La SADE, un geriátrico de escritores

El titular de la SADE dispara contras las gestiones anteriores y presenta los nuevos proyectos de la institución: derechos de autor colectivos, una radio, un museo, y una universidad de letras.

La primera comisión directiva de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) estaba presidida por Leopoldo Lugones. Su vicepresidente era Horacio Quiroga, su secretario, el editor Samuel Glusberg; el tesorero, Manuel Gálvez. Entre los vocales se contaban a Ricardo Rojas, Enrique Larreta y Jorge Luis Borges, que después presidiría la institución. Todos ellos construyeron el prestigio que alguna vez tuvo la SADE. Hace tiempo, sin embargo, que los miembros de su comisión directiva son ignotos para la mayoría (incluso entre los escritores). Desde diciembre de 2008, Alejandro Vaccaro es su presidente y pugna por devolverle un poco de orgullo –de dignidad, al menos– a la primera institución creada para defender los derechos de los escritores argentinos. “Cuando asumimos había una deuda de un millón de pesos. Esta casa estaba embargada, se había hecho ya una tasación para rematarla y teníamos diversos juicios que afrontar”, dice Vaccaro. Lo dice en “esta casa” de la calle Uruguay, que no es otra que la que eligió el mismo Lugones para vivir, adquirida por la institución en 1971. Entre los planes de la gestión anterior –acusa Vaccaro– estaba todo listo para venderla por 1,7 millones de dólares. La casa –un edificio francés de principios del siglo pasado– está tasada en US$3,6 millones. Hoy, asegura Vaccaro, contador público, empresario, escritor por vocación, coleccionista y biógrafo de Borges, las cuentas están saneadas y la SADE cuenta con 6500 socios en las 75 filiales de todo el país. “Desde afuera veíamos que la SADE se había convertido en una suerte de geriátrico literario ”. Con este panorama, apuesta fuerte y pretende avanzar en una ley de derechos colectivos, una herramienta parecida a la que utiliza la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) para cobrarles a las radios o a cualquier discoteca que pase música con copyright. El 9 de abril, en Carlos Paz, luego de la reunión con los directores filiales de la SADE en todo el país –apuesta– la iniciativa tomará otro impulso. “Lo máximo que gana un escritor del precio de tapa de un libro es el 10 por ciento. El resto se lo llevan editores, libreros y distribuidores. Y una de las tareas centrales de la SADE es dignificar la tarea del escritor, que es muy vapuleada”, insiste.

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