"El maestrito" que vivió para ayudar a los demás.

La historia de hoy recorre la vida de un maestro rural que entregó su vida a la docencia por amor al prójimo. Presentamos en esta nota a Héctor Lisandro Calderón o simplemente  "El Maestrito" como le decían en Catamarca.

Héctor Calderón nació en el año 1933 en la Villa 25 de Mayo, hijo de Héctor, Jefe del Registro Civil de ese Distrito, y de Doña Visitación desde muy chico aprendió a vivir lejos de su hogar. Los viajes para ir a estudiar a la ciudad de San Rafael lo obligaban a quedarse en casa de familiares porque los horarios de los colectivos no coincidían con los de la escuela a la que asistía.

"Me acuerdo que solo había tres frecuencias de colectivos que unían la Villa con la ciudad y los viajes eran interminables porque los caminos eran inadecuados, muchas veces se rompía el ómnibus y teníamos que empezar a caminar" cuenta Héctor.

Debido a esta situación, Don Calderón expresa "me costó mucho estudiar pero finalmente me recibí como maestro en la Escuela Normal, también cursé estudios primarios en Marista y en la Escuela 25 de Mayo".

Una vez terminado el ciclo secundario y con el título de maestro en su haber, Héctor comenzó a trabajar en una empresa que se dedicaba al arenado de Los Caracoles. "Allí estuve muy poco tiempo porque tuve la suerte de agarrar una suplencia en la escuela de la Villa que en ese entonces era el Nacional 96 Los Andes y hoy se denomina Escuela Alfredo Bufano".

En plena década del 50 comenzó el recorrido de Héctor Calderón por las aulas argentinas pero lo que nunca imaginó el maestro pronto iba a llegar. "Siempre tuve vocación de servicio por eso cuando llegó una invitación del Consejo Nacional de Educación para realizar una capacitación para maestros rurales de 6 meses en Ezeiza, Provincia de Buenos Aires, no lo dudé y la acepté".

Esa invitación iba a cambiar la vida del educador porque a partir de este viaje iba a conocer a su futura esposa y un lugar en el mundo que le iba a permitir hacer lo que más le gustaba que era ayudar al prójimo. Para conocer esa historia dejemos que el propio Héctor la cuente.........

-¿Cuál fue su primer destino luego de la capacitación en Buenos Aires?

En Buenos Aires estuvimos 6 meses estudiando técnica de aprendizaje aplicables a la enseñanza en escuelas rurales, había maestros de todas partes del país excepto las zonas más australes como Chubut, Santa Crus y Ushuaia. Mi primer destino fue la Escuela 44 del Vallecito del Departamento "el Alto" de Catamarca cerca del límite con Santiago del Estero, tenia 28 alumnos de primero a séptimo, las poblaciones en esa zona desértica son casas dispersas, todas tenían un corralón con cabras, eran 17 casas en un radio de 8 kilómetros.

- Antes de seguir, ¿Usted conoció en el curso a su futura mujer?

Así es pero yo viaje sólo para allá, mi futura mujer era de Tucumán y el destino quiso que la transfirieran a un lugar cercano al mío, nos separaban dos horas de tren, yo iba una vez al mes a visitarla, me iba caminando de noche hasta el pueblo de Frías y de allí me tomaba el tren.

- ¿De noche? , ¿Por qué?

De día hacía muchísimo calor y el camino no te permitía utilizar la bicicleta, caballo no tenía así  que caminar era el único medio de transporte.

- ¿ Cómo era la Escuela 44 del Vallecito?

Yo llegué a ese lugar como asistente del Director de la Escuela, era una casa de piedra con techos de rama, dos puertas y una ventana que ra una agujero, allí teníamos un escritorio y un armario que simulaba ser la dirección y en el mismo ambiente los pupitres donde los chicos tomaban sus clases. Todo era muy humilde y era imposible en ese lugar poder aplicar las técnicas de enseñanza aprendidas en Buenos Aires por eso gestionamos ante el Consejo nacional de Educación una "ayuda" para construir un nuevo edificio que finalmente en dos años junto a los vecinos logramos levantar.

- ¿ Usted participó de la construcción de la escuela?

Por supuesto sino quien más lo iba a hacer, los vecinos se tuvieron que hacer cargo de la mano obra y el Estado de los materiales y yo era parte de esta comunidad. El gran problema que teníamos era que no había jóvenes porque la mayoría de ellos emigraba una vez terminado el primario así que junto a varias personas mayores de edad y tres albañiles contratados logramos levantar un ambiente más adecuado.

- ¿ Cómo era vivir en un lugar tan distinto al que Usted estaba acostumbrado?

Solo la vocación de servicio te permite sobrellevar una vida lejos de las comodidades a las que por los menos yo estaba acostumbrado. EL calor, la comida, los insectos, la falta de agua potable, la falta de energía eléctrica, no poder leer por las noches porque si encendías una luz se te llenaba la pieza de bichos etc. Yo vivía en una habitación que me alquilaba un vecino de la zona, era muy pequeña con techo de ramas, por suerte no me picó ninguna vinchuca pero el riesgo siempre estuvo latente.

Terminada la respuesta, Calderón suspira y nos dice " les voy a contar una anécdota que a mi me marcó para siempre y te pinta como ara la vida de los lugareños.

" En el año 1959 se desató una epidemia, denominada gripe asiática, en todo el país , se caracterizaba por varios síntomas como fiebre alta y contagiosa. Las autoridades debieron suspender las clases en todo el país por 15 días y entonces el director me dice "váyase usted una semana que yo me quedo con la gente". Le digo mire yo no tengo a donde ir, vaya usted que vive en la zona.

"Durante mi estancia en esta zona conocí un farmacéutico en Frías , nos hicimos amigos y me acordé  que me podía ayudar a tratar a los enfermos, yo quería auxiliar  a esta gente y solo me quedaban 30 pesos. Viajé  hasta Fría y compré los remedios que pude".

"El amigo mío me llenó el bolso de pastillas , jarabes, aprendí a poner inyecciones y empecé a visitar a todos casa por casa, anduve así las dos semanas cuidando de mis vecinos. En 15 días el brote había disminuido pero uno de los habitantes del lugar me avisó que en una casa a 10 kilómetros vivía un matrimonio de ancianos que estaba muy mal- Yo me dije "tengo que ir y me facilitaron un caballo, me dieron las indicaciones  me fui a verlos . Los perros me anunciaron la llegada a la casa de donde salió una anciana, yo le dije  soy el maestro ¿quiero saber como están? El relato se interrumpe y el maestro " se emociona"........ , pero maestro  usted ha venido del cielo, mi viejo se muere......

"Le apliqué una inyección y a los 30 minutos el hombre esbozó una sonrisa, en ese momento me dí cuenta que le había salvado la vida".

- Entonces.. ¿Usted no era solo el maestro de la escuela?

Cuando llegas a estos lugares te tenés que ocupar de todo, sos enfermero, maestro, sicólogo etc.... por eso habló de vocación de servicio, para ser maestro rural necesitás amar al prójimo porque estas situaciones se dan a cada rato

Don Héctor tiene 75 años, es padre de tres hijos, dos hombres y una mujer, tiene 5 años y dos hermanos que aún lo acompañana en la vida pero su compañera María Cecilia Funes fue siempre quien lo bancó en todos sus traslados, "Nos casamos despues de mi experiencia en Catamarca, se allí nos vinimos de nuevo a la Villa 25 de MAyo, luego a la ciudad de San Rafael, a Jaime Prats y a Malargüe".

Las historias de vida siempre nos sorprenden por algún matiz en especial en este caso el amor, la vocación de servicio y el estar siempre dispuesto a ayudar fueron las claves para que hoy "el maestrito" se sienta felíz por haber cumplido con varias tareas en su vida, educar, ayudar y por sobre todas las cosas amar su profesión y a los demás.
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16 de diciembre de 2017 | 16:29
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