Vicente Reale, enojado con el cura de Malargüe

Indignado con el cura Gómez de Malargüe, pero también con la jerarquía eclesiástica de Mendoza, el también sacerdote Vicente Reale, analiza los hechos que fueron revelados por MDZ y que ahora trascienden a todo el país.

Me niego a que la Biblia esté llorando junto al calefón

Por Vicente Reale



Y como la Biblia está llorando, no puedo hacerme el distraído ni mirar para otro lado o desgranar sonidos parecidos a palabras que esquivan la verdad y la justicia.

Me han dolido y me han enfermado (sic) hechos acaecidos en estos días aquí en Mendoza y protagonizados por miembros del clero católico. Y no puedo callar ante ellos, por mi amor y respeto por Jesús y por intentar ser coherente con lo que me está dictando mi conciencia.

Mi dolor ha llegado a la rabia profunda. Pero, no teman. No tomaré el látigo, como lo hizo Jesús para echar a lonjazos a quienes estaban profanando el templo no sólo con palabras sino con la vil mercancía. Sí me hago cargo totalmente de lo que expresaré a continuación, aceptando desde ya las consecuencias que deriven de mis opiniones, sea en opiniones contrarias o en hechos que afecten a mi persona.

1- Lamentable, excecrable, dislocado, paranóico e injusto lo actuado y lo dicho por el sacerdote “Pato” Gómez en el festival de Malargüe. No hay posible justificación humana, ni menos cristiana, a lo protagonizado por él.

Es verdad que la letra de la canción que estaba siendo interpretada hería e insultaba el sentir y el creer cristiano. Pero nadie tiene el derecho de treparse a un escenario, interrumpir un espectáculo público y lograr que los ejecutantes terminaran abruptamente su actuación.

Producida la ofensa, existen dos caminos para corregirla: una querella por injurias  contra los ejecutantes (querella que en este caso disponía de todas las pruebas), o la actitud de Jesús ante tantos insultos y golpes recibidos en su vida: callar, perdonar y orar por sus perseguidores.

No comparto la actitud y las palabras del mencionado sacerdote. Más, cuando en una entrevista radial en un medio de nuestra ciudad llegó al paroxismo de afirmar que “la canción que se estaba ejecutando era diez mil veces peor que los delitos de pedofilia cometidos por sacerdotes”. No hay palabras para esta aberrante locura. Rezo para que el padre Gómez revea su actitud y pida el consiguiente perdón público.

2- No han sido mejores la actitud y las palabras vertidas por el vocero del arzobispado de Mendoza al comentar el hecho. Continuamente se escabulló de dar una respuesta u opinión acabada sobre lo sucedido en Malargüe. Un periodista, en cinco oportunidades y de distintas formas, intentó conocer su pensamiento y definición. “Que si, que no”; “que hay que ver”; “que hay que estar en el lugar”; etc., etc. Conclusión: ambigüedad e indefinición.

No es la primera vez que De Benedectis actúa de esta forma, que -nobleza obliga- no fue la forma de actuar de Jesús. El vocero ya había superado esta marca cuando convalidó los actos genocidas de Mússere al “explicar” que para un cristiano existe una forma ética de actuar dentro de la institución iglesia y otra en la vida cívica. Lamentable y execrable también.

3- Una última palabra acerca de lo afirmado por el Papa sobre la libertad religiosa y sobre la enseñanza de la religión en las escuelas públicas. Palabras que fueron comentadas por el obispo Buenanueva y que aparecieron en la edición de ayer de MDZ.

El obispo afirma que es imperioso que haya libertad religiosa en todas partes y también en nuestro país. Vale preguntarse si en la Argentina no la hay. Yo creo que si la hay. A nadie se le impide profesar un credo y realizar los actos religiosos propios.

A no ser que lo que desee señalar Buenanueva es que hay algunas religiones (la católica) que tienen sobreeminencia y necesaria prioridad sobre las otras a la hora de ser merituadas o valoradas ante el espacio público. Si esta fuese la afirmación del obispo, debo decir que estoy en completo desacuerdo con él. En repetidas ocasiones he recordado lo que la misma iglesia católica afirma: que la iglesia no debe dictar normas al estado, como tampoco lo debe hacer el estado con la iglesia.

Lleva razón el obispo cuando afirma que los padres son los primeros responsables en la educación de sus hijos y en los valores que deseen trasmitirles. El tema entra en conflicto, para muchos, cuando a la enseñanza pública, gratuita y obligatoria de gestión estatal se le quiere adjuntar también la enseñanza religiosa.

Buenanueva afirma que el Estado es “complementario” en la educación de los hijos y debe acceder a lo que los padres quieran para esos hijos. No hay problema entonces: que el Estado llame a una elección o plebiscito y que los ciudadanos voten por el sí o por el no de la inclusión de la enseñanza religiosa en las instituciones educativas públicas de gestión estatal.

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22 de agosto de 2017 | 19:35
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