Cuarenta y tres artesanos crean el vestuario y la utilería de la Vendimia

Trabajan en el subsuelo de la Secretaría de Turismo. Cosen, lavan y planchan los trajes que utilizarán los artistas, y crean los objetos que se verán en el escenario. Mirá las fotos y el video de estos hacedores de la fiesta.

Sin el trabajo de sus manos, la Fiesta Nacional de la Vendimia no se podría realizar. Cortan, cosen, planchan, lavan y crean cualquier objeto con diferentes materiales. Las manos de las cuarenta y tres personas que hacen el vestuario y la utilería de la celebración se mueven sin descanso, y no se detendrán hasta que vuelvan a colgar las prendas, a la espera de la próxima celebración.

Al bajar las empinadas escalinatas de la Secretaría de Turismo se descubre un mundo distinto: máquinas de coser funcionando sin parar, tijeras, planchas, lavadoras. Desde las 8.30 y hasta las 16, los responsables de la utilería menor y de los trajes que utilizarán los más de 700 bailarines  y actores, se esfuerzan para que todo quede perfecto.

Más allá del sueldo, la mayoría se siente parte de la fiesta, y por eso disfrutan del trabajo intenso de estos dos meses, en los que pasan más tiempos con sus compañeros, que con sus familias.

Las costureras reciclan el 60 por ciento de los trajes de la fiesta.

Este año la fiesta será especial para ellos. El director, Walter Neira, contará la historia de los que hacen posible la celebración.

Susana Andrada, supervisora de Vestuario, explica que el grupo está dividido en cinco sectores: utileros, modistas, lavadoras, planchadoras y los encargados de los servicios generales. Son contratados desde enero hasta marzo, aunque aún no firman los papeles, ni se define el monto que les pagarán.

El 60 por ciento de los trajes que se utilizan en la fiesta son reciclados, mientras que el 40 por ciento restante son nuevos. Sólo en telas, se gastan unos 80 mil pesos.

Costura y terapia

María Margarita Mazzella es la encargada del taller de costura. Mientras descuelga unos vestidos, explica que cada sector hace un trabajo importante, y que sin uno de los eslabones jamás podrían terminar a tiempo. “Son dos meses intensos, pero este trabajo es mi vida”, asegura.

Junto a cuatro señoras analiza qué se necesita en cada cuadro y selecciona las prendas. Cada actividad la hacen por colores, por ejemplo, ayer era el turno del celeste, entonces el equipo cortó, lavó y planchó cientos de pañuelos, camisas y faldas de ese tono.

Margarita no devela muchos detalles, pero desliza que este año los trajes son sencillos y  cortos, que en otras ediciones de la fiesta.  

En el taller de costura el clima es distendido. Las manos no paran, pero eso no impide conversar con las compañeras. Las mujeres comparten el desayuno, el almuerzo y tratan de resolver los problemas que se presentan, como cuando se rompe una máquina, ya que cada costurera debe llevar la suya.

Las mujeres definieron su labor como un trabajo y una terapia.

Hace seis años que Nelly Girase (58) cose los trajes de la fiesta, y asegura que además de un trabajo es una terapia. En 2010 vio por primera vez la fiesta y sintió una emoción muy grande al ver a los bailarines con sus creaciones.

Rosa Díaz (62) bailó folclore en la fiesta desde el 66 al 68, por eso espera con emoción el comienzo de la labor. “Hay gente que te dice que no te conviene por el sueldo, pero lo hacemos con el corazón. Cuando vas a ver la fiesta te dan escalofríos”, confiesa la mujer.

Graciela Altamira (51) define los dos meses que pasa en el taller como unas mini vacaciones, en las que se olvida de los problemas. Para ella, la labor tiene un significado especial: se la dedica a su hijo, Gastón Carrizo, quien bailó folclore durante 14 años en el escenario del Frank Romero Day y falleció hace unos años.

María Miranda se destaca en el grupo porque hace 51 años que cose los trajes de la fiesta. Tiene 78 años y cree que ésta será la última Vendimia, aunque no está convencida, porque dice que se siente útil y realizada. “Es una emoción que no se puede explicar, es algo que uno ha fabricado, que es un poco de uno. Soy feliz haciendo esto”, dijo la mujer.

A pulmón

Un gran patio comunica el taller de costura con otro salón en el que están las lavanderas y planchadoras. Al sector no llegaron los adelantos tecnológicos, y aunque suene increíble, estas mujeres trabajan con un lavarropa a paleta, un viejo secador y planchas demasiado básicas, para la envergadura de la fiesta.

Ellas no se quejan porque, como siempre, son los esfuerzos individuales los que subsanan estas fallas. Gabriela Valdéz (40) y María Luisa Barbosa (67) lavarán unas diez mil prendas para este espectáculo. Los que más les cuestan son los pañuelos, porque se entrelazan en el lavarropas, y hay que tener paciencia y fuerza para sacarlos del agua.

Gabriela reconoce que el trabajo es pesado, pero dice que es hermoso participar en la fiesta y compartir dos meses con un grupo de amigas.

Gabriela Valdéz lava unas 600 prendas por día en un lavarropa a paleta.

Una vez que las prendas se secan al sol, pasan al sector de planchado. Hace 20 años que María Eugenia Atencio (63) se esmera en que cada vestido quede perfecto. Confiesa que el trabajo es una especie de terapia y que nunca vio la fiesta, porque siempre estuvo detrás de bambalinas ayudando a los bailarines y actores.

María Eugenia, al igual que sus compañeras: Isabel, Miriam, Susana, Liliana, Mary, Estela y Yolanda, siente a la fiesta como propia, por eso se esmeran y planchan con delicadeza cada prenda.

Objetos con vida propia

Otro de los sectores del taller está dedicado a la realización de la utilería menor. Ahí todos los hacedores son jóvenes, profesionales o estudiantes, a los que les gustan las tareas manuales.
Diego Cornejo (36) es arquitecto y es el segundo año que trabaja en la utilería de la fiesta. Le interesó participar porque era algo distinto, que le permitía aprender nuevas técnicas.

Los utileros hacen prototipos pequeños de los objetos que les piden y luego los construyen en el tamaño real. Utilizan goma espuma, telas, pegamentos y máquinas de coser.

Diego Cornejo es arquitecto y forma parte del equipo que hace la utililería menor de la fiesta. Junto a él trabajan Marina, Fernanda, Daiana, Andrea, Daniela y María.

El desafío de este año será la construcción de una enorme red de 12 metros de largo, ya que será dificultoso trabajar con un objeto de dimensiones tan grandes, en un espacio limitado.
Junto a Diego trabajan Marina Sarales (25),  Fernanda Defonsi (41), Daiana Cecchin (22), Andrea Meli (21), Daniela Ramírez (20) y María Fernanda Yesi (19).

Ya es mediodía y en todos los sectores la actividad es intensa. Las manos seguirán trabajando sin descanso, porque sin su esfuerzo, la fiesta de la Vendimia nunca podría concretarse.

Recorré el taller de costura y utilería

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20 de octubre de 2017 | 19:01
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