Julio López: Extraños episodios y pistas falsas

La declaración de un testigo reservado, que ante funcionarios del gobierno bonaerense aseguró que el albañil fue asesinado y enterrado en el Parque Pereyra Iraola de La Plata, reactivó la búsqueda y volvió a esperanzar a familiares y amigos y trajo a la memoria la cantidad de veces que la pesquisa, para dar con él, se topó con episodios extraños y pistas que no condujeron a ningún lado. El derrotero incluye llamadas al 911 y al 0800 habilitado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires

La desaparición de Julio López estaba hasta ayer inmersa en ese oscuro limbo en el que quedan las causas sin resolución, casi olvidadas entre la falta de indicios y el paso del tiempo.

La declaración de un testigo reservado, que ante funcionarios del gobierno bonaerense aseguró que el albañil fue asesinado y enterrado en el Parque Pereyra Iraola de La Plata, no sólo reactivo la búsqueda y volvió a esperanzar a sus familiares y amigos. También trajo a la memoria la cantidad de veces que la pesquisa para dar con el testigo clave del juicio contra Miguel Etchecolatz se topó con episodios extraños y pistas que no condujeron a ningún lado.

El derrotero de la búsqueda incluye miles de llamadas al 911 y al 0800 especialmente habilitado por el caso, datos falsos, testimonios de adivinos y videntes, rastrillajes sin resultados y hasta el hallazgo de una llave de López en el jardín de su casa en noviembre de 2006, dos meses después de su desaparición que quedó envuelto en una controversia.

Tres días después de la desaparición de López, el 21 de septiembre de 2006, Aníbal Fernández, entonces ministro del Interior, dijo que el caso estaba rodeado de "situaciones singulares". Entre ellos, destacó el hecho de que en la casa de López, en el barrio platense de Los Hornos, faltaba una llave que el albañil nunca llevaba encima para no perderla. El detalle inquietaba por esas horas a sus familiares.

El misterio de la llave. Dos meses más tarde, el 22 de noviembre de 2006, aparecieron en el jardín de la casa de López el llavero y la llave del hombre, que tenía 77 años cuando fue visto por última vez.

Los peritajes determinaron que la llave había estado a la intemperie menos de dos semanas, por lo que los investigadores evaluaron que había sido tirada en el lugar pocos días antes del hallazgo.

El llavero había sido encontrado por una de las nueras de López debajo de un rosal, mientras cortaba el pasto del jardín que la casa tiene en el frente. La planta está junto a la ventana por la que López solía tirar su llave dentro de la casa cuando salía. Luego se supo que el jardín nunca había sido rastrillado. "No se quiso molestar a la familia o que se pensara que se los estaba investigando", justificaron en aquel momento los investigadores.

En diciembre de 2006 la llave encontrada quedó envuelta en una serie de discrepancias entre las fuerzas de seguridad que hicieron los peritajes en torno a la cantidad de días que las llaves llevaban en el jardín. En medio de idas y venidas, el hallazgo nunca condujo a ninguna pista firme sobre el paradero de López.

A esta altura, el gobierno bonaerense ya había activado un 0800 para centralizar las llamadas con posibles pistas para dar con López. A fines de 2006, alrededor de 2000 personas se habían comunicado con esa línea y con el 911 para aportar datos. En algunos casos, la información derivó en rastrillajes en distintos puntos del país. En otros, los testimonios quedaron afuera por aportar teléfonos y direcciones inexistentes.

Por esas vías también llegaron llamadas de videntes y adivinos que decían saber dónde estaba el cadáver de López. De hecho, en octubre de 2006, y a partir de información aportada por una mujer que dijo ser vidente, se hicieron rastrillajes en el Parque Pereyra Iraola, el mismo lugar en el que por estas horas la policía busca el cuerpo del albañil.

A principios de 2007, la pesquisa se centró en ex policías bonaerenses y cobró fuerza la hipótesis de que el secuestro y desaparición de López era una venganza en su contra por haber atestiguado contra Etchecolatz, jefe de Investigaciones de esa fuerza durante la dictadura militar.

También se avanzó sobre el entorno del ex policía y se investigaron sus contactos desde la cárcel. Esa línea de investigación no produjo resultados. La participación de la bonaerense en la pesquisa fue cuestionada por la defensa de López desde el primer día, justamente por esta posible vinculación de ex policías con el caso.

En enero de ese año, el hallazgo de un cadáver en el Riachuelo causó alerta una vez más. La cara estaba enterrada en el barro y la mitad del cuerpo sumergida en el agua. Tenía el pelo canoso y de lejos parecía que el cadáver que estaba junto a la ribera, a metros del puente La Noria, en la localidad de Villa Fiorito, era López. Además, apareció junto a un conjunto de llaves, lo que elevó la expectativa. Finalmente, los peritos determinaron que el hombre muerto era más alto que López y tenía alrededor de 60 años, casi veinte menos que el albañil.

Recompensa. Ante la falta de avances, en julio de 2007, el gobierno provincial decidió elevar la recompensa . El monto para quien aportara información fidedigna para avanzar con la búsqueda pasó de 400.000 a un millón de pesos. Meses más tarde, ascendió a $1.500.000. A ese dinero aspira ahora el hombre que en las últimas horas declaró como testigo reservado ante las autoridades de la provincia.

La búsqueda vuelve a reactivarse. Con la misma energía que las esperanzas, y el inevitable miedo a la decepción, de quienes esperan poder poner fin a una pesadilla que lleva más de cuatro años.
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21 de agosto de 2017 | 09:19
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