, pelitos en la cara, botitas y uniforme verde”, según el testimonio de Alina. El líder cubano tiene por costumbre regalar a todos los mandatarios vistosas cajas de puros decoradas con la imagen del Che Guevara y la leyenda “Hasta la victoria siempre” y muchos la exhiben en sus despachos, Nicolas Sarkozy, el presidente de Francia, y Fernando Cardoso, ex presidente de Brasil, entre ellos.

El actual presidente de Uruguay, José Mujica, desayuna o almuerza en un restaurante cercano a la Plaza Independencia, en el centro de Montevideo, y sigue viviendo en su modesta chacra de Rincón del Centro donde cultiva con su mujer flores y hortalizas y mantiene su “Escarabajo” 1987.

Patricia Rodón

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3 de Diciembre de 2016|06:35
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