Irízar: un gigante que añora regresar al mar

El 3 de septiembre de 2008 fue la última vez que se lo vio navegando . Casi herido de muerte, por un incendio desatado en sus entrañas el 10 de abril de 2007 , que consumió toda la sala de máquinas y lo dejó inutilizado, el rompehielos ARA "Almirante Irizar" entró a la Dársena Sur de Buenos Aires siendo remolcado y apenas escorado. Pocos se atrevían a decir,en ese momento, que el orgullo de la Armada Argentina iba a ser reparado y no terminaría desguazado en un astillero.

El 3 de septiembre de 2008 fue la última vez que se lo vio navegando . Casi herido de muerte, por un incendio desatado en sus entrañas el 10 de abril de 2007 , que consumió toda la sala de máquinas y lo dejó inutilizado, el rompehielos ARA "Almirante Irizar" entró a la Dársena Sur de Buenos Aires siendo remolcado y apenas escorado. Pocos se atrevían a decir,en ese momento, que el orgullo de la Armada Argentina iba a ser reparado y no terminaría desguazado en un astillero.

Después de 30 campañas antárticas, desafiando los más terribles climas gélidos, navegando las peligrosas aguas cercanas al Polo Sur el emblema del pabellón nacional para las 13 bases argentinas en el continente blanco, sin perder su gallardía, se preparaba para superar una cirugía mayor en la que se le iban a reparar las partes quemadas, se lo dotaría de la más moderna tecnología naviera y se diseñaría casi una nueva estructura interna para priorizar sus misiones científicas.

Todo en un lapso de casi cuatro años y una inversión de más de 320 millones de pesos, que significará su regreso a los mares a fines de este año o principios de 2012.

En una visita en exclusiva dentro del astillero Tandanor, lanacion.com visitó al querido coloso naranja, para ver cómo es reparado de aquel incendio desatado durante una noche de agonía que tomó de improvisto a los 240 tripulantes de la embarcación, cuando se encontraba a unos 260 kilómetros de la costa de Puerto Madryn.

Las llamas consumieron gran parte del buque insignia de las operaciones navales y científicas, incluyendo a sus dos helicópteros Sea King.

El daño fue grande y llegó a creerse que sería irrecuperable. Pero se decidió repararlo y cada vez falta menos para que el renovado Irízar vuelva al mar, con nuevas funciones y varias mejoras. "Era mucho más fácil hacer un barco nuevo", contó a lanacion.com Mario Fadel, presidente de Tandanor. "Pero no había manera de conseguir un barco nuevo en el corto plazo, y el presupuesto era mucho más caro que lo que finalmente se invirtió en la reparación", explicó.

Manos a la obra. Durante la recorrida por el astillero, la escena se torna impactante: 770 toneladas de hierro y chatarra extraídas del corazón del buque se amontonan en un rincón del astillero, para ser vendidas para su futura fundición y reutilización. Mientras tanto, en el interior del rompehielos el trabajo es incesante. Como un ejército de cirujanos y enfermeros, unas 400 personas, entre operarios, técnicos e ingenieros argentinos trabajan para volver a la vida a la mole de 121 metros de eslora, 25 de manga y 9 de calada.

Desde lo que queda de la cubierta superior se observan los restos ennegrecidos de la zona donde estaban los motores. La imponente estructura de 42 metros que se eleva desde la cubierta, contaba antes con sólo 40 metros cuadrados destinados a salas científicas o laboratorios. Con el nuevo diseño, esa capacidad se ampliará diez veces más, es decir, llegará a los 400 metros cuadrados.

Durante años, el Irízar, el único rompehielos de toda América del Sur, se convertía en una bendición para los habitantes de las bases antárticas argentinas y de otros países, ya que se encargaba de la logística, del reabastecimiento de materiales, alimentos y combustible, del relevo del personal científico y militar, y el traslado de basura al continente, asegurando así la conservación del medio ambiente antártico.

Pero la reparación y la modernización a la que está siendo sometido el buque, implicará un nuevo enfoque en sus misiones. No solamente se lo destinará a tareas logísticas para nuestras bases antárticas, sino que será acondicionado para llevar adelante investigaciones científicas duraderas, ya que se podrán acondicionar sus bodegas para ampliar hasta a 1000 metros cuadrados sus laboratorios.

Historia de un titán. Construido en 1977 en los astilleros Wärtsilä de Helsinki, en Finlandia, a pedido de la Argentina, el Irízar contará con motores alemanes totalmente nuevos que permitirá que tenga un 10 por ciento más de potencia, un sistema eléctrico renovado y tableros de navegación en el puente de mando con la última tecnología (el 75 por ciento de los insumos son importados), además de contar con más espacio para su tripulación: contará con 313 camas de las 270 que tenía.

Un dato clave enorgullece el sabio destino que permitió que no sea reemplazado. El buque científico y orgullo de los mares argentinos cuenta con epopeyas que muy pocos pueden ostentar. En el crudo invierno de 2002 rescató de una cárcel de hielo al barco alemán Magdalena Oldendorff en el mar de Wedell.

Después de los servicios prestados desde 2007 por el buque ruso Vasily Golovnin, el Almirante Irízar quiere volver a "estirar su piernas", alzar su imponente porte naranja y poner rumbo sur a volver a establecer contacto con las bases antárticas Esperanza, Jubany, San Martín, Primavera, Orcadas, Cámara, Petrel, Decepción, Melchior, Brown, Marambio y Matienzo y Belgrano II.
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20 de octubre de 2017 | 05:06
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