Aprender de los chicos: hábitos alimenticios saludables

Parar cuando estamos llenos, incluir snacks para mantener el metabolismo en movimiento, conectarse con la familia a la hora de comer... parecen acciones obvias, ¿no? Si bien somos los adultos los que enseñamos a los niños, hay sencillas lecciones que podemos aprender de ellos. Aquí, algunas sabias actitudes en torno a la comida.

Si bien somos los adultos los que enseñamos a los niños, hay conductas propias que no deberíamos intentar modificar en ellos, y de las que podemos aprender sencillas lecciones. A continuación, algunas actitudes alimenticias importantes que tienen los más jóvenes.

Comé cuando sentís hambre. Desde el momento en que nacen, los bebés saben cuándo y cuánto necesitan comer - ¡y van a ponerse a llorar para que nos enteremos!-.  Así como van creciendo este instinto fundamental se puede des-aprender. Llegado el momento de la adultez, puede que hayan aprendido a comer según otras razones que no se relacionen con el sentir hambre —horarios de las comidas, tentaciones, estrés, bronca, aburrimiento, entre otros incontables disparadores. A partir del reconocimiento de la diferencia entre la necesidad de comer y las ganas de comer, los adultos podemos re-aprender cuándo y cuánto comer.


Pará de comer cuándo te sentís lleno. Un niño va a girar la cabeza al ver llegar la cuchara o el tenedor cuando ya tuvo suficiente comida. Y puede tirar la comida en el suelo para demostrar que ya comió lo suficiente. Pero como adultos tenemos el hábito de “limpiar” nuestros platos porque “hay niños que sufren hambre” en algún lugar indefinido del mundo o simplemente porque sabe rico. No estamos sugiriendo que comencemos a tirar nuestros platos de comida al piso, pero debemos recordar que la comida es abundante en nuestra sociedad aún si no comemos todo lo que queda en nuestro plato.


Tener hambre nos pone de mal humor. Estar cansado, tener hambre o sentir una frustración nos asegura un niño ofuscado ¡y esto afecta a los adultos de igual manera!

Los snacks son buenos. Los niños naturalmente prefieren comer o picar pequeñas porciones de comida entre la cena o el almuerzo siempre y cuando sientan hambre. Ese patrón de conducta mantiene el metabolismo en movimiento todo el día. Los adultos que necesitan incentivar el funcionamiento de su metabolismo deberían probar esto también.

Jugá con tu comida. La mayoría de los niños ama examinar, oler y tocar la comida que tienen delante. Desde que al acto de comer es una experiencia sensorial completa, ellos aprovechan lo máximo de cada bocado. Este tipo de acercamiento “infantil” a la comida te va a ayudar a comer menos y disfrutar más. Vas a poder apreciar el aroma, la apariencia y los sabores mientras que no estés manejando, parado en la cocina o mirando tele.

Todas las comidas encajan. Los niños tienen una preferencia natural por el dulce y los sabores altos en grasas. Aunque los padres se preocupen por esto, estas comidas “divertidas” pueden ser parte de una dieta saludable. De hecho, las reglas que restringen la comida nos llevan a rebelarnos y a comer aquello que erróneamente se prohíbe —sólo pensá en la última vez que no tenías “permitido” comer algo durante una dieta-. Tanto niños como adultos deben comer sano, siempre y cuando aprendan a disfrutar las tentaciones con moderación.

Sé un comensal quisquilloso. Los niños no comen fácilmente aquello que no les agrada. Pensá cuánto menos comerías si dejaras a un lado aquello que sabe “más o menos”.


Podés aprender a que te gusten nuevas comidas. Alimentarse sanamente es un gusto que se adquiere. Una buena nutrición es esencial, por eso proveerse de una variedad de comida que se vea bien y sea saludable va a beneficiar a la familia entera.

Seguí al líder. Los niños suelen observar y muchas veces imitar lo que hacemos. Si nos observan comiendo una variedad de comidas saludables y ejercitándonos con frecuencia, van a aprender a cuidar sus propios cuerpos. Asimismo, si no nos escuchan haciendo comentarios del estilo “estoy tan gorda/o”, estarán menos inclinados a sufrir de baja autoestima o tener una actitud prejuiciosa consigo mismos.


Hay más que sandwiches y torta en una fiesta. Invitá a un niño a una fiesta y seguro va a estar más interesado en lo que hay para hacer que en lo que hay para comer. Invitá a un adulto a una fiesta y te va a preguntar qué comida se va a servir. No tenés que evitar las fiestas para seguir en forma o no salirte de la dieta: tan sólo enfocate en el principal propósito del evento: ser social.


Comer con tu familia es divertido. Desde que los bebés y niños deben ser alimentados por sus padres, tienen una tendencia a disfrutar comer con otras personas. El tiempo de comer en familia es tu oportunidad para modelar buenos hábitos y conectarte con los otros. Por eso es bueno que cada miembro de la familia comente y comparta en la mesa y así dar lugar a las conversaciones que amenicen la comida.


¡Es aburrido sentarse! Los niños suelen preferir seguir en movimiento constante porque están explorando el mundo que los rodea. Los chicos aman correr en el césped o en el jardín, mientras se desafían a ellos mismos con otras actividades de mayor complejidad. Así como van creciendo, la televisión, los video juegos y las computadoras van acaparando su atención. Por estas razones, es positivo estimular otras actividades que permitan usar el tiempo en algo más que la pura pantalla. Muchas veces los adultos se pueden beneficiar de ponerle un límite al tiempo que pasan frente a los diferentes tipos de pantallas para explorar el mundo que los rodea, volver a ser un poco niños por un rato, ¡por un tiempo más!

Dormir está bueno. Después de un día intensivo, los niños necesitan un buen descanso nocturno que los prepare para todas las aventuras del día que sigue. ¿No creés que también los adultos nos beneficiaríamos si tuviéramos suficiente tiempo de sueño para descansar satisfactoriamente?


Viví en el aquí y ahora. Los niños son los maestros de la vida en el presente. No pierden energía de más en preocuparse por lo que acaba de pasar o lo que ocurrirá mañana. Ellos están comprometidos a pleno descubriendo los caminos que forman las hormigas, jugando con el perro o viendo si pueden cavar un pozo con una pala de plástico. Nosotros, por el contrario, nos escurrimos fácilmente en nuestros pensamientos, perseguimos sueños y nos “enroscamos” cada vez un poco más profundo. ¡Podemos aprender muchísimo de los niños!

Fuente: Littlestomaks.com
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24 de octubre de 2017 | 03:07
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