Empirismo categórico: el río invisible

Un texto fino, elevado, que brota del talentoso puño del escritor Teny Alós. Tomate unos minutos para degustarlo y disfrutá de su lectura, mientras enero comienza a despedirse de esta provincia atravesada por el desierto.

No todos saben y no todos ignoran que Mendoza está cercado por las telas de araña del conocimiento empírico.

En su tejido morfológico e histórico se pueden constatar, y hasta adivinar, logias, sectas y pecados intencionalmente secretos.

He dedicado los últimos veinte minutos de mi vida a la observación, defragmentación y clarificación del funcionamiento de estas sociedades que han marcado el rumbo de nuestros días. A ellas les debemos gran parte de lo que somos, y de lo que seremos, en este incipiente siglo XXI que ha avanzado hasta cubrir ya nuestros tobillos.

Lo primero que habría que mencionar es que estas sociedades han convivido y eludido las leyes naturales de nuestro clima con todas sus inclemencias, de nuestra geografía con todos nuestros olvidos, y de nuestras mujeres sin respetar a prójimos ni lejanos a la hora del deseo.

Los estudios de lo oculto, que me he permitido iniciar, tienen un antecedente en una librehistoriadora de conciencias, la señorita Paula Naldi, quien, bajo su coraza de investigadora, hace mucho tiempo viene poniendo luz sobre estos asuntos; basando sus artículos en la bibliografía que llega a sus manos, en fuentes orales, en infamias, chismes y todo lo que nuestros ancianos se animan a relatar de los tiempos de la epopeya cultural. Ella publica sus conclusiones en un blog y lo ilustra desde su cuenta en facebook.

Habla de tiempos en que la bohemia, la libertad de expresión en zaguanes, las visitas nocturnas de parejas al parque, la degustación de vermouth, eran prácticas ortodoxas de nuestra sociedad. La Cuarta era de fierros y de muchachas, claramente escribo muchachas, de vida ligera y precios al alcance de la billetera del cliente. Épocas de dominó y anís, de una partida de damas y no de damas que parten a comprar cigarrillos y no vuelven más, de boxeadores con estilo y de un estilo de vida acomodadamente siestero.

Me he tomado la atribución de decidir que este primer informe sea corto y aluda a un asunto de apariencia trivial pero que conmueve a nuestros comprovincianos: me refiero a un tema que nos permite flotar en la parte más pandita de nuestra credulidad.

Se trata del mito del río invisible. Contra todas las explicaciones escuchadas y por escuchar, los estudiosos de lo oculto, en su década de oro, los años ’60, explicaron el motivo real de la sequía alrededor de la laguna del Rosario que fuera fuente de riqueza para la antigua fauna y flora de la zona norte de nuestra provincia.

La conclusión a la que llegaron nuestros intelectuales fue descubrir fehacientemente la existencia de un río invisible en el mismísimo Lavalle, que fue recolectando toda el agua y arrastrándola hacia el oeste, contra la pendiente cordillerana, para así conservar y fertilizar los territorios del centro norte de Mendoza con agua subterránea.

El señor Bermudaz, dueño de una antigua casa de deportes y primer presidente de la Sociedad “La Razón Insepulta”, firmó el dictamen final con todas las pruebas aportadas en su momento por el cuerpo de investigadores, a quienes se les había encomendado el caso.

Este desenlace los expuso a una nueva problemática que no lograron resolver: si detenían el desguace del río invisible, probablemente sólo conseguirían trasladar el desierto de un lugar a otro.

El informe final desmentía tajantemente que otras intervenciones civiles pudieran haber causado semejante desertificación.

Sin embargo, en una madrugada de ginebra y café, Paula me amplió, con algunas erratas en la historia, ciertas cuestiones de las cuales todavía se duda. Una fracción de esta Sociedad que se llamaba a sí misma como “Los monjes del Lado Secreto” aseguraría que toda esta investigación fue llevada a cabo para esconder que la construcción del río invisible fue realizada por una mano inescrupulosa.

Paula me confió, aquella noche, que las pruebas todavía se hallan a resguardo en un viejo caserón de la calle Pueyrredón, en plena Quinta Sección.

Al parecer, Matilde y Pablo Neruda participaron de alguna reunión de la Sociedad, a la que asistieron disfrazados, como era su costumbre, y atentamente coincidieron con estas investigaciones. Motivo por el cual, se especula, muchos años después, Matilde autorizaría la edición de un libro llamado “El río invisible” con poemas y prosas de Pablo y en el que se halla un poema con estas líneas: “arena… arena… tierra removida / aceite hirviente del verano crudo. / La vida toda cabe entre mis venas.” Cabe destacar que, más tarde, Neruda, tal vez haciendo mención a esta sociedad, escribió: “por eso llevo / un invisible río entre las venas”.

“La Razón insepulta” asiente con complicidad a estos versos que probablemente harían mención al suelo mendocino.

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6 de Diciembre de 2016|12:59
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6 de Diciembre de 2016|12:59
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  1. Y ya sabemos quiénes son los herederos de "Los monjes del Lado Secreto%u201D; algunas de nuestras vidas en estos parajes lo han dejado escrito en nuestro cuerpo de arcilla. Su estilo no ha cambiado demasiado, acuerdo con Patan Mágico (perdón Sr. Patán, me gusta más escrito de esa forma) y entiendo que Teny corre peligro desenmascarando la cuestión. ¿Qué podrían hacer? No lo imagino, pero temo. Teny, ¿en serio las pruebas de todo esto están en la calle Pueyrredón de la Quinta Sección? ¿Guarda esto alguna rtelación con la intención de modificar la reglamentación de edificación permitiendo la construcción de propiedades de varios pisos en la quinta y la sexta? ¿Tapar pruebas? ¿Esconder evidencias? Rulos morenos, urgente una tertulia con la tal Paula y a dejar que este río siga su curso.
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  2. No tuve suerte con la búsqueda de esa tal Naldi en Facebuque. ¿Está bien escrito en el artículo? ¿No será Nalgui?, porque así aparecen muchas alternativas. El que psuo la foto de encabezamiento y redactó el copete ¿es de la barra de enfrente, participa de una estética inconfensable o así quiere mostrar que le pagan poco? Como el que menciona a Dolina... ¿Trabaja para el Registro de la Propiedad Intelectual? Coincido con xague en que escondida detrás del relato hay una novela, casi un río invisible. Y los ríos -tarde o temprano, por creciente o aluvión- debordan las propias fuerzas y cautelas.
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  3. Quizás esto sea un presagio de lo que vendrá gracias a Celso y la minería. Quizás en el futuro le contemos a nuestros nietos, quienes escucharán incrédulos, que nosotros bebiamos agua de la canilla, procedente del deshielo. Exelente Alós, un gran poeta y soñador!!
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  4. Grande, maese Alós! Me encantó su nota. Ahora vamos por la novela.
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  5. Sr. Alos, le ruego encarecidamente que amplíe sus reveladoras declaraciones. Saber mas sobre La Razón Insepulta, Bermudaz (a quien supe conocer de niño) y esa misteriosa señorita Naldi, se ha vuelto indispensable. La ciudadanía entera merece, como siempre, toda la verdad.
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  6. Yo sabía que corrían aguas nerviosas en medio de esta sociedad de pacatos! Que se ventile de una vez la verdad... ¿la verdad?
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  7. El texto es una invitación a la reflexión sin perder el humor, me parece
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  8. Me transportaste en el tiempo y en el espacio. Pude ver en la esquina a las muchachas, oír el ruido de las piezas de dominó contra la madera de las mesas, saborear el anís, oler - casi como a una lluvia inminente pero lejana- el agua de los ríos invisibles. Precioso y mágico relato. Gracias por hacernos cómplices
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  9. Quién ha tenido la suerte de leer mucho a Dolina percibe en este texto la exquisita narrativa de las crónicas del Angel Gris en el Barrio de Flores
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  10. Se dice buchón a quien anda por ahí hablando de ciertas cosas que en el desierto mendocino algunos sabemos y que son secretas. Solo algunos sabemos de ciertos ríos invisibles nacidos en la zona de Buena Nueva y cuyo caudal profundo llena ciertas almas. A veces se muestra al bulgo en la forma del Cacique Guaymallén, pero solo por un rato nomás. Por eso Teny, no conviene avivar a la gilada. Un abrazo cordial. El Tomero de Guaymallén.
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