La Presidente firmó acuerdos en Kuwait para atraer fondos

Cristina Kirchner, de riguroso luto, tuvo ayer una recepción digna de una reina en este riquísimo y pequeño emirato del Golfo Pérsico, que el Gobierno espera que se convierta en la puerta de entrada al mundo árabe y a sus fondos de inversión multimillonarios. "Sé que es la primera vez que la Argentina viene, pero la sensación es que nos conocemos desde hace tiempo", le dijo su alteza real, el emir Sheick Sabah al-Ahmad al-Jaber al-Sabah, a Cristina Kirchner

Vestida en todo momento de riguroso negro, Cristina Kirchner tuvo ayer una recepción digna de una reina en este riquísimo y pequeño emirato del Golfo Pérsico, que el Gobierno espera que se convierta en la puerta de entrada al mundo árabe y a sus fondos de inversión multimillonarios.

"Sé que es la primera vez que la Argentina viene, pero la sensación es que nos conocemos desde hace tiempo", le dijo su alteza real, el emir Sheick Sabah al-Ahmad al-Jaber al-Sabah, a la Presidenta, en una frase que resumió el buen clima que reinó en la primera jornada de una gira de fuerte impronta económica que seguirá en Qatar y en Turquía.

Túnica negra y turbante blanco impecable, la máxima autoridad de Kuwait en persona, junto con todo su gabinete y con toda la pompa que suelen dedicarles a las visitas de Estado al mediodía fue a recibir a la Presidenta al aereopuerto.

Enseguida el emir quiso dejar claro qué significa la tradicional hospitalidad árabe. Hubo revista de tropas, guardia de honor, se entonaron los himnos y niños kuwaitíes le entregaron a la Presidenta un ramo de flores. Como toque final, en la denominada Sala del Emir, su alteza le ofreció a la Presidenta un primer ritual café de bienvenida al estilo árabe.

Pero ése fue sólo el comienzo. Tras recorrer un trayecto decorado con banderitas de Kuwait y albicelestes de la Argentina, Kirchner, que viaja acompañada de su hija Florencia -con quien se tomó un día de descanso en Egipto-, fue escoltada luego hasta la residencia Jahra del inmenso Palacio Al-Bayan, donde el emir suele hospedar a sus invitados. Se trata de una zona militar de acceso imposible, de 14 hectáreas, donde se levantan diversos y lujosos edificios modernos de estilo arquitectónico islámico. El complejo incluye una espectacular mezquita de cúpula dorada para 1500 fieles, una gigantesca carpa de 3500 metros cuadrados con un salón de ceremonias para 500 personas y, en el único país sin reservas de aguas naturales del mundo, diversas fuentes que se inspiran en la famosa Alhambra de Granada.

En la residencia Jahra 2 -moderna y lujosa, con baños de mármol y grifería dorada-, donde en amplias suites se alojaron también las tres asistentes y los tres secretarios privados de la mandataria y el resto de la comitiva, por la tarde la Presidenta tuvo un encuentro con el presidente de la Asamblea Nacional, Hassan Mohamed al-Korafi, y luego con el primer ministro, Nasser al-Mohammed al-Ahmed al-Sabah.

Más tarde fue recibida nuevamente con todos los honores por el emir. Amén de discursos más que cordiales, según contaron a La Nacion fuentes de la comitiva, hubo condecoraciones, se firmó un acuerdo por el que Kuwait designó a la Argentina como un "centro estratégico de inversión" y se rubricaron otros siete memorandos de entendimiento para potenciar la relación bilateral. La Presidenta evitó todo contacto con la prensa aquí apostada.

Agradecimientos
A la hora de los discursos, el emir, que por la noche agasajó a la jefa de Estado argentina con una comida de gala, reconoció el papel que tuvo la Argentina como país aliado en la fuerza multinacional que en enero de 1991 liberó a Kuwait de la invasión iraquí, en la Primera Guerra del Golfo. Entonces, Carlos Menem envió dos corbetas al Golfo Pérsico.

"Kuwait entiende que la Argentina es un país amigo", dijo Al-Sabah, que también agradeció el reciente reconocimiento oficial de Palestina como un estado libre e independiente realizado por el Gobierno, un tema aquí muy seguido.

Según contó a La Nacion el canciller, Héctor Timerman, el emir le pidió a la Presidenta que los ministros de relaciones exteriores de ambos países pusieran en marcha una comisión de trabajo para que la Argentina participe de la reconstrucción de Kuwait, país arrasado por Saddam Hussein en 1990.

"Kuwait va a gastar sólo este año 30.000 millones de dólares para esto y quieren hacerlo también con nosotros, que para ellos somos sus aliados", subrayó Timerman.

El canciller, de hecho, destacó que paralelamente a la actividad presidencial, unos 87 empresarios argentinos comenzaron a presentar 28 proyectos privados que van desde biotecnología hasta alimentos, por un total de 3800 millones de dólares, en reuniones muy positivas.

"Kuwait tiene exceso de capital y carece de recursos alimentarios y tecnología, por lo que tenemos economías complementarias", dijo el canciller, entusiasmado. "El emir, además, nos dijo que usemos a Kuwait como plataforma para el resto de los países del Golfo, lo cual nos abre las puertas al mundo árabe", agregó con mucho optimismo.

REGLAS ÁRABES
De prohibiciones y discriminación

 A diferencia de lo que ocurre en otros países musulmanes, en Kuwait las mujeres no son tan discriminadas. No están obligadas a llevar el pelo cubierto, pueden manejar y desde hace poco hasta pueden votar. Es más, hay cuatro mujeres en el Parlamento, como le recordó ayer Cristina Kirchner al presidente de la Asamblea Nacional. Este le contó que en Kuwait los electores mujeres son más que los hombres. "Entonces, está todo muy bien", comentó la Presidenta. A la vez, se supo que la abstinencia de bebidas alcohólicas, totalmente prohibidas en este pequeño emirato debido a preceptos religiosos, comienza a notarse en la comitiva argentina. Muchos lamentaron ayer no haber podido regar con vino blanco unos magníficos langostinos.
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18 de agosto de 2017 | 17:27
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