Distorsión de los precios en el país por la inflación

Los economistas destacan que la política de tarifas subsidiadas cuyos principales beneficiarios son los consumidores de Buenos Aires tienen un costo que trasciende los millones de dólares que destina el Estado nacional a las empresas concesionarias de los servicios -desde los operadores de los ferrocarriles hasta los titulares de las distribuidores eléctricas y de gas- y que repercute en toda la economía, según Jorge Todesca (Finsoport)

En la estación Florida de la línea del ferrocarril Mitre, funciona una calesita de barrio. El boleto para dar una vuelta cuesta dos pesos, casi el doble de lo que sale un pasaje de tren para recorrer las ocho estaciones que separan esa localidad del norte del conurbano de la terminal Retiro.

La calesita y el pasaje en tren son sólo una muestra de la distorsión de precios que vive la economía argentina, con la mayoría de las tarifas de los servicios públicos en Buenos Aires congelados o muy rezagados, y una inflación real que acumula en los últimos cinco años un aumento del 150 por ciento.

Los economistas destacan que la política de tarifas subsidiadas cuyos principales beneficiarios son los consumidores de Buenos Aires tienen un costo que trasciende los millones de dólares que destina el Estado nacional a las empresas concesionarias de los servicios -desde los operadores de los ferrocarriles hasta los titulares de las distribuidores eléctricas y de gas- y que repercute en toda la economía. "Lo que vivimos es un enorme desorden de los precios relativos dentro de la economía argentina y en el que las tarifas de los servicios públicos son las que muestran un mayor estancamiento, en especial si se la compara con los servicios privados", dijo el economista Jorge Todesca, director de la consultora Finsoport.

Uno de los ejemplos más contundentes de las distorsiones de precios que vive la economía argentina es lo que sucede con los combustibles. Cargar nafta en Posadas, como en el resto de las ciudades de frontera, se convirtió en una tarea que demanda cada vez más tiempo debido a las largas colas que se arman frente a las estaciones de servicio. La explosión de la demanda no se explica únicamente por una ampliación del parque automotor local, sino también porque cada vez más paraguayos deciden cruzar el puente que une la ciudad de Encarnación con la capital misionera para llenar el tanque de su auto. La razón es que, en Paraguay, el litro de nafta súper se cotiza a 6,20 pesos, es decir un 44% más de lo que paga un posadeño en las YPF de su ciudad.

"La mayoría de los países dispusieron algún tipo de subsidios para el transporte para no tener que trasladar todo el aumento que registró el precio internacional del petróleo a sus tarifas, pero el problema en la Argentina es que los subsidios tomaron tal dimensión que causó un atraso muy grande en las tarifas. Por ejemplo, desde la salida de la convertibilidad, el petróleo en pesos aumentó diez o doce veces, y esta suba, obviamente, no se trasladó a los precios", señaló el economista Camilo Tiscornia.

En el caso de los combustibles, además, se registran otras distorsiones dentro del mismo sistema de transporte, lo que explica el reclamo casi constante de las aerolíneas para que les autoricen un aumento de las bandas tarifarias.

Hace unos días, Diego A. se había terminado de decidir por Mendoza como lugar de vacaciones y se puso a averiguar los precios para viajar a la capital cuyana desde Buenos Aires en la segunda quincena de febrero. Su sorpresa fue grande cuando descubrió que volar por LAN le costaba 17 pesos menos que viajar en un micro con cama ejecutiva, que tarda un poco más de catorce horas para hacer el mismo recorrido que en avión demanda menos de dos horas.

Vecinos desparejos
Los principales beneficiarios de los subsidios a las tarifas eléctricas son, paradójicamente, los habitantes de Buenos Aires, que es la ciudad que ostenta, de lejos, el mayor ingreso per cápita del país.

Francisco y Florencia se casaron hace apenas unos meses y les gusta salir a comer afuera. La última vez que fueron a cenar sushi en Mar del Plata pagaron 230 pesos. La cifra representa casi el doble de los 135 pesos que gastó el joven matrimonio sin hijos en el último bimestre en concepto de luz, gas, agua y teléfono fijo.

La diferencia no se explica únicamente porque salir a comer afuera acumuló en el último año un incremento superior del 30%, de acuerdo con distintos relevamientos, como los hechos por Sel Consultores y CIT Asesores Económicos, sino también porque los porteños continúan pagando las tarifas más bajas del país en materia de luz y gas.

En Misiones, por ejemplo, el precio del kilovatio oscila, según el consumo, entre 6 y 26 centavos de peso, contra los cuatro centavos que paga un cliente de Edesur o Edenor que no supere los 1000 kW de consumo bimestral, con lo cual, a una familia que consume 700 kW en Buenos Aires le llega una factura de menos de 50 pesos contra los más de $ 200 que paga un hogar misionero, que vive a pocos kilómetros de la mayor central hidroeléctrica de la Argentina, Yacyretá.

La disparidad de precios también se registra entre lo que pagan porteños y bonaerenses. Diego y Viviana viven en una casa del barrio de Villa Devoto, y de ABL anual pagan 850 pesos gracias a la decisión de la Legislatura porteña de frenar el aumento del 30% que había pedido el gobierno de Mauricio Macri. Del otro lado de la General Paz, y con una casa muy parecida en metros y barrio, Natalia y su marido, un matrimonio amigo, sufrieron un aumento del 71% en el impuesto inmobiliario, con lo que, sumado al ABL de Vicente López, pasaron a pagar 4230 pesos al año.
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