¿Por qué unos dicen "tú" y otros dicen "vos"?

Un interesante ensayo, La andadura del español por el mundo, traza el itinerario de la lengua que los conquistadores trajeron a nuestro continente y explica por qué es homogénea y diferente a la vez.

Un idioma de gran dispersión, que es oficial en 21 países (de dos continentes separados) y se habla en varios más, como los Estados Unidos, Filipinas o Guinea Ecuatorial, ha logrado sin embargo conservar una gran uniformidad, por encima de las lógicas diferencias de pronunciación y de léxico.

Es una de las conclusiones del filólogo Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, volcadas en su libro La andadura del español por el mundo (2010, Santillana).

"El voseo es hoy el único fenómeno del español americano que no tiene paralelo en ninguna región española", afirma. Este tratamiento tan común en muchos países hispanoamericanos es en realidad la supervivencia de un viejo fenómeno del español que en la antigua metrópoli fue retrocediendo ante la reconquista triunfante del tú.

¿De dónde viene y por qué subsistió en tantas regiones de Latinoamérica? Es una de las cuestiones que explica este libro.


Andaluces y canarios

En los primeros tiempos de la conquista, la gran mayoría de los españoles que llegaron a América venían del sur de la península y, dentro de ellos, el grupo más importante era el de los andaluces: uno de cada tres. Más tarde, se suma un fuerte aporte de canarios, al punto que a comienzos del siglo XVII constituían la cuarta parte del total.

López Morales describe así las peculiaridades del acento de estos españoles meridionales: "Aspiraban y hacían desaparecer sus eses finales de sílaba y de palabra (haber[s], somo[s], e[s]cuchan, conqui[s]tar); confundían las eres con las eles, y viceversa (arma, "alma": sordado, "soldado"; viral "virar", culva, "curva"); eliminaban sus des al final de la palabras (oí, "oíd"; bondá, "bondad") y en medio de ellas cuando se encontraban entre vocales (sordao, apresao); pronunciaban las jotas con un aspiración muy suave; seseaban y pronunciaban con /y/ las "ll" (yueve, Seviya, cabayo)".

Cualquiera puede reconocer en esta descripción los rasgos del acento de muchos pueblos latinoamericanos. El autor cita a un viajero que, ya en el siglo XVII, visita el Río de la Plata y concluye que "no existe otro pueblo en América que, en sus usos y costumbres, tanto recuerde a los puertos de Andalucía, en la península: la indumentaria, el lenguaje y los vicios son idénticos".

Esta "semilla andaluza", dice López Morales, siguió luego un camino propio en el nuevo continente. Pero era una pronunciación que resultaba chocante para la Corte española y por eso la Corona promoverá en América focos representativos de las formas lingüísticas cortesanas. Por ese tiempo, en la península, el uso del "vos" empezaba a ser considerado poco respetuoso y progresivamente se lo iba reemplazando por el "usted". Es lógico que se intentara su erradicación también en el Nuevo Continente.

Es así como los primeros grandes centros virreinales de México y de Perú "rechazaban las nuevas creaciones lingüísticas de origen andaluz y favorecían las procedentes de Madrid, como ocurrió particularmente con el caso del tuteo, que terminó por imponerse desplazando al vos".

Fue entonces que el español americano se bifurcó en dos variedades: "la original andaluzada" que se mantendrá principalmente "en aquellos lugares más estrechamente conectados con los puertos andaluces" y la que surgirá un poco más tarde "en los centros virreinales y en sus ámbitos de influencia, imitadora de la lengua cortesana". Esta segunda variante se alimentará año a año con la llegada de funcionarios peninsulares y gente letrada, de zonas centrales y norteñas de España. En esta versión se pronuncian las consonantes finales y no se espiran las eses. Las zonas de influencia de esta vertiente cortesana son México, Quito y Lima-Charcas, pero también irradian hacia parte de Centroamérica, zonas norteñas de Colombia y Venezuela y del norte argentino, como Tucumán. Según un testigo erudito de fines del siglo XVI que cita el autor, la de México era una manera de hablar "pulida, cortesana, delicada y naturalmente retórica, muchos más propia y elegante que la de los españoles peninsulares".

El mapa de la cercanía -política y administrativa- con Madrid determina el habla. No es casual que el modo andaluz prevalezca en el Río de la Plata, Paraguay, zona antillana y en varias partes de Centroamérica y Colombia, entre otras.


¿La cortesía es hispanoamericana?

López Morales subraya otro rasgo distintivo entre antigua metrópoli y ex colonia y es que "el discurso hispanoamericano está lleno de atenuantes y de elementos de cortesía" y da los siguientes ejemplos: "por favor, ¿me daría un café?", "¿no le importaría cerrar la ventana?", "¿lo molesto con la sal?". El español peninsular en cambio, dice, "sobre todo el del norte y centro, es más directo: "póngame un café", "no quiero azúcar", "¡eso es una tontería!", etc.
 
Pero no son sino detalles. El español es una lengua mayormente unificada gramatical y sintácticamente. Aunque lo que puede parecernos hoy algo natural es en realidad un triunfo sobre la geografía, la historia y la política. Es el proceso que López Morales describe amenamente en este ensayo.

Como dato para entender que la evolución pudo ser otra, baste pensar que al producirse las revoluciones americanas no faltó quien pensara que, a la par de la ruptura y segmentación geopolítica, "la fragmentación lingüística del español americano sería un hecho consumado", tal como dice López Morales. Se pensaba en un proceso análogo al del Imperio Romano cuya muerte dio nacimiento a las lenguas neolatinas, el castellano entre otras.


Las fuerzas centrífugas que no lograron prevalecer

Parece inimaginable hoy, pero el autor cita, por ejemplo, a un intelectual cubano, Juan Ignacio de Armas, que en 1882 sostenía que en su isla y en Santo Domingo y Puerto Rico, Venezuela, Colombia y parte de Centroamérica se hablaba lo que él llamaba "lenguaje criollo, a falta de mejor nombre" y que consideraba un "cuasi dialecto castellano", distinto del lenguaje que se hablaba en México y Centroamérica por un lado, o en el Pacífico, donde identificaba dos variedades, otra en Buenos Aires, etc.

También el romanticismo literario, particularmente el de la Generación del 37 rioplatense, soñaba "con una lengua americana" que los identificase "como hijos, no del Nuevo Mundo, sino de un mundo nuevo que nace con la independencia y que nada tiene que ver con España". Las posturas más drásticas, dice López Morales, se dieron en Argentina. Allí Juan Bautista Alberdi llegó hasta a sugerir la adopción del francés. En todo caso, los exponentes de esta tendencia, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez y Domingo Faustino Sarmiento, abogaban por un idioma nacional argentino y defendían el galicismo.

En el otro extremo de esta posición, se destaca la figura del venezolano Andrés Bello, autor de la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (1847), que sostenía: "Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza, como medio providencial de comunicación y vínculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español". Tuvo razón, ya que la extensión y homogeneidad de este idioma es el que hace hoy su fuerza.

Más tarde, el trabajo de las diferentes academias de lengua española, de la península y de América, contribuyó a evitar la dispersión.

La situación actual de este idioma es, según el autor, "muy halagüeña" por su "crecimiento continuo, bien como lengua materna (o) aprendida" y por la "creciente cohesión entre todos aquellos que lo hablan".

Prevalece por lo tanto la unidad lingüística en un idioma que es el cuatro más hablado del planeta, con un 5,7% de la población mundial que lo utiliza. Para 2030, los hispanohablantes serán el 7,5% del total de habitantes del mundo, lo que representa 535 millones de personas, superando cómodamente al ruso (2,2%), al francés (1,4%) y al alemán (1,2%). Para esa fecha, concluye López Morales, "sólo el chino superará al español como grupo de hablantes de lengua materna".

Fuente: Infobae.com
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10 de Diciembre de 2016|08:09
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