Las confesiones de Facundo Cabral

Dice que a los 73 años siente que ya sembró lo mejor de sí e incluso ya tiene decidido dónde va a cantar por última vez. Y vuelve a recordar ese encuentro con Perón que le cambiaría radicalmente la vida.

Cualquiera pensaría que el lugar donde vive Facundo Cabral, una suite del cuidado Hotel Suipacha, está repleto de discos. Pero no: lo primero que se ve apenas se ingresa al hogar de este hombre que recorrió el mundo con su criolla y canciones como “Yo no vendo, yo no compro”, “Vuele bajo” y “No soy de aquí, ni soy de allá”, todas traducidas en varios idiomas y repetidas de memoria en cualquier fogón, es una pared llena de libros. Y al costado otra. Y otra. “Lo que pasa es que yo soy un cronista más que un músico.

Soy más colega de ustedes que de Silvio Rodríguez”, explica Cabral, que no fue a la escuela y aprendió a leer y escribir recién a los 14 años, cuando un jesuita lo rescató de las peleas callejeras en Tandil y le inculcó el amor por la literatura y la filosofía.

Cerca de cumplir 73 años, la salud de Facundo Cabral le jugó algunas malas pasadas en el último tiempo. Primero fue un cáncer que logró superar con mucho esfuerzo, y luego problemas en la vista y en su pierna derecha, que lo obligaron a usar un bastón y espaciar sus actuaciones hasta prácticamente reducir su cantidad a un puñado por año.

Mirá la entrevista de Facundo Cabral en Tiempo Argentino

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21 de agosto de 2017 | 17:00
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