Testimonio de nuestro pasado

La doctora en arquitectura y Directora de Patrimonio de la provincia, Liliana Girini, y el periodista y divulgador de historia, Ariel Sevilla, dialogan sobre las maravillosas huellas que dejaron célebres y anónimos en el cementerio de la capital de Mendoza. Un paseo por el tiempo, donde el arte asume un gran protagonismo.

En épocas de revisionismo histórico, de un creciente interés de los lectores por adquirir textos que suman, ponen en valor o cuestionan datos hacia atrás en el tiempo, los investigadores se valen de muchas fuentes que atesoran silenciosas los acontecimientos de sus épocas. Los cementerios son como grandes e inusuales libros abiertos, llenos de íconos culturales que esperan estoicos que alguien los decodifique.

Habilitado por decreto gubernamental el 01 de agosto de 1846 y declarado “Patrimonio Cultural de la Ciudad” en 2003, en el Cementerio de la ciudad de Mendoza yacen gobernadores, próceres gloriosos y civiles anónimos, victimas de cataclismos, epidemias, así como renombrados bodegueros, fundadores de una industria que hoy nos representa en el mundo. Todos tienen su descanso eterno en el sector denominado “cementerio antiguo”, una verdadera necrópolis donde emergen esplendorosos monumentos, piezas arquitectónicas de admirable belleza, junto a tumbas y nichos de los sin nombre.

Liliana Girini
Arquitecta; Dra. en Arquitectura

Cargo Actual: Directora de Patrimonio Cultural de la Provincia; Directora del Instituto de Cultura Arquitectónica y Urbana de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad de Mendoza.

Diarios que lee: locales y nacionales.

Un lugar en el mundo: El Valle de Uco por la belleza e imponencia de sus paisajes vitivinícolas.


“Antes de 1822, fecha en que se habilita el cementerio de Argentina en Recoleta -primero en el país-, los muertos eran enterrados intramuros o sea dentro del pueblo mismo, especialmente en el interior de las iglesias con la característica que mientras más rango o posición social tenía el finado, más cerca se lo depositaba del altar, esta situación con el tiempo se volvió sanitariamente inválida, y hacia fines del siglo XVIII, con los nuevos ideales higienistas, los enterramientos fueron asumidos por el Estado como una problemática sanitaria y urbana, le dice la arquitecta Liliana Girini a Club House.

“En el año 1828, Mendoza era gobernada por los federales, un gobierno más tradicional que el liberal, fue una época de mucha mortandad de mujeres especialmente por el bocio y también de niños por distintas pestes. Apurados por ese contexto, sale la reglamentación para la creación de cementerios extramuros, pero es recién en 1829 cuando se crea el cementerio como decía el texto, en algún lugar donde existiese una capilla de considerable tamaño, o sea que nunca es del todo laico. Finalmente el lugar elegido es el Barrio de la Chimba (actual zona de Las Heras, en Avenida San Martín al 1.100), que en voz huarpe significa algo así como asentamiento humano o poblado junto a un curso de agua. Se cree podría responder a la proximidad del zanjón de Los Ciruelos o la presencia de muchas acequias”, comenta documentado Ariel Sevilla.

Pero el cementerio no se habilita hasta 1846, ¿qué pasa en todos esos años?

Liliana Girini:
Romper cualquier tradición no es fácil, imaginate cuando se trata de algo vinculado directamente con la identidad de las personas, su idiosincrasia, la cultura de la época. Además la construcción tampoco avanzó, porque la provincia se encontraba en medio de las batallas entre unitarios y federales con una fuerte crisis económica. Recién sucede en 1846 con un federal progresista como Pedro Pascual Segura, quien da el ultimátum para los entierros intramuros.

Ariel Sevilla: Se supone que ese cementerio nace laico, público y sin fueros para nadie. Solamente se determina el cuadro “1” para aquellos funcionarios -gobernadores y legisladores- que mueren en funciones. El primero que lo inaugura es el gobernador Cornelio Moyano, muere en el año 1859. Otro gobernador que muere en funciones es José Néstor Lencinas que tiene su propio mausoleo, pero también están otros como Dioclesio García que fue sepultado en un nicho común y corriente, debido a que en 1892 época de su deceso, el cementerio se quedó sin lugar en el sector donde predominaban las tumbas a tierra.

Ariel Sevilla
Periodista especializado en temas
vinculados a la historia y el patrimonio
cultural.

Cargo Actual: Jefe de noticias y editor de
diariouno.com.ar

Diarios que lee: Agencias de noticias
nacionales e internacionales, Diario UNO
(papel) y diarios electrónicos locales (Los
Andes y MDZol), nacionales (Infobae, El
Cronista, Perfil, Parlamentario.com) e
internacionales (BBC Mundo, El País).

Un lugar en el mundo: Lavalle. Tiene una
mística, un encanto, un embrujo... tan
especiales, casi vicerales ese secano es la
versión más aproximada a los tiempos previos a la llegada de los españoles. Eso me inspira y emociona.

Moradas eternas

El cementerio abordado por estos profesionales en sus investigaciones, es el denominado Cementerio Antiguo (ubicado al norte de la necrópolis), habilitado desde 1846 y completado en su capacidad en 1910, a partir de ese año se amplía al hoy denominado Cementerio Viejo (en torno al acceso principal) y más adelante se construye el Cementerio Nuevo (sobre la Avenida Mitre). Pero es el sector Antiguo, donde están los grandes tesoros patrimoniales desde el punto de vista arquitectónico. El Cementerio Antiguo, soportó grandes terremotos como el del 20 de marzo de 1861, la tierra se devoró muchas tumbas. Más tarde durante la intendencia de Luis Lagomaggiore (1884-1888) se limpia la ciudad vieja que todavía estaba llena de escombros.

¿Queda algún vestigio de la antigua capilla que allá por 1829, se suponía se ubicaba en la zona?

Ariel Sevilla:
En realidad lo que llamamos la capilla original no se encontraba en este predio, sino unos 100 metros al noroeste. Hay igualmente mucha documentación extraviada, pero la actual que se encuentra en el interior del cementerio capitalino, fue inaugurada un 2 de noviembre del 1900, hablamos entonces de unos de los pocos edificios centenarios de la provincia. Durante gran parte del siglo XX fue la parroquia del cementerio, luego a finales de los 70, se usó como depósito con el consecuente deterioro. En el 2005 la provincia accedió a fondos para restaurarlo y en plena tarea se vino abajo el cielo cielorraso, descubriéndose un mural pintado por Antonio Bergasmachi, un importante difusor de la plástica. Solo se recuperaron 5 metros cuadrados de lienzo.

Liliana Girini: Desde el punto de vista arquitectónico esta capilla centenaria responde a un estilo neomanierista italiano, un movimiento estilístico que comenzó en la segunda mitad del siglo XIX en la Argentina, inspirado en la arquitectura del siglo XVI de Italia y que se evidencia en la simetría, en el uso de órdenes clásicos, del frontón, en este caso curvo y de fuertes cornisas. Este momento de la historia de la arquitectura se lo conoce como “historicismo”, porque en él conviven distintos lenguajes del pasado como el gótico, el renacimiento, el barroco, el clasicismo francés, entre otros. Estos revivals los encontramos plasmados en los mausoleos y panteones de este sector del cementerio.

Ariel Sevilla: En lo simbólico, el acanto de los capiteles corintios alude a la protección contra la maldad, contra el demonio. Se supone a través de esta puerta no pueden pasar los malos espíritus, es un terreno sagrado.

Las obras de arte que se encuentran en este cementerio, hablan también de una elección arquitectónica, que se tomaba incluso desde antes de la muerte.

Liliana Girini:
Absolutamente. Los personajes más renombrados de la sociedad, competían por demostrar en vida, la fastuosidad de su última morada. Hay mensajes claros que se daban con algunos tipos de tumba, que eran incluso identificatorios de su filiación ideológica.

Ariel Sevilla: Es el caso de las “torres tumbas”, se las asocia mucho a los masones…. La masonería filosófica llega en 1857 a la Argentina y a Mendoza en 1870 con un italiano llamado Guido Benatti. La primera logia se llama “Joven Mendoza”, masones documentados tenemos a
Emilio Civit, Tiburcio Benegas, Agustín Álvarez.

Liliana Girini: Hay distintas tipologías de enterramientos. El mausoleo, donde se entierra a los miembros de una familia y sus descendientes, la tipología ha ido simplificándose con el  tiempo pero por lo general consiste en una cámara o subsuelo y un templete sobreelevado en un podio. Luego están los panteones, destinados al enterramiento de varias personas, utilizado a nivel institucional, por ejemplo, el Panteón de la Sociedad de Socorros Mutuos; o el Panteón Policial. Las tumbas son enterratorios en la tierra señalados por una lápida o una cruz. En tanto, los nichos son construcciones en varios niveles que albergan los ataúdes y por lo tanto son inaccesibles. También podemos señalar las torre-tumbas, que tienen sobre la sepultura un basamento generalmente escalonado con una columna, obelisco o pirámide como coronamiento.

Ariel Sevilla: Muchísimos masones por ejemplo se identifican en sus tumbas con la famosa escuadra y el compás. La simbología masónica, la arquitectura masónica por su historia vinculada al Rey Hiram de Tiro, que fue el constructor del Rey Salomón, se lo considera en su relato mítico como el fundador de la masonería. Toda su arquitectura o parte de su arquitectura responde a tipologías o a tipos de elementos egipcios.

¿Qué materiales predominan en las tumbas, que se han conservado con el tiempo?

Liliana Girini:
Las piedras naturales granito o mármol, tienen mayor dureza y durabilidad en el tiempo. En cambio un material como la “piedra París” o un simple revoque, presentan un envejecimiento más prematuro.

Como conclusión, ¿que aspectos revela un cementerio sobre las huellas de nuestra sociedad?

Ariel Sevilla:
Este cementerio tiene una característica, es el único de la República Argentina donde se encuentran los nombres señeros de la industria vitivinícola del país. Benegas, Orfila, Toso, Giol, Gargantini, Arizu, Escorihuela, tiene su propia identidad.

Liliana Girini: Al igual que la ciudad de los vivos, el cementerio, nos permite recuperar los lazos con nuestra propia historia. La forma y materialidad de las sepulturas nos hablan de nuestro devenir histórico, político, social y económico, reflejando en su conjunto las aspiraciones y los ideales de nuestra sociedad a través del tiempo. De esta manera, el cementerio se convierte en un referente activo de la memoria e identidad colectiva.

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