Pato, criollo

Se llama Jorge Gómez, le dicen Pato, el Padre Pato. Es el cura de Malargüe, el más sureño de los departamentos mendocinos, limítrofe con Neuquén.

A Vicente Reale, cura y amigo.
                              
                           "Creer o reventar. Pues entonces, reventar"
                                                                  Isidoro Blaisten
 
Se llama Jorge Gómez, le dicen Pato, el Padre Pato. Es el cura de Malargüe, el más sureño de los departamentos mendocinos, limítrofe con Neuquén. En ese rincón de nuestra Matria se realiza, todos los veranos, la Fiesta Nacional del Chivo (se ruega no confundir al apetitoso animalito con el famoso "cordero de Dios que quita los pecados del mundo", ni con la publicidad subliminal). Gatos, zambas y chacareras, tonadas y huaynos, alumbran las noches festivaleras.

 A veces, ésta es una de esas veces, actúan artistas no encasillados en los géneros musicales tradicionales. Malargüe tiene una población aproximada de más de 25.000 almas. El rebaño del Pato.

Hace tiempo ya el Pato ha devenido Pato criollo. Ya se sabe. El dicho popular le atribuye al pato criollo un paso una deposición; otro paso otra deposición, dicho académicamente.
Sucedió hace tiempo. El Pato criollo impidió la actuación de Víctor Heredia para presentar Taki Ongoy, su cantata referida al genocidio indígena, perpetrado por el imperio español, esa globalización de fines del siglo XV, bajo el auspicio de el sable y la cruz. Tampoco pudieron recalar por esas comarcas las huestes del Pelado Cordera, la Bersuit, acusadas de pornográficas por el mentado Pato criollo.

El nuevo paso y su deposición se produjo en la madrugada de hoy, cuando el Coral Lutherieces, un grupo mendocino de cámara devoto (¡je!) de los originales, cantaba "Educación Sexual Moderna", haciendo cover de la finísima ironía, el deslumbramiento musical y el respeto inmaculado (¡otro je!) al que nos tienen acostumbrados los muchachos de Rabinovich y Cía. Era el segundo tema de la actuación.

Como un poseído por el designio divino, el Pato criollo saltó las vallas de contención que dividen el escenario del público, interrumpió la tarea de los artistas y dijo, textualmente: "Somos católicos y no voy a permitir que pisoteen mi castidad". Hasta aquí nada sorprendente. Que un sacerdote que llegó tarde al Arca de Noé, es decir es un antediluviano, reaccione así, es previsible. Lo inaudito sucedió inmediatamente. Dicen las crónicas periodísticas que parte del público reprobó la actitud del Pato criollo, pero otra parte nada despreciable (en cantidad, digo), lo aplaudió.

No comparto la opinión del colega Walter Gazzo, de MDZ Digital, quien afirma que los artistas dieron muestras de profesionalismo porque cambiaron el repertorio y siguieron con el show. Se fueron a una cueca. La cueca del arrugue.

Marcelo Hernández, líder de la agrupación musical, piensa que lo resolvieron bien. Creo que no, Marcelo. Ningún cachet vale lo que vale la dignidad. O se iba Pato, que es lo que correspondía, o se iban ustedes, los artistas. Para colmo, el recital se vio abortado (¡más je!) por la irrupción de la locutora que "despidió" al Coral a mitad de su performance. Un verdadero ars interruptus. Según el mismo Hernández recibieron cinco explicaciones distintas de este segundo papelón. Ahora debaten si iniciar acciones legales. ¿A quién? ¿A los organizadores del festival? ¿Al Pato criollo? ¿Al intendente que, presente, se dejó invadir jurisdicción? ¿A la Santa Madre Iglesia? ¿A Dios?

Al Pato criollo cabe preguntarle si se ocupó de evitar que Julio Grassi pisotee la castidad de los que debía cuidar; si dijo algo de la castidad pisoteada de miles de víctimas de los pederastas con sotana que en el mundo hansido; de la castidad de los curas palotinos, de las monjas francesas, de Enrique Angelelli y Juan de Dios (¡de Dios!) Murias, de los sometidos a tormentos por el cura von Wernich, de la castidad del patrimonio malargüino enajenado a favor de terratenientes malayos. No se escucha, Padre. No se lo escucha.

De esa esquina de nuestra tierra viene el gobernador que supimos conseguir. Espero que, aunque esté de vacaciones, nos diga algo al respecto. La ética y la moral no se toman vacaciones, don Celso Jaque. Usted fue varias veces jefe comunal de esos pagos y conoce el paño.

Para que quede clarísimo, trasparente. Mi diatriba no se mete con la fe religiosa de nuestra gente. "El que quiere creer que crea y el que no su razón tendrá", cantan Jorge Drexler y Mercedes Sosa. Pero hace tiempo que hemos dejado de ser "el país jardín de infantes" (¡gloria eterna, María Elena!).

José Saramago, el humanista portugués, dijo que, tanto Bush jr. como Bin Laden, se escudaban en el factor Dios para culparse mutuamente por las barbaridades cometidas. Yo creo, con él, que no se puede culpar a quien no existe. Pero, si usted lector o lectora, cree, mi diatriba vale igual.

Creo que el Negro Dolina que, en el fondo, los que escribimos lo hacemos para levantarnos minas. Como en ese sentido soy un fracasado asumido, escribo para ganarme el Infierno.
Cuando me llegue la hora, espero que el GPS no me mande por Malrgüe. No quiero llegar manchado con deposiciones sacras.
INTERNOTA2 (580x90)
Opiniones (4)
23 de octubre de 2017 | 15:16
5
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23 de octubre de 2017 | 15:16
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Éste Rudman...otro impresentable mas!!! Por favor, de donde salen estos impresentables columnistas.
    4
  2. En Malargue, los curas huelen a chivatos?, son realmente castos?. Por la reacción del pato criollo, parece que esconden algo debajo de la sotana...
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  3. EEEEEEEEEEEEEEexcelente
    Quien haya sido el autor, realmente merece las debidas loas. Inteligente, irónico y mueve a la risa... que debe ser la peor pesadilla de los patos malargüinos.
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  4. ¿quien firma la nota?
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